El hijo del reconocido compositor vallenato que se dedica a coleccionar música Metal
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Por su pasión por el Heavy Metal, Juan Carlos lleva 22 años coleccionando esta música. | AL DÍA

El hijo del reconocido compositor vallenato que se dedica a coleccionar música Metal

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Óscar López Lobo
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Juan Carlos Celedón dice que el idioma del metal es como el fútbol, universal.

En Barranquilla es común conocer o tener un pariente que sea melómano. También abundan los coleccionistas, de salsa especialmente. Igualmente de rock, ¿y de metal? Por supuesto, y que provenga de una familia de músicos vallenatos, también. Es el resultado del sincretismo musical que en esta esquina macondiana permite las combinaciones que a muchos, podría sonarles extraño.

Juan Carlos Celedón Medina mide cada palabra, sus respuestas no tienen atisbos de dudas. Si el fútbol tiene un lenguaje universal, la música también, es cuestión de sentirla, y el metal como hijo del rock y nieto del blues es tan universal, visceral y popular como el vallenato, afirma. Esta simbiosis aunque suene incomprensible no lo es ya que comparten las mismas esencias, deambulan entre versos poéticos, parte de la filosofía popular y magnetiza corazones ávidos de buena música.

Su padre, de Villanueva (La Guajira), es uno de los cantautores vallenatos más representativos: Daniel Celedón Orsini, tío y padrino musical de una de las estrellas de la nueva ola vallenata, Jorge Celedón.

En los 60, antes de incursionar con éxito en el vallenato, Daniel Celedón tuvo un grupo de rock: Los Rockelines, con figuras vallenatas como Beto Murgas y Poncho Cotes Jr, e interpretaban temas de los Beatles y los Rolling Stones para culminar sus presentaciones con vallenatos.

EL INICIO

Su aventura en el metal empezó con uno de los subgéneros del rock, el grunge, liderados por la banda del fallecido Kurt Cobain, quien se apoderó del mundo musical con su álbum más famoso Nevermind. Al mismo tiempo crecía su otra pasión, el Junior. Llenaba libretas escolares con recortes de prensa sobre el Tiburón. Al igual que camisetas rojiblancas de diferentes épocas.

-El idioma del metal es como el fútbol, universal-, señala. -Nevermind de Nirvana fue mi primer cd, lo compreé en 1994 como homenaje a un casete que tuve en el 92. Grabado en la emisora Radioactiva. Le pagaba a un amigo $500 para que me grabara a Iron Maiden, Megadeth, entre otras, que le traían del exterior. Pero mi primer cd de metal fue el álbum Metallica-, recuerda Celedón.

Su primera colección, entre 1994 a 1998, aunque no pasaba de 120 piezas, fue la más especial. Aún adolescente y sin recursos económicos, aumentaba su colección con los regalos de amigos, o listas que le daba a su papá cuando iba de gira por Europa, o a algún amigo que viajara a Estados Unidos. Esa colección fue robada por delincuentes que asaltaron su casa.

PASIÓN Y ADICCIÓN

Esa terrible pérdida no lo detuvo, lleva 22 años coleccionando metal.

Ernesto De la Hoz es otro coleccionista de metal de la ciudad, residente en Simón Bolívar, para él ser coleccionista es una adicción y una pasión eterna:

-Antes era muy complicado cuando inicié en una ciudad que no era para metaleros, lo que creo nos hace mejores que los del interior, pues nos costó mucho más conseguir lo que tenemos.Con el internet se facilitó todo, mi colección no es mucha porque prefiero calidad que cantidad-, manifiesta Ernesto.

VALLENATO O HAMBRE

Juan Carlos Celedón decidió ir a España a probar suerte como albañil o mesero. Pero una vez que el hambre apremiaba y los bolsillos estaban vacíos, agarró su guitarra y empezó a cantar en las calles, parques, y plazas.

-Fue una época dura, sin trabajo y sin con que comer. Me puse a cantar boleros, música española, baladas, rancheras lo que fuera. La gente me pedía La gota fría que ya era famosa por Carlos Vives-, relata Juan.

Una vez el dueño de una discoteca lo invitó a presentarse en su local. El éxito que tuvo le abrió las puertas de otros sitios nocturnos. Cantaba El cantor de Fonseca, La Piragua y canciones de su padre como Mujer marchita o La lavandera, entre otros.

Su versatilidad musical la combinaba con una banda de Death metal, pero ese doble esfuerzo de la voz lo afectó, y tuvo que dejar la agrupación «clandestina». Para Celedón esa versatilidad con el vallenato y el metal se debe a que ambos géneros son populares, poseen la misma mezcla entre África y Europa, y especialmente son viscerales, se cantan desde el alma.

EN LA MÚSICA

Ha colaborado con su voz haciendo coros para producciones de su padre Daniel Celedón y de su primo Jorge. Pero como esa simbiosis musical palpita desde sus vísceras, hoy hace parte de una de las bandas de Heavy metal activas más antiguas de la ciudad: Tachuela.

-Me llamaron de vocalista, siempre fui cercano a ellos pero nunca nos habíamos reunido. Luego de varios ensayos y ver el nivel su profesional decidimos unirnos-, explica Juan Carlos. 

También hizo parte, con uno de los primeros comercializadores de metal de la ciudad entre los 80 y 90, Alberto ‹El Tremol› Ripol; de la banda de Death metal Neurofribomatosis. Luego con Eduardo Urquijo y Carlos Arroyo, amigos de infancia, formaron Abomination llamado luego Attack.

Por amor al metal reactivó el sello discográfico que creó su padre en 1998, Veterans Records, para producirles a bandas locales y nacionales. Lleva ocho y una banda de Gales, en el Reino Unido. Aporte filantrópico para que especialmente los músicos locales perduren con su legado musical en el tiempo. 

 

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