La historia de los infantes de Marina que apuñalaron y balearon a 5 civiles en Bolívar
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La unidad del Batallón de infantería de Marina No. 13 estaba acampando en esta finca, cercana a la entrada sur de Calamar | Al Día
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Luis Miguel Arango

La historia de los infantes de Marina que apuñalaron y balearon a 5 civiles en Bolívar

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Según testigos, los militares estaban en estado de embriaguez.

Miembros de una unidad de Infan­tería de Marina, algunos de los cuales se encontraban en esta­do de embriaguez, sembraron el terror en Calamar (Bolívar), en la madrugada del pasado lunes festivo. Hirieron con armas de fuego y cortopun­zantes a cinco habitantes de esa pobla­ción limítrofe con el sur del Atlántico. La denuncia la hicieron los afectados, y está en proceso de investigación penal y dis­ciplinaria dijeron a AL DÍA en la Brigada de Infantería de Marina Número Uno de Corozal (Sucre), a la cual están adscritos los infantes señalados del incidente.

Los hechos ocurrieron exactamente a las 3:30 de la madrugada, cuando tres sol­dados regulares liderados por un subofi­cial, todos evadidos del servicio, quisie­ron sobrepasarse con dos hermanas, una de ellas menor de edad, lo cual generó la reacción airada de la comunidad. “Nosotras acabábamos de salir de una discoteca en el Centro. Íbamos caminan­do para la casa y aparecieron los solda­dos de a pie, vestidos de civil. Nos inter­ceptaron y empezaron a molestarnos, decían ‘queremos estar con ustedes’, pero nosotras los rechazamos”, contó Maryuri Sanso Ospino, de 22 años, una de las agraviadas.

Maryuri Sanso Ospino 

Los militares, visiblemente borrachos, habían abandonado el puesto de servicio asignado por el comando del Batallón No. 13 de Malagana (Bolívar), adscrito a su vez a la Brigada de Infantería de Marina No. 1 de Corozal (Sucre).

“Seguimos caminando y siguieron pe­sados. ‘Queremos c.... con ustedes’, nos decían. Luego quisieron tocarnos, ma­nosearnos y los empujamos”, agregó una joven de 17 años, la otra ultrajada.

En el momento del forcejeo entre las mujeres y los soldados, por casualidad, llegó al sitio del hecho (calle 20 con ca­rrera 3), Fraider Sanso Ospino (18 años), hermano de las jóvenes.

“Yo acompañaba a Fraider cuando vi­mos lo que pasaba con las ‘pelás’. Ba­jamos para decirles a esos tipos que se calmaran, pero reaccionaron contra no­sotros con violencia”, dijo Michael An­drés Moreno, barranquillero residente en el barrio San Roque de esta ciudad, y quien estaba de paseo en Calamar por motivo del puente festivo.

COMENZÓ EL HORROR

Al sentir el respaldo que recibieron las mujeres, además de la presencia de otros habitantes de la población, los soldados llamaron refuerzos. “No saben con quié­nes se metieron, esa la pagan”, les gritó el Cabo de la unidad identificado plena­mente por el apellido Alvarado.

A los pocos minutos de la amenaza aparecieron infantes uniformados. “Uno de ellos le pegó varias puñaladas a mi so­brino, tan fuerte que rompió el cuchillo, le perforó el pulmón y por eso ahora está en cuidados intensivos en una clínica de Sabanalarga”, precisó José Ospino, tío de Fraider, el herido. “Estaban como locos, borrachos, drogados, yo qué sé”, añadió Maryuri. “Tratamos de huir de ellos, pe­ro en ese intento me caí. En el suelo me mandaban puñaladas. El que llamaban Cabo me dio con el fusil de un compañero y me rompió la ceja izquierda”, continuó Michael Moreno, estudiante de gestión naviera y portuaria.

Con este cuchillo hirieron a Frayder Sanso Ospino

El horror en Calamar era total. “No sabíamos qué hacer. A mí me apuñala­ron y simplemente estaba mirando lo que sucedía”, sostuvo Guillermo Alejan­dro Arrázola, herido en la oreja izquier­da y cuello. Algo similar a lo ocurrido con Arrázola sucedió con Lorenzo Flórez Ál­varez, de 18 años, apuñalado en el cuello.

Lorenzo Flórez

Solo hasta cuando apareció la Policía los soldados se calmaron y regresaron al campamento donde permanecían desde hacía 10 días, una finca en la entrada sur del pueblo. La retirada de los uniforma­dos estuvo escoltada por el fuego abierto de sus compañeros de contingente.

Guillermo Alejan­dro Arrázola

“Disparaban como locos. Yo iba en mi moto cuando siento que me dan bala”, dijo César Alberto Castellar, de 28 años.

César Alberto Castellar

“Me sentí sangre en el pecho y en el brazo, entonces decidí tirarme en el mon­te. A lo lejos escuchaba que gritaban, ‘Arrieta, remátalo’, sentí la muerte enci­ma”, añadió Castellar.

Por estos hechos la concejal de Cala­mar Yelitza Castellar Ruiz, exigió que la Alcaldía y la Personería del municipio se pronuncien al respecto, pues hasta ahora no han denunciado nada. “Fue un acto in­dignante y hago un llamado a la Armada Nacional para que tome medida con es­tas personas”, enfatizó Castellar.

Yelitza Castellar Ruiz 

¿QUÉ DICE LA ARMADA NACIONAL?

El teniente coronel Carlos Andrés Té­llez, comandante del Batallón de Infan­tería de Marina No. 13, responsable de la unidad enviada a Calamar, explicó sobre la presencia de los militares en esa zona. “Esta unidad salió con la misión de desarrollar actividades para mantener la tranquilidad. No estaban autorizados para cambiarse a civil y salir, desde ahí ya estaban cometiendo una falta”, expli­có. “Tenemos conocimiento del caso, de los heridos, y que los uniformados hicie­ron disparos al suelo para disipar la riña, sin embargo esto alteró más a la comu­nidad”, añadió el oficial, quien garantizó acompañamiento a las víctimas.

“Estos uniformados cometieron actos que atentan a la disciplina y honor mili­tar, igual a la Armada Nacional, por ello se desarrollarán investigaciones para llegar hasta las últimas consecuencias”, precisó Téllez.

Tanto el cabo Alvarado, los tres solda­dos y el resto de la unidad fueron releva­dos de Calamar y trasladados al Batallón en Malagana, donde aguardan mientras cursan las investigaciones respectivas. Los heridos se recuperan.

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