Así es la historia de los champeteros que dejaron el “vacile” para cantarle a Dios
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La mayoría de los champeteros consultados por AL DÍA aseguraron que no se arrepienten de los éxitos que pegaron y que aún los escuchan | Foto: Al Día
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Jonathan Díaz Cárdenas

Así es la historia de los champeteros que dejaron el “vacile” para cantarle a Dios

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Cinco pioneros de la champeta cuentan el testimonio de vida y su transformación espiritual.

Empuña una biblia en la mano izquierda y canta: Para Dios no hay nada imposible. Esta es una alabanza de autoría, a ritmo de champeta, del cantante palenquero Hernando Hernández, quien se hizo popular en la década de los 90 con éxitos como La mala hierba, La viuda del pescao y Las mujeres.

 

Hoy asegura que solo le canta a Dios, y que atrás quedaron los ‘repiques’ y dichos populares que impuso con esta pegajosa música arraigada en la región Caribe. En su casa, situada en la carrera 1F No. 90-16, barrio Santa María, en el suroccidente de Barranquilla; este artista popular, uno de los más sonados en las verbenas, ahora solo compone música dedicada a Jesucristo, a quien sigue fielmente desde 2007 en la Iglesia Cristiana Cuadrangular Arcas de Salvación.

“Desde 1999 tenía una deuda con mi señor, ya que ese año le pedí que si me concedía el primer lugar en el cuarto Festival de Champeta Criolla en Cartagena, le dedicaría mis éxitos a él, pero no le cumplí y sentía que mi espíritu divagaba, hasta que llegó el momento de seguir sus pasos y me convertí en predicador de su obra en la tierra”, explica Hernández.

Además de Hernando Hernández, hay otros pioneros de la champeta que tras disfrutar de las mieles de la fama no la supieron manejar, y cayeron en el alcoholismo, la drogadicción y la promiscuidad. Estos reyes de las verbenas contaron a Al DÍA las razones por las cuales decidieron darle un giro a su vida a través de la religión evangélica.

“Dios nos curó de la sífilis”

Uno de los testimonios más fuertes lo entregó Milton Torres Reyes, conocido en el mundo artístico como Papo Man, quien pegó temas como Los comentarios, La monita retrechera y La diosa.  Dice que adquirió una enfermedad de transmisión sexual en 2006, y por eso decidió entregar su vida a Dios.

“Con la fama me convertí en alcohólico y mujeriego, me acosté con decenas de mujeres que hoy ni recuerdo. En medio de la gestación de mi segunda hija, Blankis Johanys, los médicos descubrieron que mi esposa estaba contagiada de sífilis, enfermedad que yo le transmití. Nos recomendaron el aborto, porque la criatura vendría contagiada o con alguna malformación. Sin embargo, yo no acepté yle pedí a Dios que si mi hija nacía sana, yo me dedicaría a cantarle y adorarle. Gracias a su gloria mi hija hoy, a sus 9 años está limpia, al igual que mi mujer y yo; por eso le canto con gusto a mi salvador”, explicó este hombre de 36 años, oriundo de Arboletes (Antioquia).

Ahora Papo Man crea discos pegajosos entre los miembros de su religión como La cristomicina y Volver a empezar, con los que, a su juicio, entrega un mensaje edificador y no de derroche y vacile. “Esta nueva faceta me ha traído muchas discordias, fueron años difíciles porque yo soy un hombre que le gusta mucho confirmarle a Dios y me costó nueve años poder cantarle. Quiero seguir firme aquí en su camino, porque sin cristo no hay vida, todos debemos encontrar letras que llenen al mundo para vivir mejor”.

"Llegué a comer en los basureros"

El intérprete de Las siete niñas, Carlos Javier Paternina, conocido como 'El Chabacán', afirmó que con la fama conoció la droga y alcanzó a tocar fondo en Barranquilla.

“Lo único que me faltó fue recoger cartón, porque llegué a comer en los basureros. Consumí toda clase de drogas, hasta que sentí que me iba a morir,y en 2007 desafíe al Señor en medio de una mezcla de licor y drogas, y le pedí que si cambiaba mi vida me refugiaría en él para siempre. Desde ese instante sentí la necesidad de componerle y cantarle”, declaró el Chabacán, quien trabaja en su natal Marialabaja (Bolívar) en la producción del segundo volumen de su álbum Pacto con Dios.

El también cantante de El gay cachón señala que hoy vive agradecido con Dios, yque atrás dejó la fama con el único objetivo de agradarle a Cristo. “Ahora vivo mejor, quizás ya no me ganó los cinco millones que obtenía en un concierto, pero soy feliz porque estoy alejado de los vicios y lleno de amor con mi familia”.

Otro que asegura haber tocado fondo en el alcoholismo es el cartagenero Leandro Barón Utria, conocido como El Encanto, cuya fama comenzó en 1999 de la mano de canciones como Da que te vienen dando, Alza el vuelo, Dame tu perdón, entre otros 30 hits que interpretó y otros 60 que le escribió a El Afinaito, Álvaro El Bárbaro y Mr. Black.

“Fui número uno durante seis años y eso me enloqueció, a tal punto que mis amigos ya no me llamaban El Encanto, sino El Estanco, me convertí en alcohólico. Decidí buscar de Dios para dejar mi vida desordenada, porque ganaba mucho dinero, pero lo malgastaba, no tenía un techo propio y me sentía vacío. Así que un amigo me llevó a su iglesia y me enamoré de la música que allí hacían, porque tenía mensajes edificadores y todos le cantaban a un hombre. Así que quise seguir a Jesucristo y hoy mi vida se mueve a su ritmo, a sus repiques y mensajes”.

Leandro Barón quedó encantado con Jesucristo y por eso duró los últimos siete años ha dedicado su música al cristianismo. “Ya tengo tres producciones Llegaste a mí, Es por ti y en este mes voy a lanzar Mi ordenador. La música que hago ahora es basada en la adoración, ya las canciones no tienen ese repique, sino que son más suave, porque quiero que sea bien recibi da en todas partes”.

Sobre este último aspecto El Encanto hace un reclamo a los directores de los diferentes concursos dedicados a exaltar la labor de los artistas nacionales y señala. “Hay muchos artistas haciendo buena música cristiana, especialmente champeta. y merecemos un reconocimiento. Por ejemplo, nos gustaría que en los Premios Luna, que es el de nuestra región, existiera una categoría denominada Champeta Cristiana, ya que estamos realizando buena lírica y a la vez exploramos nuevos ritmos dentro de lo que en un inicio fue concebido como champeta criolla”.

Se mantienen de la caridad

Michel Martínez Anaya, quien fue criado en la isla de Tierra Bomba (Bolívar), autor de éxitos champeteros como La rajita, Suerte y muerte y La cebollita, estas dos últimas a dúo con Lilibeth, es cristiano hace cinco años ydesde su nueva religión asegura que no es fácil mantenerse económicamente como cantante, pero su fe lo ayuda a seguir firme. “Me han llamado para hacer conciertos y grabaciones con mi antigua música y eso es tentador porque se gana bien, hasta unos seis millones y uno a veces anda con el bolsillo limpio, pero me aferro a Cristo y él me fortalece y hace que me lleguen las ayudas para mantenerme en su morada”.

Ya son tres las producciones cristiana que ha grabado Michel, Un pueblo fuerte en Cristo, Con Cristo es Mejor y ¡Que viva el amor de Dios!, las cuales son frutos de una promesa que este cantante le hizo a Dios. “Cuando quería ser cantante yo hice un voto con el señor y le dije que si mis canciones eran famosas yo a los 30 años me convertía para cantarle. Tuve muchos problemas, las bandas en Cartagena empezaron a extorsionar y fui víctima de ellos, así que me aferré aún más a Cristo y tuve la valentía de aceptarlo en mi corazón. Dejé a un lado la fama, la popularidad y me dediqué únicamente a él y después de cinco años aquí estoy contando el testimonio”

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