La historia del perrito busca a su dueño entre los escombros del edificio en Blas de Lezo, Cartagena
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El perro ahora vive en la casa de uno de los vecinos del sector de Blas de Lezo |  Lorena Henríquez
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Rubén Darío Rodríguez

La historia del perrito busca a su dueño entre los escombros del edificio en Blas de Lezo, Cartagena

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Era el compañero fiel del vigilante.

Desde el pasado viernes ‘Rescatado’, un perro criollo de año y medio, que estaba amarrado a una viga del edificio de siete pisos que se desplomó en el plan 400 de Blas de Lezo, no se ha retirado de los escombros y apunta su mirada al sitio donde lo mantenía amarrado su amo, el vigilante de la edificación. Él era el compañero fiel de Manuel Mendivil Blanco, el celador, que paradójicamente, fue el último cuerpo, sin vida, hallado por los organismos de socorro, el sábado en la mañana.

A los 23 seres humanos que lograron salir con vida se sumó este canino que se quedó sin esa persona que lo cuidaba pues su dueño pereció entre las 21 víctimas. Los miembros del grupo de rescate lograron hallar al animal en una especie de fosa que había en la edificación, en medio de dos rollos de varillas.

Ramón González, uno de los vecinos de la obra, manifestó que en cuanto vio al perro caminar desesperado decidió adoptarlo y colocarle el nombre de ‘Rescatado’. Recordó que cuando estaba amarrado dentro del edificio, en el primer piso, el animal era una fiera que no dejaba que nadie se acercara.

“Todos por aquí teníamos miedo y uno no podía ni acercarse a la puerta porque el perro se quería soltar para tirársela a cualquier persona”, sostiene. Hoy, cuando ha decidido que el perro haga parte de su hogar, el animal ha decidido bajar la guardia y ahora se deja atender por quienes se han convertido en sus nuevos dueños.

Asegura Ramón que el animal duerme en la terraza de su casa en donde además ya le han buscado alimento. “No lo hemos descuidado y lo que vemos es que el perro va hasta el sitio de la tragedia entra a la edificación, huele y luego se devuelve a la casa. Uno trata de encontrar una explicación a esta situación”, precisa Ramón, quienle ha colocado una reja de madera a la terraza para evitar que el perro ataque a alguien.

La ilusión del animal, precisa el vecino, es que en algún momento aparezca el dueño.“Hay momentos en que gime de tristeza pero estamos dispuestos a brindarle el afecto al animal porque sentimos que se lo merece”. Ahora, dice, se ha vuelto juguetón y trata de ganarse a las personas pues debe sentirse solo. Finalmente, Ramón ha sido claro en asegurar que al acoger en su hogar al animal es como hacer entender que los vecinos de Blas de Lezo se unieron y en ningún momento dieron  la espalda a una tragedia que les marcó sus vidas para siempre.
 

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