ESPECIAL | La máquina de escribir no pasa de moda en la era digital
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Adalberto Pérez es uno de los trabajadores más antiguos escribiendo a máquina en las afueras de la Dian.
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Redacción ALDIA

ESPECIAL | La máquina de escribir no pasa de moda en la era digital

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Son reconocidas por su antigüedad, pero su utilidad sigue intacta en esta época de la tecnología.

E n la era digital las máquinas siguen siendo un medio de escritura que se resiste a desaparecer. 

Hoy cualquiera puede escribir y manejar con mucha facilidad un computador, un portátil, tablet o celular, pero conservar la destreza de la mecanografía en estos tiempos es todo un arte, ello a pesar  de que nunca se hicieron de bolsillo. 

Aunque algunos la consideran un aparato arcaico y poco utilizable, cuando no hay energía ellas salvan la patria. 

Llegar a interrumpir el trabajo de los hombres que se dedican a este oficio no es fácil, pues si están escribiendo pierden la concentración, lo que puede costarles una hoja entera y un trabajo minucioso. El sonido constante de las teclas indica  la agilidad que tienen para no demorarse. 

Hablan los expertos en el arte 

Juan Bautista Martínez Ricardo lleva 25 años escribiendo a máquina en el Centro de Sincelejo. Aprendió este talento, que se lo heredó a su padre que era contador público, a los 16 años. “Yo veía a mi papá escribiendo y haciendo trabajos, por eso me interesé en lo mismo. También soy contador, pero no tengo la tarjeta profesional”.

Cree que no es tan fácil que la gente se interese por escribir a máquina porque ahora la tecnología es puro computadores. “Es cierto que uno pocas veces se equivoca, pero sucede cuando uno está concentrado, llega la gente a preguntar mire Juancho tal cosa y uno pierde el hilo. Aunque borrar en un aparato electrónico no es lo mismo que en la máquina también se puede corregir, ya que hay un borrador especial para ello”, agregó.

Su primer lugar de trabajo fue las afueras de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian), en la calle 23 entre carreras 18 y 19 en Sincelejo, luego se trasladó a la Oficina de Instrumentos Públicos, donde ya tiene su clientela. 

Lo que más elabora son declaraciones de renta, balances, certificado de ingreso firmado por contadores, contratos de compraventa, contratos  de arriendo, escritos para una EPS y derechos de petición, entre otros documentos.

Considera que las personas aún utilizan las máquinas de escribir porque son un medio que nunca se acaba. Dijo que ahora está un poquito pesadito, pero cuando empieza la era de la declaración de renta, en agosto, se incrementan sus ingresos. 

Una compraventa puede costar 6.000 pesos y un balance 20 mil pesos. El documento más barato es el de solicitud de retiro de un servicio que cuesta 3 mil pesos. 

Jorge Luis Martínez Ramos lleva 36 años como gestor tributario y también guarda en su gen la destreza que su papá tenía con las máquinas de escribir. Además que durante su bachillerato recibió clases de mecanografía.

Sobrevive con su trabajo

Contó que no solo es saber escribir, sino conocer términos de contaduría para guiar a las personas. Para él equivocarse tiene solución, ya que hay un borrador especial para reparar el daño. “La tecnología no ha acabado con nuestro trabajo, por el contrario lo ha incrementado y facilitado, por eso aún sobrevivimos”.

Asegura que se ha visto en la necesidad de actualizarse, pues muchos de los formatos que hoy exigen las empresas deben bajarlos de internet, sin embargo, el 50 por ciento del esqueleto de la información lo tienen que hacer desde las máquinas. “Antes uno demoraba más,  debido a que había que hacer todo el formato, pero con la experiencia y los formatos ya realizados se demora uno menos tiempo”. 
Para Jorge Luis no hay día malo en su trabajo. 

Salva la patria

Alfonso Emiro De Hoyos Ortega tiene 17 años de estar en esta labor, pues antes se dedicaba a llevar libros de contabilidad, es decir, que lleva 37 años en temas tributarios.

Sus primeros pinitos en la escritura a máquina se deben a que hizo 6 semestres de lo que según él, antes llamaban comercio. Allí afianzó sus conocimientos en mecanografía y contabilidad. 

A quienes le surge la duda de cómo funciona la máquina, la respuesta de Alfonso es simple, ya que dice que el aparato es un computador manual, pues todo se hace a mano, mientras que en el computador con un click se soluciona todo. 

Aclaró que ambos elementos cuentan con las mismas herramientas para la escritura como lo es la barra espaciadora, la tecla de mayúscula y minúscula, los márgenes, el retroceso, barra para papel, los espacios, rodillo, tapa, cinta.

Asegura que una hoja se puede recuperar siempre y cuando la equivocación sea por una letra o una sílaba, porque una frase mal escrita daña todo el trabajo. 

Una de las anécdotas que más recuerda estando en su puesto de trabajo es que los niños le preguntan a los papás que si las máquinas son un computador, tanto que se burlan cuando los ven escribiendo. 

Para que cualquiera se pueda sentar a escribir frente a una máquina primero debe aprender la ubicación de las teclas.

Este oficio que se remonta a la antigüedad es el que le ha dado el sustento para su hogar tanto que con este le ha pagado los estudios a sus hijos.

Aún con toda la tecnología y la revolución digital, las empresas se sirven de las máquinas porque cuando no hay energía tienen que recurrir a ellas debido a que en ocasiones necesitan enviar un documento con urgencia como las letras de cambio y los pagarés. 

La cinta de la máquina generalmente dura uno o dos meses, pero depende de la cantidad trabajo. 

Adalberto Pérez lleva 37 años tirando teclas. Refiere que es exalumno del Sena, donde aprendió mecanografía, asesoría tributaria y contabilidad.

Los primeros pasos dijo que los hizo tirando lápiz. Hoy cuenta con 4 máquinas.

Puntualizó que como punto particular donde se congregan varias personas para escribir a máquina es en la Dian, y se debe a que muchos contadores decidieron poner oficinas allí cerca y conseguir sus herramientas para laboral.

Pérez agregó que en ese sitio empezaron tres personas: Adán Martínez, Camilo Medina Sánchez y él. Como aprendiz dañó varias hojas, pues le cerraban los ojos y tenía que escribir 60 palabras por minutos, ahora puede escribir todo un pliego con los ojos cerrados, refirió entre risas 

Ellos trabajan de lunes a sábado de 8:00 a.m a 5:30 de la tarde.  

El primer intento registrado de producir una máquina de escribir fue en 1714. 

Con información de Lina Peña. 

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