Capturan a presuntos asesinos de vigilante en Santa Marta y familiares de la víctima piden justicia
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Guillermo Jaramillo Ríos y Gilberto Emilio Caicedo Arrieta fueron detenidos, el primero en una clínica y el otro en El Parque | José Puente y Cortesía
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Redacción ALDIA

Capturan a presuntos asesinos de vigilante en Santa Marta y familiares de la víctima piden justicia

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Fiscalía les imputó homicidio agravado pero no aceptaron los cargos.

Rabia, consternación y repudio es lo que en la mayoría de los sa­marios ha causado la lapidación (muerte a piedras) de un vigilan­te, el pasado domingo en la ur­banización El Parque, al suroriente de Santa Marta, a manos de un grupo de jó­venes presuntamente drogados. Dos de estos fueron capturados.

[VER: El brutal linchamiento que tiene conmocionados a los habitantes de Santa Marta ]

La falta de solidaridad de la multitud que observó el atroz crimen incrementó el sentimiento de rechazo de la sociedad, por tanto las voces de quienes desapro­baron la manera como mataron a Rafael Alejandro Viloria Franco, de 42 años, no se hicieron esperar.

Rafael Alejandro Viloria Franco tenía 42 años.

El vigilante Viloria Franco agonizó sin que nadie le brindara alguna ayuda.

Tampoco tardaron en escucharse las expresiones de censura ante la falta de solidaridad de los testigos que prefirie­ron grabar, tomar fotografías, azuzar y mirar con complicidad, antes que evitar que la víctima muriera en estado de in­defensión.

“Quizás pudo más el miedo que el cora­je para salvarle la vida al vigilante”, dijo el psicólogo Álvaro Solano, quien explicó que esta conducta requiere de un análi­sis de fondo.

“¿Por qué esa misma gente que obser­vó el hecho no se levantó contra los cri­minales?”, preguntó.

SIN ANTECEDENTES

El suceso ha marcado nefastamente a Santa Marta, pues es la primera vez –al menos en el último siglo– que se produce un homicidio tan particular, es decir, en la calle de un barrio popular, a plena luz del día y con público.

En otra dimensiones este suceso nos hizo recordar el circo romano”, anotó el científico e historiador Armando Lacera Rúa, quien dijo no tener en su memoria un hecho similar o parecido.

El profesor de sociología, Darío Nava­rro, afirmó que la sevicia con la que ac­tuaron los homicidas y la frialdad que mostraron quienes estaban como ob­servadores “es el significado de una so­ciedad enferma, de una humanidad que pareciera estar ávida de sangre”. “Fue un asesinato cometido con satisfacción y complacencia”, añadió.

El abogado Eduardo Correa, quien ha dedicado tiempo de su profesión al estu­dio de los Derechos Humanos, se pre­guntó: “¿Qué clase de sociedad tene­mos?”; y acto seguido cuestionó la falta de solidaridad y la forma cómo en algu­nos casos las redes sociales estimulan el masoquismo. ¡Por Dios!... ¿en qué clase de seres humanos nos hemos converti­do?, anotó el jurista.

ESTABA ADVERTIDO

El concejal Jaime Linero Ladino, mo­rador del barrio donde ocurrió el atroz crimen, y quien fuera presidente de su junta de acción comunal, dijo que lo su­cedido “es la crónica de un homicidio anunciado”.

Aseveró que en reiteradas ocasiones le hizo saber a la Policía Nacional, en cabe­za de la entonces comandante en la ciu­dad, coronel Sandra Vallejos, que era ur­gente cambiar el sistema de cuadrantes, que había que instalar cámaras de segu­ridad y que se mirara el consumo de alu­cinógenos en la población juvenil, pues el incremento de ello era evidencia que en el sector estaban los expendios.

Padres de familia de la escuela del ba­rrio han denunciado la venta de estupe­facientes, incluso, aseguran que “en un árbol de trupillo que está detrás del cam­po de fútbol se dan cita consumidores y mercaderes”.

El presidente de la junta comunal Hen­ry Lavalle, dijo que en reiteradas ocasio­nes le comunicó a al Alcalde Menor y a ediles, la ‘bomba de tiempo’ que era la ur­banización, por eso ante la policía solicitó aumento en el personal del cuadrante.

Manifestó que es posible que en el sec­tor hayan pandillas, pero aseguró que lo que si es cierto es que “algunas provie­nen de barrios cercanos como La Lucha, Santa Ana y Luz del Mundo”.

MEDIDAS

El comandante de la Policía Metropo­litana de Santa Marta, coronel Gustavo Berdugo, reclamó por la falta de solida­ridad de la comunidad para con la vícti­ma y señaló que es increíble que en vez de evitar, “lo que hicieron fue disfrutar el crimen como si fuera un espectáculo”.

Por ello para este jueves se hará una audiencia comunal con el fin de imple­mentar entre policía y habitantes estra­tegias de seguridad, pero también llevar acciones educativas encaminadas a la convivencia.

Lo que está claro es que a partir de la fecha se reforzará la seguridad en el sec­tor y se trabajará en prevención al consu­mo de sustancias psicoactivas.

A su turno Priscila Zúñiga, Consejera de Seguridad y Convivencia del Distrito rechazó -como todos- el hecho de que los testigos del homicidio “prefirieron gra­bar la agonía de la víctima en vez soco­rrerlo”.

Lamentamos profundamente este he­cho, siendo los samarios personas de bien. Desde la Alcaldía hemos implemen­tado los Comités Barriales de Seguridad en 19 sectores, pero habrá que extender­los o ampliarlos”, comentó. Pidió a la Fiscalía que este caso no que­de en la impunidad, sin embargo recalcó en que “hay mucha indignación por la in­sensibilidad que hubo”.

 A LA CÁRCEL POR EL ASESINATO DEL VIGILANTE

Custodiados por miembros del gru­po reacción de la Policía Metropo­litana llegaron al Edificio Galaxia, Gilberto Emilio Caicedo Arrieta y Guillermo Jaramillo Ríos, quie­nes fueron enviados a la Cárcel Rodrigo de Bastidas de la ciudad, sindicados por el asesinato del vigilante Rafael Viloria Franco, lapidado el domingo en el barrio El Parque.

Guillermo Jaramillo Ríos y Gilberto Emilio Caicedo Arrieta fueron detenidos, el primero en una clínica y el otro en El Parque | Foto de: José Puente.

Las autoridades explicaron que en el video se ve como Caicedo Arrieta apu­ñala a el Flaco en dos ocasiones, y luego Guillermo Jaramillo le arroja una piedra en la cabeza, que le provocó un trauma craneoencefálico.

Las diligencias de legalización de cap­turas, imputación de cargos y solicitud de medida de aseguramiento se llevó a puertas cerradas en total hermetismo y prohibieron la entrada a los medios de comunicación.

La Fiscalía les imputó el delito de ho­micidio agravado y entre los elementos probatorios cuentan con las grabaciones que circularon en redes sociales y los tes­timonios de la comunidad que presenció el crimen. Gilberto Caicedo y Guillermo Jaramillo no aceptaron los cargos.

UN HOMBRE ALEGRE

Lo último que le dijo Rafael Alejandro Viloria Franco a sus padres, Juan Pablo y Evangelina, fue que no prepararan al­muerzo, que él les traería un rico asado para pasar el domingo en familia, una promesa que no pudo cumplir porque fue lapidado por un grupo de jóvenes en el barrio El Parque. Gilberto Caicedo y Gui­llermo Jaramillo, grabados por la comu­nidad en pleno asesinato, fueron apre­hendidos en una clínica y en el barrio.

La familia del vigilante temía que les concedieran la libertad a los presuntos responsables.

Los familiares del vigilante Rafael Alejandro Viloria Franco protestaron en las afueras de la sede del Edificio Galaxia /Foto de: Jose Puentes y cortesía.

“Nosotros queremos justicia, que no salgan ahora con que ellos no son un pe­ligro para la sociedad y el asesinato de Rafael quede en la impunidad, dijeron en las afueras del Edificio Galaxia.

Información de: Agustín Iguarán González yJesús M. Solano Rubio

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