“Yo sí soy grillero”, Vergonymous defiende a quienes tiene sexo con mujeres feas
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El concepto de lo que es una fea está en terrenos abstractos | Betty la Fea
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“Yo sí soy grillero”, Vergonymous defiende a quienes tiene sexo con mujeres feas

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Las mujeres feas sí existen, y cumplen un papel vital para los hombres. Sobre todo en borracheras y épocas de verano. Monografía en Vergonymous.

Un artículo sobre la importancia de las mujeres feas se podría componer exclusivamente con frases extraídas de la sabiduría popular, y fragmentos filosófico-poéticos de las bellas artes:

En tiempos de guerra cualquier hueco es trinchera

Bollo o no bollo, se le va por ese hoyo

A todo marrano le llega su 31, y su rellenada

El que no come feas no va al cielo

Hay dos tipos de mujeres, las feas y las que se pintan: O. Wilde

Yo voy pa la que sea con la chica que sea

Con la luz apagada eso no se ve

A nalgas regaladas no se les mira... se les come

No hay mujeres feas sino sin plata para desembolatarse, o pagarle ron a quien las mira

 

Es cierto que lo “feo”está determinado por la percepción, patrones culturales y moldes de belleza impuestos a través de medios y catálogos de Leonisa. Pero las mujeres feas sí existen. Cualquiera puede reconocer la fealdad, pese a lo relativa que es. Ejemplos de cosas feas sin lugar a dudas: el logo del aeropuerto El Dorado, una patada en los testículos, un día sin comer, el rap de las Farc, Rodallega.

Ya lo dijo Jim Carrey en ese clásico de lunes festivo que es Mentiroso Mentiroso: que la belleza está adentro es una mentira, promovida por los feos y las megacorporaciones vendedoras de bikinis. Cuando Antoine de Saint-Exupéry declara en ‘El Principito’ que “lo esencial es invisible a los ojos”, se refiere a lo que no se puede ver por estar debajo del vestido: los pezones, el vértice húmedo. Lo esencial.

¿Pero qué nos lleva a entregarnos a esas feas, que siempre nos esperan con los brazos (y las piernas) abiertas? Identificamos 3 motivos principales, todos atravesados por una misma ideología: la necesidad tiene cara de grillo.

La Real Academia planea aceptar una nueva acepción del término ‘grillo’: se ha popularizado para referirse a las damas de estética indescifrable, en honor a este pobre animalito. Hay que esforzarse mucho para verlo bonito.

El concepto de lo que es una fea está en terrenos abstractos. Hay más consenso sobre lo hermoso, lo que seduce de inmediato los sentidos. Esa que lo para enseguida, y que a los pocos minutos de conocerla nos tiene evaluando la posibilidad de ponérsela en la boca. Hablamos de una ‘maluca’ a partir de la ausencia de belleza, la carencia de armonía.

Como el frío: sabemos que nos encoge las huevas,pero su descripción científica se reduce a la falta de calor. Así, solo sabemos que en una fea hay algo que no cuadra, un embolate raro, una bastedad de rasgos. La nariz se asemeja a un tobillo de burro; tiene figura de nevera más que de Coca-cola; pareciera en todo momento que fuera a estornudar, o que sufriera estreñimiento; sus piernas recuerdan la hilacha final de carne en el último hueso del sancocho. Aspectos que se hacen evidentes, tristemente, después de que nos acabamos de venir.

En Vergonymous hemos diseñado una fórmula sencilla para caracterizar a las feas. Las mujeres tienen tres cartas por jugar: rostro, senos y glúteos.

Se pueden establecer 4 categorías. Si reúne los tres atributos lindos, es una hermosura de revista que no le prestará atención a un tipo que anda leyendo blogs. Si tiene dos, por ejemplo una cara bella y tetas providenciales, es una mujer bonita: probablemente compensa la falta de glúteos cocinando muy bien. Si solo tiene uno, por ejemplo nalgas de redondez apetitosa, está en el nivel ‘aguanta’; una metidita y sale. Si no tiene ninguno, estamos ante un grillo.

Son las que en Halloween no se disfrazan de porristas, ni colegialas, ni enfermeras, ni diablitas, ni conejitas ni nada así, sexy. Ellas solo buscan ropa vieja, se rayan un poco la cara y ya, salen de zombies.

Pero por más fea que sea una mujer, en algún momento será vital para la cadena culiandística. El ‘grillerismo’ es una tendencia política, humanista, que no ve a la fémina en un contexto estético sino como ente “ortológico”.Así lo definió un confeso ‘grillero’ colaborador de Vergonymous, cuando se enteró de que estaba escribiendo esta mondá.

Razones

Cuando llueven culos lindos, uno suele tener paraguas. Es decir, novia.

Las mujeres presienten tu buena salud reproductiva, detectan que tienes una vida sexual activa más allá de la mano.

Cuando estás ennoviado, al primer bar al que vas te topas con una sonrisa furtiva de una lindura milagrosamente sola. Dos mesas más adelante, tres universitarias en noche de solteras, emborrachándose, casi bailándote encima. Un cartel que dice 'cómeme' les cuelga del cuello, rebotando entre un escote sudado. En la barra te encuentras ese arrocito que has mantenido en bajo por años, y que hoy te abraza cariñosa.

Tu pareja deja un rastro sobre ti, un baño feromonal que enciende a las otras. O quizá te provocan por maldad, al saber que tienes freno. Son las épocas de vacas voluptuosas.

Esa tentación que siempre surge es engañosa, te seduce, te hace creerte un gigoló en desuso, te hace pelear. Y adiós, de pronto has terminado tu relación.

Prepárate para la temporada de escasez. De repente todas están ocupadas, todas se fueron de viaje, ninguna contesta por el chat, ninguna sale.

Es la sequía, la época de las vacas flacas. Debes mirar con más cuidado, inspeccionar los rinconces. Y las descubres. Ahí están ellas, esperando pacientes. Mmm. No cae nada bueno, pero caes en la cuenta de que si bajas el control de calidad, seguro comerás.

Entonces es cuando toca: Mórfosis amigos.

Hay que transformarse en Power Ranger y acabar con los monstruos que se nos crucen.

“¿A qué hora sales hoy?”

Ya somos el viejo zorro que seremos. Cuando la gacela de piernas torneadas salta fuera del alcance de nuestras fauces, y el hambre nos domina, hay que apuntar a las presas débiles, heridas, agotadas, enfermas, viejas. Es la ley de la selva.

El verano post-novia es uno de los principios del ‘grillerismo’. El segundo es la borrachera.

Si no alcanzas a conseguir una bonita estando sobrio, en la ebriedad estarás seguro de haberlo hecho, erróneamente. El alcohol pone al mando a la cabeza de abajo, que es miope porque solo tiene un ojo achinado. La sangre fluye, el calor nubla la percepción y modela las formas aparatosas; la euforia hace que valoremos más lo ‘buena gente’ o ‘inteligente’ que es la fea.

Y ellas son mayoría. Pululan a nuestro alrededor. Son las chicas de la penumbra. La secta ‘peoresnada’. Se camuflan y esperan, conscientes de que se irán embelleciendo a medida que avanza la noche. Sacan su lado menos horrible a la luz. Capitalizan la calentura. Sus himnos de batalla son el reggaetón y los merengues noventeros. Su arma, la arrecostada estratégica. Su trampa para sellar la victoria definitiva: un polvo memorable. Zordon, we have a problem.

El último de los motivos para ser grillero es el deber moral. Acostarse con damas poco agraciadas es un compromiso con la raza. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio del gremio masculino. Situación que alcanza su máximo nivel en la etapa estudiantil. Las universidades están llenas de jovencitas que vienen de pueblos y provincias con ganas de comerse el mundo, empezando por nuestra entrepierna.

Andan ardientes todo el día, en búsqueda de su porción. Pasean su calor, insinuándose para que se los apaguen a chorros. Desbordan en ganas. Hay muchas más mujeres que hombres, y lógicamente, más feas en ese estado. No es posible dejarlas así. Sería cruel. Alguien tiene que sacrificarse, y partirles ese pastel humeante.

He allí el verdadero homenaje a la mujer natural. Aceptarla tal cuál es, con su grado de horripilancia legítima.

El mercado femenino pide kilómetros de tubo, así que hay que cerrar los ojos y darles. Ninguna puede ser tan espantosa como para no incitar una erección. Igual, las feas sumarán al récord personal de polvos echados; esa cuenta que haremos en una mecedora en nuestra ancianidad, cuando ya ni Viagra levante a Lázaro. En el recuerdo, quizá hasta se verán lindas.

El signo de las feas ha acompañado a la humanidad desde siempre, y no desaparecerá.

Son el recurso del desahuciado. Además, darles una oportunidad (y una tanda de verga) es un ejercicio de sencilla coherencia, para cualquiera que se sepa feo. “Así como un hombre es, así ve”, William Blake. (La cita poética intenta atenuar la plebedad intrínseca de este blog)

Toca aprender a mamar fea y a verlas con cariño, para estar listo ante cualquier contingencia. Uno no sabe cuándo las va a necesitar.

El secreto es saber abandonar antes de que sea demasiado tarde. No amañarse, tener  claro que es una situación temporal, de interinidad subichal. No sea que, por andar disfrutando de las mieles del grilleo, nos perdamos una mona culona o algo así, fuera de este mundo.

Es fundamental no cruzar la barrera de la etiquetada de fotos en Facebook. Cuando la vea sacar la cámara, es la alarma para escapar. Una fea es una mancha indeleble en la hoja de vida. Baja la cotización en el mercado de lobas. Es necesario manejar el tema con la mayor discreción posible. Si lo ven saliendo de un motel con una, diga que le echó escopolamina.

Es importante saber escoger, ponderar cada caso. Si esa compañera que le envía mensajes está muy embolatada, evalúe la posibilidad de abstenerse. Madurar es aprender a decir que no. Por más fácil que parezca el acceso a un orto, nunca es gratis. Jala e intenta atrapar.

Se requiere gran fortaleza de espíritu para negarse a un polvo, o dejar de bombear una v.agina que recién se nos abrió. Preso de la arrechera, parecerá un esfuerzo absurdo. Pero puede ser la mejor decisión que tomemos en nuestras vidas.

Será aliviador ver las fotos al otro día en las redes sociales, y comprobar que le fue mejor durmiendo. No aguantaba estar en ese álbum, ni la mention en twitter, ni que esa vieja llegara al otro día con su pasamontañas puesto a la cafetería, a preguntarle a todos sus amigos: ¿dónde está mi novio?, y convertirse en el chiste del curso. #TrueStory

Las feas suelen resistirse a entender el rechazo. Así que entre más ridícula la excusa, mejor. Es que valoro mucho nuestra amistad. Me duele el dedo chiquito del pie. Fíjate que se me acabó el papel higiénico, y no te imaginas el mierdero que se me armó.Qué pena contigo, pero no te puedo acompañar, justo mañana tenemos matanza de gatos en la secta satánica. Están pasando Dragon Ball Z por City Tv, y viene el capítulo en que Gokú se vuelve Super saiyayin.

Se me cayó el iPhone en el inodoro y me metí a sacarlo. Preciso debo ir a la notaría, la empleada de servicio que trabaja con mi mamá salió con que soy el papá de su bebé, Barack Javier.

La mejor manera de evitarse todo este desgaste es mantener a una bonita al lado. Sí, hay que cumplir el deber, vivir la aventura terrorífica, chupar la savia agridulce de la fealdad; pero no embriagarse, entrar y salir, y recordar el camino de regreso a las carnes de sabrosura indiscutible. Las mujeres bellas son tan importantes, o quizá más, que esas que requieren 30 minutos de latonería y pintura para engañar el ojo.

Hay que cuidar la niña linda, evitar perder al bollito. Se valora más después de haber pasado por las feas. Pero lo sabio es conservar a la hermosura que nos prestó atención.

Hasta que otro culo extraordinario ocurra.

 

 

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