De joven bogotano estrato 6 a guerrillero de las Farc: La insólita historia de Chepe
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Chepe apoya la paz y espera volver a su antigua vida. | Vice
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Diana Granados

De joven bogotano estrato 6 a guerrillero de las Farc: La insólita historia de Chepe

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Estudió en uno de los colegios más prestigiosos de Bogotá y terminó en la selva en medio de la guerra.

¿Cómo es que puedes renunciar a una vida privilegiada, con todas las comodidades, a una familia amorosa, estudiar en uno de los mejores colegios del país, tener todo lo que podrías desear, y terminar en la selva, haciendo parte de una revolución y formando en las filas de las Farc?

María Jimena Duzán escribió esta historia para Semana, en la que cuenta el vuelco que dio la vida de “Chepe”, como es conocido en la guerrilla.

María Jimena Duzán entrevistando a Chepe.

A los 10 años, sus padres adoptivos decidieron que ya tenía edad para saber la verdad. No había nacido en Bogotá sino en un campamento de las Farc, y no era hijo de ellos sino de dos personas con las que jamás imaginaría tener algún tipo de vínculo.

Era hijo de Jorge Briceño, alias “Mono Jojoy”, comandante del bloque Oriental de las Farc, el más poderoso y numeroso con grupos de 500 y 400 integrantes. Su madre también era guerrillera.

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La pudo conocer unos años después, cuando apareció en la puerta de su casa en Bogotá, así, sin más, se presentó. Chepe la escuchó, escuchó su historia y todo lo que tenía por decirle, pero él no pudo reaccionar, no la conocía, no era su madre.

Su mundo dio un giro de 180°. Ya no era un joven más con una posición cómoda que vivía en el norte de Bogotá y que asistía al prestigioso colegio San Viator, ahora su realidad era distinta y tenía curiosidad por conocer más.

Chepe recuerda haber visitado a su padre, el Mono Jojoy, por lo menos unas cinco veces durante las vacaciones escolares. Pero fue realmente cuando empezaron los diálogos en El Caguán, en el 98, que se les permitió a los guerrilleros recibir visitas de sus familiares, ahí pudo compartir un poco más con su padre biológico.

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En el 2000, ya se sabía que Chepe era hijo de uno de los hombres más perseguidos por el Gobierno. Así que, cuando el proceso de paz de la época entró en crisis, Chepe fue a buscar a su padre y a refugiarse por las amenazas que había recibido.

Sus padres adoptivos lo fueron a buscar a la selva y a pedirle que volviera a su hogar unos días antes de que se rompiera el proceso. Chepe solo se limitó a decir: “Lo que diga mi papá”.

Andrés Pastrana, entonces presidente de Colombia, ordenó al Ejército entrar al Caguán. El joven de 16 años, se fue a la selva con los demás integrantes de su bloque. No volvió al San Viator, ni a su hogar en el norte de Bogotá.

Alias Manuel Marulanda junto al entonces presidente Andres Pastrana. | lapatria.com

Le dio duro al principio. Luchaba con los mosquitos y no entendía las expresiones o el lenguaje que usaban los guerrilleros. Nunca tuvo que hacer demasiado trabajo físico en su antiguo hogar, por eso terminaba agotado con las labores diarias.

Poco a poco se fue acostumbrando y levantaba bultos como sus compañeros, madrugaba a las 4:30 am y empezó a trabajar en equipo y a convertirse en uno más de ellos, “en un revolucionario”.

MUERE EL MONO JOJOY

10 años pasaron y se acostumbró a los bombardeos y a los operativos militares, hasta esa madrugada, la más difícil que tuvo que vivir en la selva.

22 de septiembre de 2010. Colombia se levanta con la noticia de que el Mono Jojoy había sido abatido junto con otros 30 guerrilleros. Una de las mayores derrotas de las Farc en la historia, según lo publicaron algunos medios de comunicación de la época.

Jojoy lideraba a la mitad de los hombres armados de las Fuerzas Revolucionarias de Colombia y era el segundo al mando después de Alfonso Cano. Se movilizaba con una guardia de mil hombres. Todos los colombianos teníamos fresca la imagen de Jojoy en el documental de Jorge Enrique Botero en el que se le veía paseándose por la zona de los secuestrados que estababan encerrados como si fueran animales dentro de un corral con alambres de púas.

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El ataque había sido planeado durante un año con rigurosidad. Unas botas fueron las elegidas para ser el caballo de Troya de la misión. Jojoy tenía problemas de diabetes y debía usar un calzado especial, acolchado, que protegiera sus pies. Una de ellas llevaba un microchip puesto por las Fuerzas Armadas y la Policía.

Chepe recuerda que las botas pasaron todos los controles y anillos de seguridad sin ningún tipo de inconveniente. Luego de dar muchas vueltas, llegaron a su destino ocho meses después.

Fueron necesarios todos los aviones de la Fuerza Aérea y todos los helicópteros del Ejército para llevar a cabo el ataque. El bombardeo fue el más grande que ha habido en 52 años de guerra.

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El cuerpo inerte del Mono Jojoy fue encontrado bajo toneladas de tierra y escombros días después del bombardeo. Solo se veía la punta de su bota medio enredada. Los soldados que estaban en el lugar cavaron y confirmaron que se trataba de Jojoy.

DE JEFE GUERRILLERO A PADRE

En la madrugada del bombardeo, Chepe estaba a unos 100 metros del campamento de su padre. Por medidas de seguridad, Jojoy estaba alejado de todos los demás cambuches. Sabía que, a quien querían, era a él.

Todas las madrugadas, alrededor de las 2:00 am, Chepe visitaba el campamento de su padre para leerle documentos, periódicos, noticias que considerara importante. Salía de su zona a la 1:40 am para llegar a la de su padre 20 minutos después.

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Ese día, como cosa rara, quiso dormir unos minutos más. Cuando se despertó, se percató que ya era la 1:55 am. Quiso salir corriendo para no llegar tarde a lo de su padre, pero fue interrumpido por una lluvia de bombas que cayeron antes de que pudiera encaminarse. “Cuatro minutos más y yo me hubiera muerto allá con él”, le comenta Chepe a María Jimena Duzán.

No pudo hacer nada para salvar a su padre. Las bombas, los tiros, el ruido de los helicópteros y aviones solo le confirmaban cada minuto que pasaba que Jojoy había muerto.

Al día siguiente pudo confirmar esta noticia.

No podía hacer nada para cambiar la historia así que le tocó seguir adelante. Hizo un curso de mandos y hoy, a sus 32 años, hace parte del frente séptimo del bloque oriental.

Está seguro de que la paz es el camino para salir de esta guerra que tanto le quitó a su vida.

Espera ser parte del nuevo partido político en el que se convertirá las Farc, también quiere volver a ver a su familia que dejó en Bogotá, retomar sus estudios y por qué no, tener los hijos que no se ha atrevido a tener.

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