ESPECIAL | ¡Lucho, el toro me alcanzó!
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Edith Isabel Torres de Cervantes, esposa de Luis Eduardo Torres Cervantes, relatando su tragedia. | Jhonny Olivares
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Andrés Gaitán García

ESPECIAL | ¡Lucho, el toro me alcanzó!

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El sacrificio por amor del hombre que dio la vida por su esposa en la corraleja de Usiacurí.

Entre los cachos del toro que se es­capó de una corraleja terminó el amor de dos esposos que iban a cumplir 43 años de casados este di­ciembre. AL DÍA dialogó con Edith Isabel Torres de Cervantes, esposa de Luis Eduardo Torres Cervantes, 62 años, el hombre que murió al ser corneado el pasado lunes festivo, durante el cierre de las fiestas de la Virgen del Tránsito, en Usiacurí.

Edith, de 60 años, contó que su espo­so era aficionado a todo tipo de fiestas populares, especialmente a la corraleja, pero más que por los toros le gustaba ir por el ambiente: encontrarse con amigos, tomarse unos tragos y charlar. “Tengo tantos amigos que a veces no veo los to­ros, me pongo a hablar con el uno y con el otro, y se va el tiempo”, le confesó días antes de morir.

La pareja había establecido un ritual en torno a la corraleja. Edith es miedosa y no le gusta la corraleja. La altera mu­cho el ruido que hacen los toros al cho­car contra las tablas porque cree que en cualquier momento el animal se va a salir.

Luis, o Lucho, como le decía ella; o Apa, como lo llamaban sus nietos; era un cam­pesino recio, acostumbrado a los animales y a la siembra. Siempre se levantaba a las 6:00 am; a las 10:00 ya estaba en el monte y a las 4:00 pm de vuelta en casa, jugando con alguno de sus nueve nietos o los tres bisnietos.

“El arreglo que teníamos era que él se iba primero a la corraleja, a eso de las 3:00 de la tarde, se juntaba con sus amigos, y cuando ya estaba para terminarse la co­rrida yo llegaba, tipo 5:30, 6:00 pm, lo acom­pañaba a lo último y nos veníamos para la casa”, recordó la mujer.

El ritual se cumplió sin contratiempos viernes, sábado y domingo de fiestas pa­tronales.

El lunes festivo Lucho salió a las 3:00 de la tarde de su casa, situada en el barrio 19 de Mayo, a pocos metros del lugar donde levantaron la corraleja. Como siempre lle­vaba su sombrero. Edith hizo tiempo y se fue a visitar a su suegra, hablaron de to­do, especialmente del extraño gusto de los hombres por las corralejas y los toros, algo incomprensible para ellas. Antes de irse llenó una bolsa plástica con guayabas que se estaban pudriendo en el patio de la suegra, las llevó a su casa. y casi a las 6:00 de la tarde se encaminó hacia la corraleja.

“Estaba medio llena, lo reconocí inme­diatamente, estaba de espaldas charlan­do con un poco de señores. Me saludo di­ciéndome que un toro acaba de cornear a un hombre que se había lanzado al ruedo, se lo habían llevado muy grave y tal vez no se salvaba”.

 ‘ME COSEN Y MAÑANA VUELVO’

A pesar de ser un hombre de campo Luis nunca, en toda su vida, se lanzó al ruedo a retar un toro. Cuando la pareja se alistaba para irse escucharon el grito: “¡Se salió un toro!”. No se alarmaron porque creyeron que era una mamadera de gallo, típica de las corralejas.

Pero era verdad. Un animal de unos 400 kilos se había colado entre dos maderos y salió del ruedo a la calle. La mayoría co­rrió, pero Lucho y su mujer quedaron pa­ralizados frente a la bestia embravecida por el maltrato, y desesperada por salir a campo abierto.

“¡Lucho, el toro me alcanzó!” cuenta Edith que pudo gritar cuando sintió que el animal se la llevaba entre los cachos.

De ahí en adelante todo es borroso. La mujer recuerda que la cubrieron ti­nieblas y luego una repentina claridad. Cuando abrió los ojos estaba tirada a la orilla del arroyo con el pantalón roto y un dolor intenso en el glúteo derecho.

Me salve porque la tela del pantalón era sedosa, se rompió entre los cachos del toro y el animal me tiró lejos”, sos­tiene. Con el pavor de la muerte encima Edith corrió y se resguardó en la casa de Charry, un vecino.

“Ahora me dicen que el toro me dio tres vueltas y me lanzó”, afirmó.

También le contaron que el toro la iba a volver a enganchar cuando salió a correr, pero su esposo se interpuso y con el som­brero llamó la atención de la bestia que se le vino encima y lo embistió de frente.

Fueron dos cornadas: la más grave en el pecho, le comprometió los pulmones; la otra en la pierna derecha.

Antes de que lo subieran en la ambu­lancia el campesino le alcanzó a respon­der a un nieto que le preguntó ¿Apa, qué te pasó? “Nada mijo, no es nada, el toro me puyó pero ahora van y me cosen y ma­ñana estoy en la casa”, le dijo tal vez cre­yendo que la cosa iba a ser fácil.

Lucho no sabía que la hemorragia era interna, y cuando llegaban al hospital de Baranoa se estaba asfixiando. Luego una doctora que nos conoce nos dijo que no duró mucho después de que entró”, rela­tó con tristeza Edith.

SIGUIÓ LA FIESTA

Lucho y su esposa son usiacureños de pura cepa, nacidos y criados en el pue­blo, y lo que verdaderamente tienen in­dignados a sus familiares y allegados es que la corraleja siguió como si nada, a pesar del accidente con el toro y también después de que se conoció la muerte de Luis Eduardo.

La fiesta se suspendió cuando los fami­liares y amigos de la víctima se molestaron y exigieron respeto para su memoria. De hecho, después de esta experiencia, los Torres Cervantes no quieren volver a sa­ber nunca más de corralejas.

“Nosotros no tenemos ningún problema con el alcalde, ni con los organizadores de la corraleja, hasta el momento no vamos a de­mandar a nadie, pero lo que hicieron con mi papá fue una falta de respeto, seguir la fies­ta después de lo que pasó fue algo que nos llenó de tristeza”, afirmó un hijo de Lucho, quien pidió no revelar su nombre.

Edith está asimilando el golpe. A veces piensa que si hubiera llegado más tempra­no a la corraleja tal vez su esposo estaría vivo, porque se habrían regresado juntos antes de la tragedia, o que si no lo hubiera encontrado tan rápido “él hubiera podido correr del toro en vez de protegerme y dar la vida por mí”, aseguró la mujer.

CORTE REVIVIÓ LAS CORRIDAS

A principios de esta semana la Corte Constitucional anuló una decisión que había tomado en febrero del año pasado, y que incluía las corridas de toros en la lis­ta de eventos en los que se comete mal­trato animal.

Ese fallo le había dado al Congreso dos años de plazo (que se cumplen en el 2019) para legislar sobre esta materia antes de que las corridas comenzaran a ser consideradas como conductas pe­nalizadas.

El nuevo fallo de la Corte se dio por­que, según la Sala Plena, esa anterior de­cisión había desconocido el precedente jurisprudencial (otro fallo del 2010), que establecía que se debían respetar las co­rridas en los municipios donde esa prác­tica tuviera un arraigo cultural.

La Corte también dice que el anterior fallo desconoció que la única autoridad que puede penalizar las corridas de to­ros es el Congreso.

El primer efecto es que las corridas de toros no quedarán penalizadas a partir del 2019, como se había establecido en el anterior fallo. Tampoco el rejoneo, las novilladas, el coleo, las corralejas y las peleas de gallos

El segundo, es que la posición juris­prudencial que sigue vigente frente a las corridas y demás eventos con animales es la que la Corte Constitucional tomó en el 2010.

En el fallo del 2010 la Corte dijo que la tauromaquia es permitida siempre y cuando se entienda que los animales de­ben recibir protección especial contra el sufrimiento y el dolor durante el trans­curso de esas actividades.

También dice que esas prácticas solo pueden desarrollarse en los municipios donde tienen una tradición regular, pe­riódico e ininterrumpida, es decir, no po­dían extenderse a ciudades donde nunca se han hecho, ni en temporadas que no sean las habituales.

Y estableció que las autoridades muni­cipales “en ningún caso podrán destinar dinero público a la construcción de ins­talaciones para la realización exclusiva de estas actividades”.

*Con apoyo de Eliana Almarales.

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