Las historias de terror que rodean la Semana Santa en el Caribe
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David Bustamante se levanto y vio un rostro demoníaco que le habló | Cortesía

Las historias de terror que rodean la Semana Santa en el Caribe

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Álvaro Palacio
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En Semana Santa existen varios mitos como no bañarse un Viernes Santo porque el agua se convertiría en sangre, no comer carne, no ir al monte o tener relacio­nes sexuales, entre otros.

Ha comenzado la Semana San­ta, temporada de reflexión y ritualismo católico que con sus símbolos representati­vos en misas y procesiones adentran a los feligreses a un pro­fundo ambiente de meditación es­piritual para mejorar sus acciones.

Sin embargo, desde el pasado he­mos crecido con advertencias ate­morizantes de no hacer ciertas co­sas en esta sagrada semana porque nos pasarían sucesos escalofriantes en los que las experiencias son ate­rradoras, castigando así a aquellos incrédulos que sienten escepticis­mo por estos días.

En la región Caribe existen his­torias clásicas paranormales acon­tecidas en Semana Santa que son joyas de nuestra tradición oral, las cuales han sido contadas desde la década de los 50 por nuestros ancestros, quienes relataban de per­sonas que deshonraron la Semana Mayor y vivieron experiencias in­fartantes; por ejemplo: ver el agua convertida en sangre, también ver cómo se abría la tierra para tragár­selos y otros castigos del mundo es­piritual. Hoy en nuestros Archivos X conoceremos estas historias an­tiguas y algunas más recientes que dejarán sin aliento a muchos.

CASTIGOS DEL MÁS ALLÁ

Castigos místicos predicados en Semana Santa como no bañarse un Viernes Santo porque el agua se convertiría en sangre o no comer carne, ni ir al monte o tener relacio­nes sexuales, son escuchados por las personas incrédulas como solo mitos. Sin embargo, son varios los testimonios que se han registrado en este sentido. Uno popular es el de Jesid Herrera, quien afirma que un Sábado Santo del 2008, el agua se le convirtió en sangre mientras se duchaba. Lo anterior pone a pen­sar sobre estas situaciones y si real­mente son simples mitos o castigos que vienen del más allá. Algunos histo­riadores religiosos cuentan que estas leyendas fueron creadas por la santa inquisición en el Medievo para gene­rar terror y respeto frente a estos días.

¡ELENITA FUE TRAGADA POR LA TIERRA!

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“¡Elenita fue tragada por la tierra!”, era una frase amenazante muy utili­zada por las madres en Semana San­ta para asustar a los niños groseros, haciendo referencia a la historia de Elenita, una niña que un Martes San­to le dijo vulgaridades a su progenito­ra porque esta le advirtió que saltara por encima del sahumerio con que es­taba purificando el patio de su casa en El Carmen de Bolívar. Tras comenzar a insultar a su mamá, la tierra tembló y se rasgó, tragándosela hasta sus ca­deras, y en medio de su llanto comen­zó a pedir perdón, hasta que su cuer­po desapareció por completo. Esta es una leyenda que aún resuena en los municipios de la costa y que se aviva para esta temporada.

‘NO CREO EN EL DIABLO’

Una historia actual sobre el casti­go por no creer en la Semana Santa, es la confesada por David Bustaman­te, quien cuenta que un Jueves Santo estaba tomado cervezas con sus ami­gos en una tienda del barrio Galán, cuando de repente tocaron el tema del diablo. “Yo les dije que no creía en esas pendejadas, de hecho quisie­ra que se me apareciera para quitarle el trinche”, cuenta David sobre esta experiencia y agrega que el tendero lo regañó por ser escéptico.

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Posteriormente se fue a acostar junto a su hermana de 8 años y a eso de las 3 de la madrugada la menor lo llamó para que la acompañar al ba­ño porque tenía miedo, David se eno­jó y se golpeó con la cabecera de la cama. “De repente vi al quitarme la sabana que mi hermana seguía dor­mida y me dije quién carajos me está llamando entonces. Pronto escuché una voz que me dijo ‘¡Mírame acaso el diablo no existe!’ y vi un rostro de­moniaco”, Bustamante cuenta que gritó y sus padres perdieron la luces y no vieron nada, aunque en el cuarto quedó un fuerte olor a azufre. Lloran­do del miedo se arrepintió de haber bebido y de haber invocado al diablo en estos días. 

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