Diez regalos que ojalá no falten en Navidad
El titulo es:Diez regalos que ojalá no falten en Navidad
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Que los niños plasmen en su carta temas espirituales.
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Redacción ALDIA

Diez regalos que ojalá no falten en Navidad

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Niño Dios, Niño Dios … ¿qué nos vas a regalar?.

Cada año Joe Arroyo nos recuerda de una manera sensible con Niño Dios, uno de sus temas clásicos navideños, que este mágico día, 24 de diciembre, es el más lindo del año pues es el auténtico ‘Día de los niños’. Mañana el mundo cristiano envió en medio de pesebres, arbolitos y luces multicolores, rememora el nacimiento del divino niño Jesús.

La estampa navideña en todo el territorio nacional, incluye que hasta la más sencilla de las casas esté en las horas nocturnas alumbrada con las coloridas lucecitas navideñas y con el jolgorio de su gente.

La mayoría de las familias se congregan en la intimidad del hogar a gozar de esta noche blanca, la más pacífica de todas, compartiendo (con el presupuesto que a su alcance esté) una cena navideña con pasteles, pavos, perniles, natillas y buñuelos, con el sonido de fondo de villancicos y del inmortal legado musical de Joe Arroyo.

Estrenando sus mejores pintas de 24, en medio de sonrisas los niños ansiosos esperan ver juguetes y ropas que el “Niño Dios” les traerá al filo de la Nochebuena y con los cuales jugarán al amanecer del 25.

JUSTAS PETICIONES EN LAS “CARTAS AL NIÑO DIOS”

El natalicio de Jesucristo significa para la cristiandad el renacer de una ilusión, de que las cosas no serán iguales a partir de esta simbólica fecha. Siguiendo la tradición muchos de esos infantes con antelación le han escrito la respectiva “carta al Niño Dios”, pidiéndole que en esta noche santa les traigan a sus vidas los más inusitados regalos entre los cuales ojalá estén incluidos los siguientes:

1. Que los juguetes que les pongan ojalá no sean bélicos, que no inciten a la violencia física, la agresión y la crueldad. Es bueno animar a los niños a pedir regalos educativos que les ayuden a aprender jugando, como arma-todos (de acuerdo con la edad), libros con bellas ilustraciones o para dibujar y colorear, juegos para saber calcular o aprender inglés jugando, que hablen sobre el medio ambiente, la alimentación sana, etc.

2.   Que entre dichos juguetes algunos estimulen el deporte y no el sedentarismo. Siempre serán bien recibidos una bicicleta, un par de patines, un balón de fútbol, un traje de baño o un gorro de natación, o inscribirlos en su actividad física favorita. Esto, además de beneficiarlos en su salud física y emocional, les ayuda a trabajar en equipo y a compartir.

3. Que no los malacostumbren o vuelvan “consentidos” (léase “pechichones” en el argot costeño) desde pequeños, regalándoles juguetes costosos (fuera del alcance económico de la familia), o que van en contra de la naturaleza olvidando opciones de compras más económicas y amigables con la misma como son los juguetes artesanales, sin empaques sofisticados, adecuados a cada edad y con materiales naturales y biodegradables, en los que se paga el producto, y no su publicidad.

4. Que no nos dejemos contagiar de influencias comerciales extranjeras (Papas Noel, muñecos de nieves y otros productos comerciales estrechamente vinculados a la sociedad de consumo), los cuales acaban con nuestras tradiciones tales como las novenas, los aguinaldos, las cenas navideñas con natillas y buñuelos, con villancicos acompañados de risas de chiquillos y de misas de gallos.

5. Que no hayan más menores quemados con pólvora gracias a la desafortunada orientación de descriteriados adultos (padres, familiares o vecinos), que les suministran dinero o materiales explosivos para su “diversión”.

6. Que los mayores no cojan esta sagrada fecha familiar dedicada a los niños para organizar fiestas y reuniones sociales con invitados extraños, y en las que hay ruidosa música trasnochadora, alto consumo de alcohol, cigarrillo y otras sustancias.

7. Que los niños, en esta o en otras épocas del año, no sean utilizados para trabajar o inspirar lástima pidiendo limosnas en las calles, resolviendo problemas económicos familiares que generaron los adultos.

En una edad en que debieran estar jugando o soñando o centrados en sus estudios la pasan rodeados por adultos y defendiéndose en un agreste mundo laboral con horarios excesivos, alejados de la protección segura de sus padres, la sociedad y el estado.

A muchos de ellos se les explota miserablemente recompensándoles con apenas el suministro de alimentación o cualquier chuchería o dádivas, que en su mayoría van al bolsillo de sus padres necesitados.

Son niños y jóvenes prematuramente endurecidos por la temprana exposición a la calle haciendo todo tipo de faenas: vendiendo dulces en los buses, preparando comidas, cuidando o lavando carros, recogiendo basuras, en el servicio doméstico, haciendo de malabaristas callejeros, empacando compras en supermercados o realizando trabajos informales.

8. Que los infantes del mundo no sean objeto en una edad precoz de apetitos sexuales de depravados adultos llenos de frustraciones e infortunios. Que nunca más un menor sea tomado para actos de pornografía, prostitución. En este mismo sentido que nunca los infantes sean influenciados por mayores en el consumo de tabaco, alcohol o drogas.

9. Que los adultos no solo en estos días navideños sean solidarios con los niños y las familias pobres o desplazadas por la violencia, o crisis sociales (caso venezolano) si no que muestran esa misma disposición de apoyo durante los restantes meses del año.

10. Que se recuperen al interior de la familia aquellos valores que permiten una convivencia en paz y en el que nos acerquemos con amor y no con odio, a nuestros congéneres y a la naturaleza. Que cese en el hogar la violencia contra niños, adultos, ancianos y animales.

Que en las relaciones de pareja, de familia, de amistad, de trabajo o de vecindad se restablezca esa confianza en el cumplimiento de la palabra y esa fidelidad y sinceridad mutua que se tenía en tiempos atrás en las familias colombianas Bien dicen que el sueño y la esperanza son los dos calmantes que la naturaleza concede a los seres humanos.

Con información de: Roque Herrera M.

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