El drama que vivió una humilde familia que tuvo que llevar a su abuelo muerto en un carro de mula
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Familiares del occiso después de haberle dado cristiana sepultura en el cementerio de Soledad | Al Día
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Redacción ALDIA

El drama que vivió una humilde familia que tuvo que llevar a su abuelo muerto en un carro de mula

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Los familiares no contaban con los recursos suficientes.

Ángel Manuel Del Valle Frías, de 69 años, comenzó a sufrir lue­go de caer de lo alto de un poste del alumbrado público en el que hacía una reconexión. El caso sucedió el pasado domingo a las 12:00 del mediodía, en el barrio Villa Katan­ga (Soledad). Los familiares aseguran que por no contar con recursos econó­micos vivieron un calvario para sepul­tar el cuerpo del anciano.

“Ángel se dedicaba a la albañilería. Recientemente se había subido en un poste de energía para restablecer la luz, cayó y a partir de ese momento le so­brevino una enfermedad. El golpe que se dio lo mandó a la cama. Ya tenía días de estar enfermo y el domingo murió, sostuvo Armando Del Valle, hermano del fallecido.

Los Del Valle aseguraron que a través del presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio gestio­naron con la Funeraria Los Andes, los servicios fúnebres, dichos costos los asumiría el líder comunal. De acuerdo con los deudos, los costos no cubrían el traslado de los restos mortales al ce­menterio.

La funeraria llevó el cadáver hasta la casa donde vivía Ángel Del Va­lle Frías. Allí lo dejaron en un ataúd y los familiares lo velaron desde el domingo, pero carecían de dinero para pagar una carroza que llevara los restos mortales hasta el cementerio.

Las horas transcurrían y el cuerpo comenzaba a evidenciar el proceso de descomposición, ya que no fue prepa­rado para estar más de 24 horas sin ser sepultado. Allí comenzó el drama de la humilde familia, que no tuvo otra alter­nativa que acudir a los servicios de un carro de mula, propiedad de un hombre apodado el ‘Mono’, a quien le pagaron 60 mil pesos para trasladar el cadáver al camposanto. “Qué triste, ni muerto des­cansa el pobre. Esto se parece a lo que dice la canción de Cheo Feliciano, los Entierros de mi gente pobre, comentó un vecino del sector.

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