Jhaiser es la primera víctima de mordedura de una serpiente en el Atlántico
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Jhaiser Enrique Yaya Urueta, 34 años y padre de dos niñas | Cortesía
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Luis Miguel Arango

Jhaiser es la primera víctima de mordedura de una serpiente en el Atlántico

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Sucedió en una finca que cuidaba en Piojó.

En pleno siglo 21 no dejan de sorprender hechos y situaciones como arrancadas de páginas macondianas. Tal es la tragedia que sufrió el campesino Jhaiser Enrique Yaya Urueta, quien murió el viernes, dos dias después de haber sido mordido por una serpiente venenosa. El reptil es una mapaná X, también conocida como ‘raboseco’, que le clavó sus colmillos filosos en la muñeca del brazo izquierdo y le inoculó el mortal veneno.

El incidente ocurrió a las 3:30 de las tarde del pasado miércoles, cuando Yaya, de 34 años, cortaba pasto en la finca Mameyales que tenía bajo su cuidado en la zona rural de Piojó, occidente del Atlántico.  “La casa de la finca está como a 200 metros del arroyo donde en ese momento mi hijo cortaba el monte, y hasta acá se escuchó el grito de mi muchacho luego de ser mordido”, explicó José Antonio Yaya Pérez, de 62 años, padre del fallecido. 

ENCUENTRO DESAFORTUNADO

Yaya Urueta, quien este 26 de marzo  estaría de cumpleaños, no se percató de que cerca al sitio donde trabajaba tenía una Bothrops atrox, nombre científico del ofidio que vulgarmente se le conoce como mapaná ‘raboseco’. “Me dijo que solo sintió el mordisco, la serpiente se le prendió de la muñeca izquierda, se soltó después de varias sacudidas”, continuó José Antonio Yaya.

La Bothrops atrox no es ese tipo de serpiente que anda acechando, ataca más bien cuando invaden su territorio, o accidentalmente las tropiezan. Junto a la cascabel son los dos tipos de víboras que habitan el Atlántico”, aclaró Joe García, biólogo de la CRA consultado por AL DÍA.

Con sudoración contínua, dolores en el cuerpo y señales de gangrena en la extremidad afectada, Jhaiser fue conducido al puesto de salud del pueblo, pero no encontró suero antiofídico para contrarrestar la acción letal del veneno. “No hay, así de claro nos dijeron, ‘no hay’. Y lo peor es que en ningún otro puesto de salud tenían el tal suero para el veneno, tuvimos que venir a buscarlo a Barranquilla”, dijo el padre de la víctima.

‘MI HIJO NO FUE BIEN ATENDIDO’

Según José Antonio su hijo ingresó al Cari a las 5:30 p.m. del mismo miércoles, pero solo hasta las 8:30 p.m. pudo recibir el antiofídico, es decir, tres horas después de la mortal mordedura. Armando De la Hoz, secretario Departamental de Salud, dijo que cualquier asegurador está obligado a brindar atención por este tipo de situaciones, porque lo contempla el POS.

Agregó que de igual forma el departamento cuenta con suero antiofídico manejado por el Hospital  Niño Jesús  (10 frascos) y salud pública (26 frascos). Pero el problema no es todo por quiénes tienen los sueros. Joe García explica que la debilidad en estos protocolos es que no todos los profesionales están calificados para aplicarlos, pues cada veneno tiene un antiofídico particular y un error sería mortal.

“A mi hijo lo estabilizaron, pero debido a que el brazo se le estaba pudriendo lo tuvieron que operar, después fue necesario otra cirugía, y esa no la aguantó. Murió el viernes a las 9 p.m. en la Porto Azul”, comentó Yaya. 

MÁS DEL FALLECIDO

Jhaiser Enrique Yaya Urueta, padre de dos niñas, es el primer caso público de una víctima mortal por mordedura de serpientes venenosas en el Atlántico, en por lo menos los últimos 14 años. Residía en la calle No. 9-117, barrio Centro en Sibarco (Baranoa). Llevaba cuatro meses trabajando en la finca donde le ocurrió la tragedia. Era el tercero de los cuatro hijos de José Antonio, quien hace ocho años tuvo otra pérdida similar, la de Manuel. “Mi otro hijo falleció porque no me le atendieron bien una migraña, ya no creo en nuestra salud”, finalizó.

 

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