Festival de orquestas: una maratón musical con 50 años de sabrosura
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El nuevo escenario del Festival de Orquestas es la Plaza de La Paz.
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Jonathan Díaz Cárdenas

Festival de orquestas: una maratón musical con 50 años de sabrosura

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Este espectáculo nació en 1969 en el demolido Coliseo Cubierto (I)

El 17 de febrero de 1969, lunes de Carnaval, se realizó en Barranquilla el primer Festival de Orquestas que este año conmemora 50 años; sus flamantes y exitosas Bodas de Oro. El evento nació sin muchas pretensiones distintas a aquella de reunir en un solo escenario las principales  agrupaciones que actuaban en el Carnaval; y ofrecérselas al pueblo que no tenía los recursos para disfrutar de esta música los cuatros días de carnestolendas. Sin embargo, en poco tiempo el Festival alcanzó no solo importancia nacional entre los grupos locales, sino que las grandes orquestas internacionales que nos visitaban hacían todo lo posible por exhibir en sus vitrinas el Congo de Oro, trofeo que se institucionalizó para los ganadores. La historia del que inicialmente se llamó Festival de Orquestas, Combos y Conjuntos, se remonta dos años atrás de su inicio, a 1967; y no fue un evento precisamente a nivel competitivo. La simiente del Festival fue la presentación de algunas orquestas que tocaban en el Carnaval, para reunir recursos con destino a una obra benéfica: construir el segundo piso del albergue infantil del Club de Leones. Rubén Navarro Serge, presidente de la entidad, lanzó la idea y habló con Gabriel Martínez Aparicio, entonces presidente de la Junta del Carnaval.

La propuesta fue aceptada y el Festival se realizó en el estadio Tomás Suri Salcedo (actual Elias Chegwin). Actuaron Lito Barrientos y Alfredo Mojica, dos orquestas de El Salvador; Armando Bossa, de Panamá; el soledeño Pacho Galán, y el barranquillero Pete Vicentini. Fue un éxito total. Dos años después (1969) arrancó el que conocemos aprovechando la experiencia de 1967.

El periodista Efraín Peñate, que junto a Tomás Barraza Manotas (QEPD) fueron los primeros presentadores de esta primera maratón musical, dijo a AL DÍA que el gran impulsor del evento fue el pianista y percusionista barranquillero Arturo López Viñas (QEPD).

“Arturo buscó a los músicos más prestigiosos de la época para que participaran. Por eso hay que reconocerlo como el arquitecto de esta fiesta. En ese entonces  tenía 30 años y el brío suficiente para darle vida al evento, una idea que toda la vida le había rondado por la cabeza.

“Lo conocí cuando él tenía 9 años, en el programa infantil La hora de los niños, que se emitía los domingos por La Voz de Barranquilla. A los 14 años se convirtió en pianista y director de orquesta, era muy disciplinado, y eso le permitió tomar las riendas del Festival. Luego se radicó en Miami donde se hizo amigo de grandes salseros como Rafael Ithier, Eddie Palmieri, Tito Puente y Johnny Pacheco, a quien le entregó una de sus composiciones más sonadas, La blusita colorá, grabada por la Fania All Star. Esas relaciones las explotaría para traer más grupos de renombre a nuestras fiestas”, rememoró Peñate.

En diciembre de 1968 Efraín Peñate asumió la gerencia de Radio Olímpica y respaldó a López Viñas en la promoción del Festival de Orquestas. “Yo era un apasionado a la producción de programas culturales, especialmente los que tenían que ver con Carnaval, por lo que asistía a las reuniones de la junta organizadora del Festival y pude evidenciar el liderazgo de Arturo, él me nombró presentador y durante una década vi desfilar a grandes estrellas por el Coliseo”. 

EL PUEBLO CUMPLIÓ A LA CITA

Los inicios de 1969 estuvieron marcados en Barranquilla por noticias positivas. La prensa destacaba la entrega de 25 radioteléfonos para uso de las fincas atlanticenses, a efectos de facilitar la vigilancia entre ganaderos y agricultores.

Los barranquilleros comenzaban un nuevo año entretenidos con los estrenos en la pantalla gigante de las cintas Entre Oriente y Occidente, melodrama protagonizado por William Holden y Jennifer Jones, y La cigarra está que arde, una comedia argentina.

Y en cuanto al Carnaval, que se realizó entre el 15 y 18 de febrero, se anunciaba como gran atractivo el primer festival de orquestas. La reina de las fiestas era Luz Helena Restrepo, que en 1968 había conquistado para el Atlántico la tercera corona en el reinado nacional de la belleza en Cartagena.

El escenario para el Festival de Orquestas fue el coliseo cubierto Humberto Perea, e inició a las 12 del mediodía.

En un aviso publicitario publicado el 15 de febrero en los periódicos El Heraldo y Diario del Caribe, la Junta Permanente del Carnaval anunció para los ganadores los premios Congo de Oro.

En esa primera edición tocaron la Billo’s Caracas Boys, Los Melódicos, Los Blanco, la Orquesta La Playa (de Venezuela; los Chavales de España, la Orquesta de Pacho Galán, la Orquesta de José Ramón Herrera, los Hermanos Villamizar, de Cúcuta; los Corraleros de Majagual, Alfredo Gutiérrez, Michi Sarmiento, los Teen Agers de Medellín, la Sonora Sensación, la Sonora del Caribe de César Pompeyo, los Hermanos Martelo, Pello Torres y sus Demonios del Ritmo y Los Cinco de Oro. 

Los precios para ingresar al coliseo eran $20.00, $10.00 y $5.00, que no eran tan accesibles si se tiene en cuenta que para ese entonces el salario mínimo estaba fijado en $519. Ese mismo año Celia Cruz cantó en el Hotel El Prado acompañada de la orquesta de Pacho Galán, y la entrada costaba $50. 

Dado el éxito taquillero del Festival, con lleno absoluto en todas las localidades (unas 5 mil personas), comenzó a funcionar el llamada ‘carrusel’, en el que los boletos de entrada no eran desechados sino revendidos por porteros corruptos, poniendo en riesgo la seguridad de los asistentes debido al sobrecupo.

Fue una locura colectiva que se extendió hasta la medianoche”, contó López Viñas en unas memorias a las que AL DÍA tuvo acceso. 

VIÑAS PASÓ DE ORGANIZADOR A CONGUERO 

Arturo López Viñas contó en esta misma rememoración, que los Blanco de Venezuela fue la primera agrupación en tocar en el Festival. Sin embargo, aclaró que ese honor lo tenía asignado Alfredo Gutiérrez, pero no llegó a la hora citada.

Por la insistencia del público convencí a los Blanco de subir a tarima. En principio se negaron porque el conguero se les había perdido entre la multitud. Entonces me la jugué toda y convencí a Celio, el director, de que yo reemplazaba al de las congas, pues era un experimentado percusionista. Logré que empezáramos con Volando, calmando así los ánimos del atiborrado gentío”, escribió López Viñas.

Las actuaciones de la Billo’s Caracas Boys contaron con José Luis Rodríguez, quien luego sería llamado El Puma. “El público le ondeó los pañuelos, su interpretación fue romántica y dramática, dejó a todos con la piel de gallina”, agregó López.

Un hecho curioso ocurrió cuando Alfredo Gutiérrez llegó al Coliseo Cubierto. El artista estaba triste por la poca asistencia que tuvo su actuación en el teatro Doña Maruja (carrera 44 No. 70-80), donde montaron caseta carnavalera. “Él no quería aceptar que había perdido su turno, y se valió de uno de sus trucos, incitando al público que delirante pedía fuese aceptado, y subió al entarimado. Desde allí con los dedos de los pies le sacaba notas al acordeón, haciendo que estallaran los aplausos”, rememoró.

Sobre ese momento histórico Alfredo Gutiérrez le contó a AL DÍA que él fue el único músico que supo manejar la pésima acútica que había en el Coliseo. “Estaban orquestas de renombre como la Billo’s, Los Melódicos y Los Blanco, pero uno tenía que hacer respetar la casa, así que coordiné con el sonidista y le dije que durante mi presentación le bajara tres puntos a cada canal de la consola para tener un sonido claro, ya que las paredes y el techo hacían eco y eso causaba cierta confusión. Quizás ese primer año no gané porque estaba cumpliendo un toque privado y me presenté tarde, pero al año siguiente volví y me quedé con el Congo de Oro. Recuerdo ese primer festival porque toqué el acordeón con los pies, hice Rock and Roll y hasta canté rancheras”.

LOS PRIMEROS MONARCAS

El jurado calificador estuvo integrado por Hans Federico Newman, director de la Escuela de Bellas Artes; Pedro Biava, Director de la Orquesta Sinfónica de Barranquilla; Alberto Carbonell, Luis Better y Pedro Altamar; profesores de música que dieron su veredicto bajo estas premisas: aceptación del público, interpretación musical, originalidad de los arreglos o la adaptación, coreografía y presentación personal.

Los ganadores de los primeros Congo de Oro fueron: categoría Orquesta Internacional, Billo’s Caracas Boys; y Orquesta Nacional, los Hermanos Martelo.

Mejor Conjunto Internacional fue escogido los Blanco de Venezuela; y en Nacional los Corraleros de Majagual.

Recibieron mención especial en Conjuntos, Michi Sarmiento y su Combo Bravo, y en Orquesta Los Melódicos de Venezuela. 

Los galardones a las orquestas y conjuntos ganadores fueron entregados en la velada de coronación de la reina internacional del Carnaval, cumplida la noche del martes en el mismo coliseo.

El Carnaval de 1969 fue calificado por la prensa como uno de los más desorganizados de los últimos años.

Los eventos populares gratuitos fueron un desastre, imperó el caos en los desfiles por la calle 72 que encabezó la reina Luz Helena Restrepo. Hubo consenso para trasladar de nuevo el Carnaval al Paseo Bolívar. La prensa reseñó el jueves 20 de febrero, que cinco personas fueron asesinadas durante los cuatro días de fiesta. Sin embargo, el punto a destacar fue el naciente Festival de Orquestas, que ahora celebra sus primeros 50 años. “El exitoso festival, que contó con la participación de cerca de 15 agrupaciones musicales, fue presenciado por algo más de cinco mil personas que colmaron literalmente las instalaciones del Coliseo”, reza una nota publicada en El Heraldo titulada: ‘Billos y Corraleros ganaron en el Festival de Orquestas’

 

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