“El Jairo Varela que yo conocí”, el pianista Álvaro Cabarcas recuerda al fundador del Grupo Niche
El titulo es:“El Jairo Varela que yo conocí”, el pianista Álvaro Cabarcas recuerda al fundador del Grupo Niche
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Ocho años duró Álvaro Cabarcas en Grupo Niche. Aquí se le observa en el piano, mientras Varela y Tito Gómez cantan. | Archivo
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Álvaro Cabarcas Charris

“El Jairo Varela que yo conocí”, el pianista Álvaro Cabarcas recuerda al fundador del Grupo Niche

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“Pelusa”, como solían decirle, habla sobre sus experiencias con el maestro.

Jairo Varela detestaba la impuntualidad, o que no llegáramos con el tema aprendido a un estudio o a una presentación. Tampoco le gustaba ver a sus músicos borrachos o drogados. Él se había recuperado de la marihuana en Hogares Crea de Barranquilla, y detestaba las drogas. Tampoco le gustaba que sus músicos tocaran en tarima con otra banda, o que bebieran con el uniforme. El que violaba estas reglas no se presentaba en público. Llegué a conocerlo muy bien, compartimos muchas cosas, me abrió su corazón más de una vez. No lloraba delante de nadie, pero lo vi llorar en la cárcel. Eso lo marcó, jamás volvió a ser el mismo. Lloró en la muerte de su madre porque no pudo ir a despedirla, le negaron el permiso. Creo que la justicia se equivocó con Jairo, nunca le probaron nada.

Era introvertido, tímido, solitario, gruñón, hermético con sus cosas personales. Comía cosas sencillas, comida casera, sin gustos refinados sobre platos. Era descuidado con las horas de las comidas, y por ello tuvimos algunas polémicas, porque creía que yo era igual y me ponía a pasar hambre.

No ingería licor frecuentemente, cuando lo hacía prefería whisky o coñac. Les gustaban los vestidos caros. Nos exigió a todos que estuviéramos bien vestidos. Su gusto por los trajes Italianos era fuerte, y compraba muchos, aunque tenía pésimo gusto para combinar zapatos y camisas. Un día le comenté que era gran compositor y productor, pero que el gusto para vestir le había sido negado. Casi me pega.

Álvaro Cabarcas es un destacado pianista, arreglista, productor y director musical barranquillero, que durante ocho años (1987-1995) fue director del Grupo Niche. Compartió al lado del maestro Jairo Varela grandes momentos profesionales y personales.

Jairo amaba a Barranquilla, decía que el Caribe se definía en Barranquilla. Como le gustaba vestir de lino y camisa fresca, afirmaba que solo aquí podía hacerlo. Destacaba lo que él llamaba la chispa y personalidad de los barranquilleros. Sostenía que el Caribe era otro país. Meses antes de morir, en la sala de su casa en Cali, me dijo. “Quiero ir contigo a Barranquilla a escoger un apartamento con vista al mar”. Quería vivir sus últimos años aquí.

‘Pelusa’ asegura que Jairo Varela fue un tipo transparente y que la justicia colombiana se equivocó con él.

Recuerdo que en 1988 vinimos a tocar con Niche al Carnaval, y actuamos también en verbenas populares. ‘Pipe’, un amigo de infancia de mi barrio, Cevillar, hizo una fiesta de vecinos y llevó a Niche. Fue algo bravo que a Jairo le gustó mucho, porque la gente le demostró lo mucho que lo admiraba. Ese año la agrupación ganó Congo de Oro.

Cuando Niche se consagra internacionalmente Jairo tomó las cosas con humildad, pero aprovechaba el éxito para cobrar bien. Decía: “Venimos de ganar tal o cual festival en Francia o Nueva York”. No había internet, ni redes sociales, pero teníamos un jefe de prensa y mánager como Álvaro Gómez, que sabía canalizar nuestros logros en los medios.

Esta foto fue tomada en Barranquilla mientras Jairo Varela (izquierda) y Álvaro Cabarcas paseaban acompañados de una de las hijas de ‘Pelusa’ (Diana Marcela).

Jairo decía que en Colombia había pocos soneros, que ese era el gran problema de nuestra salsa, pues contados cantaban bien. Una vez me dijo:“Te diré algo que no discuto con mucha gente porque no entienden, pero las mejores voces de Colombia están en la Costa, en la zona de Valledupar. Esa gente canta con el corazón, y eso es lo que no han entendido muchos cantantes colombianos. Admiro esa forma, esa pasión con que cantan los vallenatos”. Años después se refirió así a Jorgito Celedón. “Ese tipo puede cantar lo que sea, que lo que cante estará bien cantado, qué feeling tan bravo tiene ese muchacho”.

Un momento muy duro para él fue diciembre de 1987, cuando se rompió el grupo antes de la Feria de Cali. Me pi dió que lo reorganizara. Lo ayudé y vio en mí un aliado, así que me dio participación en la toma de decisiones, en los arreglos musicales y le atiné con éxitos como: Nuestro sueño, Cómo podré disimular, El amor vendrá, Las mujeres están de moda. No fue egoísta y me enseñó mucho de producción.

En los 8 años que estuve en Niche lo que más disfruté del maestro fue su musicalidad, era un músico empírico, no sabía nada de armonía, no tenía academia, era callejero; pero tenía esquina, eso que le falta a la salsa de hoy. Sus mambos eran melódicos, pegajosos, con mucha creatividad. De él aprendí que la salsa jamás debe perder la alegría. Él siguió la línea musical de Bobby Rodríguez y la Compañía, una banda de New York que tenía un sonido muy particular. Si escuchan los primeros discos de Niche detectan eso. De ahí partió el estilo que luego fue puliendo. Escuchaba a Chicago, una banda de rock, y en lo clásico gustaba de Mozart. Tenía un compositor preferido, el argentino Alberto Cortez, un día le pregunté ¿cuál es la canción que te hubiera gustado escribir? En un rincón del alma, de Alberto Cortez, respondió.

Era también abierto a las propuestas, sabía escuchar. En 1988 cuando grabamos el LP Tapando el hueco, le dije que ya teníamos un público conquistado, pero que debíamos meternos con los jóvenes, con la salsa romántica que se abría paso. En la noche me llamó al hotel para decirme que tenía un tema escrito hacía 15 años a su primera esposa. Con voz ronca lo tarareó: “Estoy viviendo un Sueño, me siento único dueño del amor....Una Mirada Bastó...”. Así nació Nuestro Sueño.

No perder la clave, asegura ‘Pelusa’ (al fondo), era una de los aspectos que más obsesionaba a Varela (izquierda).

Generalmente escribía las canciones en los aviones, hoteles, baños, restaurantes. Siempre andaba con papeles y servilletas en los bolsillos. Me cantaba los temas, nos sentábamos frente al piano y hacíamos la maqueta armónica de las canciones. Le insistía en hacer los temas como si fueran baladas, de ahí partíamos. Luego Jairo aportaba ideas sobre un mambo. A veces se obstinaba con una frase que estaba fuera de clave, y era muy exigente con la parte rítmica.

La conga era su columna vertebral, en la parte vocal le exigía mucho a sus cantantes, los hacia llorar. Sin embargo, tenía un gran corazón, por eso Ana Mile está grabada con ese feeling. Creo que los hacía cantar como él quería. Una anécdota se dio una vez en Nueva Jersey, cuando juntos caminábamos cerca de un cementerio a eso de las 2 de la mañana. Era otoño y hacía frío, el sitio lucía tétrico. En la puerta del cementerio estaba un tipo flaco, alto, vestido con una gabardina y un sombrero. Jairo me dijo: “Oye Pelu, ¿a ese tipo no le dará miedo estar allí con tantos muertos?”. Como sabía que él le temía a los muertos, le jugué una broma. “¿Cuál tipo Jairo? Yo no veo a nadie ahí”. Me miró y salió corriendo. Después nos reímos de la vaina.

El pasado 8 de agosto se cumplieron cuatro años del fallecimiento del Maestro Jairo Varela Martínez, fundador y director de Grupo Niche. En su honor publicamos esta nota escrita por su amigo Álvaro Cabarcas Charris, ‘Pelusa’. 

Fui una de las personas que lo vio en sus últimas horas de vida. Yo había cambiado mi carro por esos días y él también. Llegó a mi casa para mostrármelo, era un Hyundai sedán. Ese día me repitió lo del apartamento que quería en Barranquilla y me pidió que fijara fecha para viajar y escogerlo bien. También me habló de su novela, y quería que nos reuniéramos para grabar un par de canciones producidas por los dos para Niche. Eso no lo alcanzamos a hacer porque se nos fue muy pronto.

 

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