La sensualidad en los espectáculos deportivos
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La disciplina de los clavados femeninos es una de las más admiradas. | Al Día
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Redacción ALDIA

La sensualidad en los espectáculos deportivos

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Juegos Centroamericanos son un derroche de belleza y elasticidad muscular.

Este 2018 es uno de los años más deportivos de la decada. Primero fue el Mundial, ahora los Juegos Centroamericanos que se viven en Barranquilla. El perfume del deporte se respira por todos los rincones del Caribe.

Campeonatos, justas gimnasticas y esforzados atletas circulan por doquier en la Arenosa y otras sedes alternas. En todos los lados las piruetas lúdicas emocionan a los espectadores, que ven a los jóvenes deportistas reeditar (en plenas adultez) los juegos de su infancia desarrollando al máximo su musculatura y sus energías corporales, las cuales son mostradas de manera visualmente directa en los atiborrados escenarios.

‘PERFIL’ DEL DEPORTISTA DE AYER Y DE HOY

En épocas anteriores solo se le prestaba atención al talento del deportista, sin importar otros aspectos que ahora sí se le dan relevancia significativa tales como: presentación personal, calidad de vida familiar y social, uso del tiempo libre en cuanto a consumo de alcohol, malas andanzas, etc.

Eso conllevaba a ver jugadores no integrales con alto desempeño en las competencias deportivas, por lo que se les perdonaba su vida desordenada y licenciosa. Ahora se exige que el atleta de cualquier disciplina tenga unas características físicas (estatura, contextura), psicológicas (intelectuales), afectivas (control emocional, buena comunicación); de convivencia (baja conflictividad, sana costumbres), valores éticos, adecuada estructura de vida familiar (hogar estable, responsabilidad, una sola pareja), y social (no pertenecer a grupos con conducta desadaptada).

Confirmadas estas premisas, los especialistas de la psicología deportiva han llegado al consenso de que en las competiciones atléticas de gran magnitud (como las de un Mundial de Futbol o en las Olimpiadas), el juego pierde la característica de ser una cándida e ingenua actividad propia de la niñez, y pasa a tomarse como algo absolutamente serio que atañe al mundo trascendental de los adultos.

En las ciudades organizadoras de esos eventos, los adultos se apoderan de ellos, retornando todos a ese “paraíso perdido” al que Milton llamara “la niñez”. No obstante, como veremos, hay elementos adultos muy claros en este asunto que nos ocupa.

EL ASPECTO ERÓTICO Y SENSUAL EN LOS DEPORTES

En las mentes del delirante público que asiste a las justas deportivas, el juego que aprecia adquiere simbólicamente un doble significado. Por un lado representa la máxima expresión del poder del musculo, asociado con el de la astucia y la sagacidad humana, pero a su vez contiene un fuerte y atractivo componente sensual de tipo visual: el ingrediente estético y erótico centrado en la persona del deportista. Esa voluptuosidad deportiva también está presente en estos juegos Centroamericanos de Barranquilla.

Es así como la estética competencia anatómica suscita el favoritismo entre los espectadores que no solo asisten a los partidos y encuentros atraídos por las destrezas físicas de los deportistas, sino también por la esbeltez de sus figuras.

En la plasticidad atlética, en los movimientos y zarandeos musculares, en la anatomía corporal que se traduce a través de la ligeras vestimentas deportivas usadas por los atletas (quienes, entre otras cosas, físicamente atraviesan los años en que la naturaleza los ha puesto en su máximo esplendor y belleza), en todo lo anterior se deja entrever un espectáculo de exhibicionismo visual que interjuega mucho con el interés voyeurístico de los emocionados espectadores.

Diciéndolo en otras palabras, en esto del deporte, actividad a la que G. Papini definiera como “la máxima adoración del cuerpo”, la desnudez parcial es un llamativo estimulo o acicate sensual que despierta la atención, y un tanto la morbosa inclinación de algunas personas que se agolpan a apreciarlos en los escenarios deportivos atraídos por los dos aspectos.

El deleite visual que hombres y mujeres experimentan al ver las intricadas hazañas y peripecias de los atletas es similar al que sienten al observar semblanzas y facetas indiscretas que están en el contexto de espectáculo: Las volátiles faldas cortas de las tenistas; las ajustadas prendas que se usan en deportes como el patinaje o el ciclismo; los insinuantes vestidos de baño exhibidos en las piscinas por nadadores de ambos sexos; las voluptuosas indumentarias de los gimnastas, los futbolistas y los que practican hockey; las desaliñadas (pero a la vez transparentadas por el sudor) vestimentas de los que compiten en atletismo, jabalina y similares; los movimientos de gran esfuerzo que al hacer los voleibolistas y los basketbolistas permiten observar imprudentemente parte de la intimidad de los contendientes; la musculatura exsudorosa de los boxeadores o los pesitas; la disciplinada e implacable elegancia entre los que practican el golf, el ecuestre o la esgrima, etc.

Todo lo anterior se convierte en un atractivo ingrediente entre estético-erótico de las justas deportivas. Entre el conglomerado de estos deportistas que participan en los certámenes deportivos en la flor de su juventud se podrían hacer competencias anatómicas (especie de concurso de belleza) de la cual se podrían seleccionar no menos de un veintena de esculturales cuerpos de ambos sexos, los cuales a lo seguro atraen la mirada boquiabierta de sus ávidos admiradores quietos y a la vez inquietos en las tribunas.

Es más, entre los espectadores es frecuente que subjetivamente se dé una simultánea competencia, subiendo al podio de la belleza y el desarrollo somático, algunos de esos aguerridos seres que con sus acrobacias y habilidades en vez de rehuir el esfuerzo, la disciplina y el peligro, lo que hacen es enfrentarlos valientemente en el campo de juego.

Con información de: Roque Herrera M.

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