Historias

Así contaron los familiares de Policías muertos en atentado en Urabá cómo fueron sus últimos días

Historias de los patrulleros residentes de Sabanalarga.

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Uno de los temas ineludibles ayer entre la gente en Sabanalarga era el dolor por la muerte de tres de los policías que cayeron en el atentado terrorista en el Urabá antioqueño. Dos son oriundos de esa población y el otro de Sincelejo, pero acogido en esa comunidad hace cinco años.

El municipio está gris y el entusiasmo cotidiano se transformó en desconsuelo. “A uno le duele porque eran de la misma tierra. Es un golpe muy duro para su familia y queda la impotencia de saber que la gente sigue muriendo, así nada más, porque otros vienen y los matan sin piedad”, dice Miguel, uno de los mototaxistas que hacen parada en la esquina cercana a la casa donde ayer familiares y amigos llegaron a darle el pésame a la familia de Jorge Pacheco Solano, uno de los policías sabanalargueros caídos en la tragedia.

En el brutal ataque ocurrido el miércoles murieron ocho uniformados que escoltaban a una comisión de la Unidad de Restitución de Víctimas, en la vereda El Tomate, jurisdicción del municipio San Pedro de Urabá (Antioquia).

[VER: El terrible atentado que dejó 8 policías muertos]

La casa de Pacheco Solano está situada en la carrera 22 con calle 22. En la mañana de ayer la familia ya recibía la solidarida de sus vecinos que se congregaban frente a la vivienda. Adentro unas mujeres lloran al tiempo que rezan el rosario y tratan de consolar a Temy Solano, la madre de Jorge.“Mi hijo siempre quiso ser policía. A los 16 años se graduó en el colegio La Industrial y me dijo que quería entrar a la institución. Él estaba feliz, pero cuando supo que su remisión era para el Urabá se quiso retirar, porque sabía que se exponía más que en otras zonas”, recuerda Jorge Pacheco, padre del uniformado.

En Semana Santa Jorge tuvo descanso y se los pasó con su compañera y su familia en Sabanalarga. “Él dormía allá donde su mujer, pero tempranito se venían para acá a pasarse el día entero con nosotros. Jugó bastante fútbol en el campito y compartió mucho con sus compañeros. Cuando ese muchacho llegaba, el barrio se sentía más alegre”.

A las 5:30 de la mañana del domingo pasado su familia lo acompañó a la terminal de transporte para el regreso. Su pareja, Elizabeth Osorio, dijo ayer que en los días en que estuvo con ella lo notó triste. “Me dijo que no se quería ir porque estaba muy lejos, que yo estaba embarazada, y no quería estar lejos de nosotros. El sábado llamó al sargento y le dijo que iba a pedir la baja, pero él le dijo que no, que esperara que en mayo lo iban a devolver a Morroa, donde estaba antes”.

Hace cuatro meses, Elizabeth se enteró que en su vientre llevaba un hijo de los dos. “No sé todavía si es niña o niño, pero él siempre se refería al bebé como su hija. Estaba muy entusiasmado, apenas supimos del embaraza nos fuimos a vivir juntos”, comenta la mujer de 22 años. “Creo que es Emma Sofía, así quería Jorge que se llamara, aunque si sale niño le voy a poner Ian Steven o Luis Miguel”.

Además de servir por cinco años a la institución, Jorge Pacheco Solano tenía un sueño adicional al de ser policía, quería estudiar medicina y especializarse. “Mi hijo era el mejor de todos, muy bueno, atento. Con sus hermanitos no quería fiesta, me decía que le iba a pagar los estudios a Juan Sebastián, el que le sigue. Siempre estaba pendiente de Valeria y Jorge Luis, sus hermanitos menores”, agregó desconsolada la madre.

Al mediodía del miércoles la peor noticia que podían recibir golpeó su puerta: su hijo mayor había muerto por la violencia que aún hoy sigue desangrando al país. Elizabeth trata de tranquilizarse y se soba el vientre, llora y se seca las lágrimas; dice que es por el bien del bebé. “Ayer (miércoles) en la mañana, como a las 3:50, antes de irse a trabajar, me dijo un poco de cosas: que le cuidara mucho a su hija, que él me amaba, que todo iba a salir bien. Que iba a buscar que lo trasladaran rápido. Pero ahora ya no está y a mí me va a tocar criar a mi hija sola con el recuerdo de su papá”, dice la joven viuda.

A unas cuadras de ahí, Lucía Hoyos sufre la misma pérdida que Elizabeth: Never Sierra Franco, su compañero, falleció en el mismo atentado. “Yo lo conocí acá en Sabanalarga, pero él era de Sincelejo. Un día estábamos en una discoteca y empezamos a hablar, las cosas se dieron y hace dos años y medio nos fuimos a vivir juntos”.

La última vez que Lucía vio a Never fue durante los días de Semana Santa, estuvo en Sabanalarga y en Sincelejo. “Me dijo que no se quería ir porque cuando estaba acá hubo un combate y mataron a uno de sus compañeros. Me decía que eso estaba muy peligroso y que quería venirse para acá”.

El temor y el presentimiento de Never se cumplió, pues según afirma Lucía, en varias ocasiones le dijo que creía que le pasaría algo pronto.“El martes hablamos todo el día, estaba pendiente de mí porque yo estaba enferma. En medio de todo me decía que estaba alegre porque ya se le iban a cumplir los días para venirse. Siempre me decía: ‘Yo sé que me voy a morir en un combate de esos”.

La mujer de 25 años recuerda que Never siempre le hizo saber lo feliz que estaba de pertenecer a la institución. “Él amaba ser policía y yo siempre lo cuestionaba, que porqué estaba allá, pero él estaba bien y feliz, hasta hace unas semanas que empezó con la intranquilidad”.

En Sabanalarga aguardan los cuerpos de sus seres queridos, y esperan que este tipo de actos no siga llenando de dolor a familias humildes. “Ya basta de sufrir por esto. Ellos trabajaban por la patria y tienen familias. Esta violencia tiene que parar”.

Le faltaba poco para el traslado

El 14 de marzo, el patrullero Darlin Rodríguez se despidió de su familia en Suan (Atlántico) para unirse a sus compañeros en Morroa (Sucre). Había estado compartiendo con su familia desde diciembre, pero le tocaba regresar a sus funciones. “Pasamos Navidad y Año Nuevo juntos, también Carnaval, hicimos sancocho y todo. La pasó muy feliz. Qué tristeza la que sentimos hoy”, dice Keyla, su hermana menor.

José Luis Díaz afirma que Darlin no era su primo ni su amigo, era su hermano. “Era mi mejor amigo, mi sangre. El martes hablamos durante una hora por teléfono. Me dijo que quería venirse, le faltaba una semana para el traslado, desafortunadamente lo mataron".

Con información de: Lorayne Solano.