Crisis de Venezuela también tocó a la Liga de fútbol
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Norman junto a su esposa y su hija.
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Efraín Cuadrado Mendieta

Crisis de Venezuela también tocó a la Liga de fútbol

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Dos futbolistas y un director técnico cuentan las penurias por las que pasaron en suelo venezolano.

La crisis política, social y de otros aspectos que vive Venezuela también tocó el deporte. La Liga de Fútbol de este país ha sufrido sobresaltos en su desarrollo de calendario con la suspensión de partidos por falta de luz y agua en los escenarios. Varios clubes han denunciado robos de utilería y objetos personales, incluso entre los mismos futbolistas.

Entre los afectados por la situación que se vive en balompié del hermano país hay también futbolistas colombianos que han sufrido por estas dificultades.

AL DÍA habló con Wilson Cuero, un futbolista colombiano de 27 años que milita en Mineros de Guayana del fútbol venezolano, quien contó los aprietos por los que ha tenido que pasar en ese país.

También habló Norman Cabrera, quien aunque desde la presente temporada juega en Platense de Honduras, los dos años anteriores había hecho parte de Estudiantes de Caracas y Angostura FC.

Afirma que en ese tiempo experimentó junto a su familia los rigores de un país que sufre por su situación actual.

Igualmente expresó su situación el conocido Diego Barragán, preparador de la Selección Colombia en la etapa en que fue director técnico Francisco Maturana.

Barragan dirigió hasta noviembre del año pasado a Yaracuyanos de la segunda división venezolana.

‘Salimos poco por la inseguridad’

En junio de 2018 el delantero vallecaucano Wilson Cuero, de 27 años, decidió cambiar de aires en su carrera y dejar el Real Linense de la segunda división B de España, para pasar a Mineros de Guayana por recomendación de su agente.

“Cuando llegué sabía a lo que venía. Yo sabía que el país tenía sus problemas, pero no estaba pasando lo que está pasando ahora, no pensé que la situación se fuera a agravar tanto. El tema acá es muy complicado, el torneo se ha parado varias veces por la falta de luz y agua, otras veces por la gasolina que hace falta para el transporte”, contó Wilson, quien en 2009 militó en Millonarios y de ahí para adelante desarrolló toda su carrera en España, hasta llegar a Mineros.

Wilson reside en una urbanización en Puerto Ordaz junto a su esposa Nanny Gómez y a su hijo Wilson Joel Cuero.

A pesar de que se considera una persona muy hogareña, sin duda el modo de vida les ha cambiado a él y a su familia. “Acá muchos vecinos venden algunos productos para el mercado, salimos poco, pero cuando lo hacemos vamos a un centro comercial y con mucho cuidado, aunque acá no se ven tantos problemas como en Caracas o en Táchira, donde la violencia es pan de cada día”, manifiesta.

Está muy agradecido con Mineros por darle la oportunidad de desarrollar su carrera, pero confiesa que se siente incómodo e intranquilo por el hecho de que su esposa e hijo también se ven afectados por tanta crisis, y sí le gustaría cambiar de aires.

“Cuando llegué me sentía bien, pero en este segundo torneo que estoy disputando con todo el tema político y social, ya es incómodo para mí. Me da temor por mi mujer y mi hijo, con el tema este de las intervenciones, yo no creo que pase, pero acá nunca se sabe”.

Wilson dice que se comunica con su familia en Neiva y que obviamente le han manifestado sus temores por la crisis que vive Venezuela.

“Ellos están preocupados, pero yo les digo que en Puerto Ordaz es relativamente normal todo. Ojalá se termine este tema y se pueda seguir desarrollando el fútbol en este país, porque esto es de lo que vivimos”, precisó.

‘Me fui de Venezuela por mi familia’

El delantero vallecaucano Norman Cabrera llegó en 2017 a Estudiantes de Caracas a cumplir su quinto ciclo en el fútbol venezolano. En esa ocasión llegó procedente del Deportivo Coopsol de la segunda división de Perú.

“Yo llegué por primera vez a Venezuela en 2009 para jugar en el Vigía de Mérida, y me encontré con un país común y corriente, con decirte que con mejores condiciones económicas de las que tenía en el América de Cali. Estaba muy feliz en ese aspecto, no habían problemas políticos que se pudieran visualizar, todo normal y mi primer año fue casi perfecto”, contó Norman.

Para el 2011 cuando cumplió su segundo ciclo en Venezuela, llegó a Estudiantes de Mérida procedente de Millonarios, y se encontró con un país totalmente distinto. “A medida que pasó el tiempo la situación de Venezuela se fue agravando,  pensaba que como futbolista ese tipo de cosas no nos tocan, porque tal vez vivimos una realidad diferente. Yo entrenaba y llegaba a mi apartamento y no veía lo que pasaba en las calles. Cuando empezamos a viajar a otras ciudades sí me di cuenta de que habían colas enormes de gente para comprar una botella de aceite y una bolsa de arroz, era impresionante”.

Norman contó que también fue víctima de los ladrones, otro tema que azota a Venezuela en medio de su crisis. “La primera vez fue a mí solo pero no me pasó nada. Luego fue cuando militaba en Tucanes en 2015, un día íbamos con todo el equipo en el bus en una madrugada, trancaron la calle y se montaron como diez sujetos armados a robarnos todo. Fue un punto de partida para empezar a firmar mi salida de Venezuela”.

Otra de las causas por las que decidió irse de Venezuela fue por su familia. “Primero me aguanté porque mi esposa (Mileidy Ariza) e hija (Danna Cabrera), son venezolanas y ellas tenían todo allá, pero luego nos tocaba ir hasta Cúcuta a hacer un mercado de un millón de pesos para que nos rindiera tres meses sin tener que salir a las calles a hacer cola para comprar comida. Ahí me di cuenta también que muchas personas de allá sufrían mucho, porque todo lo vendían muy caro, los productos, no entendía cómo hacía para vivir la gente que vive del sueldo mínimo allá”.

A pesar que económicamente estaba bien, la seguridad lo obligó a dejar el fútbol venezolano y pasar de Estudiantes a Platense de Honduras, a mediados del año pasado. “Yo estaba ganando bien, tengo una casa en Trujillo, pero no me sentía tranquilo con mi familia allá. Mira que a veces teníamos energía diez horas al día, el agua se iba cada dos días, una pipeta de gas me costaba 200 mil pesos colombianos, en fin, hasta que me decidí, me vine para Honduras. Anhelo sinceramente que Venezuela mejore, es un país hermoso”.

‘Se roban entre los jugadores’

Solo cinco meses aguantó Diego Barragán como director técnico en el fútbol venezolano. En julio del año pasado aceptó un ofrecimiento para dirigir a Yaracuyanos, pero en diciembre le incumplieron con los pagos y regresó a Colombia.

“Dirigir allá es muy duro. La persona que me convenció me dijo que el fútbol venezolano vivía en una burbuja y la situación social y política no lo tocaba, pero mentiras, allá adentro me di cuenta que dentro de los mismos equipos sufren de una forma que usted no se imagina, al punto que se roban entre los mismos compañeros, para poder subsistir”, dice Barragán.

El DT caleño quedó afectado emocionalmente por muchas situaciones que vivió allá, entre estas el tema de la alimentación. “Una vez en una concentración estábamos almorzando y yo tenía prohibido sacar celulares. De pronto vi a un jugador tomándole una foto al plato, luego que terminamos le pedí una explicación, y me dijo que le estaba tomando una foto al pollo para mandársela a su familia, que tenían como tres meses que no veían esa comida, ¿qué le podía decir yo a ese muchacho?”.

“Gente del club me dijo que para los viajes a otras ciudades no lleváramos nada, porque en el camino nos robaban. En los hoteles no nos daban toallas con la excusa que después no había agua para lavarlas, además los robos entre los mismos compañeros de equipo, fueron cosas que también influyeron en mi salida”, concluyó el estratega de 62 años.

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