Conozcan la increíble historia del hombre que aprendió a ´escribir´ con los ojos
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Raúl Ordoñez y su esposa Diana Corrales I Cortesía: El Tiempo
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Redacción ALDIA

Conozcan la increíble historia del hombre que aprendió a ´escribir´ con los ojos

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El ex tenista escribió un libro que desea publicar comunicándose con los ojos.

Raúl Ordóñez es el nombre de un ex tenista oriundo de Jamundí, Valle del Cauca, quien aprendió a comunicarse con los ojos para permanecer en contacto con el mundo. Desde hace once años sufre de una enfermedad que ha cobrado relevancia en los últimos años, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), misma que provocó el famoso Ice Bucket challenge en 2014. Hoy es ejemplo de superación al mostrar sus ganas de vivir y de ayudar a otros, creando un sistema de comunicación para aquellos que como él se les dificulta expresarse.

De acuerdo con un reportaje realizado por El Tiempo, la enfermedad de Raúl comenzó a pronunciarse mientras él caminaba en una playa en el estado de Florida. En abril del año 2004 se desplomó de repente, pero se puso de pie de inmediato. Sin embargo, una semana después, al despertarse notó que estaba cojeando de la pierna derecha.

“Sentía como si estuviera caminando apoyado en la punta del pie, y supuse que esto se debía a que había dormido mal y bocabajo”. Estas palabras Raúl las expresó parpadeando y están plasmadas en un libro de 200 páginas donde cuenta su vida.

En el ejemplar se encuentra retratada su historia de lucha en medio de la enfermedad que lo aqueja desde hace 11 años y los recuerdos que le trae su época de tenista.

Raúl creó un sistema cuando le diagnosticaron su enfermedad, para ese entonces ya hablaba con dificultad, por eso decidió explicarle a su esposa el método en el que había estado pensando. Le dictaría mensajes pestañeando, y sus ojos serían el instrumento mediante el cual seguiría expresando sus ideas.

Es así como Diana Corrales, su esposa, adquirió la capacidad de comprender lo que Raúl intenta decirle cada vez que pestañea, como si se tratara de un idioma nuevo.

En la pared de su cuarto tienen un tablero blanco colgado en el que se aprecian, tres hileras llenas de símbolos. La primera, señalada con el número 1 a la izquierda, tiene a continuación una lista de letras de la A a la L. La segunda, con el 2, va de las letras M a la V; y en una más, marcada con el 3, están la W, la X, la Y y la Z al lado de abreviaturas que significan ‘por’, ‘para qué’, ‘por qué’ y del signo de número. Diana comentó a El Tiempo que Raúl “se volvió un rayo y en un momentico escribe”.

Ella comienza por el número uno. Si Raúl no cierra los ojos, Diana sigue nombrando en orden todas las letras hasta que le llega el turno a la que él ha elegido y entonces pestañea. De la misma manera, Diana continúa con cada hilera hasta que las palabras y las frases van cobrando sentido en sus cuerdas vocales.

“El tablero está como guía, pero ya nos lo sabemos de memoria. Es para las terapeutas y para los familiares de Raúl; pero yo ya lo tengo en la cabeza. Me sé las letras que van en cada fila, y es él con su pestañeo el que nos indica qué fila y qué letra quiere” expresó Diana para el medio.

Raúl tiene una fundación con su nombre que ayuda a 40 niños de escasos recursos a recibir clases de tenis totalmente gratuitas en Jamundí y según sus propias palabras, ese es el legado que le quiere dejar a Gabriela, su hija de cinco años.

“Quiero que mi hija se sienta orgullosa de mí por lo que soy; no por lo que fui”, concluyó Raúl para el diario en la voz de Diana.

Con información de Julie Toscano

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