El hambre y la sed casi lo momifican
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En las más precarias condiciones fue encontrado Montero.
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Redacción ALDIA

El hambre y la sed casi lo momifican

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El hombre fue hallado en cercanías de Cañaverales, en San Juan.

Cuando empezaron a circular las primeras imágenes del hombre que parecía una momia, la comunidad en el departamento de La Guajira no le dio importancia por la crudeza de las imágenes y por el impresionante parecido de sus rasgos faciales con los hindúes, y sencillamente, no podía estar sucediendo esto en Colombia y particularmente en la península, donde nadie niega un bocado.

 La verdad es diferente, Johnny Montero, de 36 años, es tan colombiano como cualquier cesarense, departamento del cual él es oriundo y de donde llegó a Cañaverales, un corregimiento de San Juan del Cesar, hace cerca de dos meses, según dijo un jornalero que lo veía con frecuencia deambulando de un lado a otro entre fincas, sin rumbo fijo.

Orlando, trabajador de una de las haciendas cercanas a la vereda Caña Boba, a un lado de Sabaneta, otra de las fincas conocidas en la región, le ayudaba con algo de alimento cuando lo encontraba, sin saber que se  trataba de un enfermo mental que aparentemente se había fugado de un centro de recuperación en Valledupar.

Le extrañaba no verlo durante los últimos 15 días, pero mientras  buscaba las vacas hace tres días lo encontró en las más precarias condiciones de salud posible. Lo primero que hizo fue entrevistarse con su amigo, el corregidor de Cañaverales, Miguel Quintero, y le contó sobre el estado del joven indicándole que era probable que no amaneciera vivo por lo que había visto.

Lo salvó el profe Miguel

Miguel, que también es docente en el colegio de Cañaverales, con el permiso de sus superiores, ayer se ausentó desde la mañana, se metió al monte hasta cuando lo pudo hallar. “Nada más me movía la mano y en una voz que parecía un susurro, me pedía agua. Le busque agua, le llevé gaseosa, le volví a llevar agua y parecía que no calmaba la sed. Luego fui por ayuda al pueblo, mandé las primeras imágenes a un periodista, empezaron a llamarme y burlarse de mi porque pensaron que era mentira”, manifestó el corregidor del pueblo que pudo ser la meca del carbón con la empresa MPX del entonces zar del carbón, Eike Batista.

Cuando descubrieron que era cierto y que el hombre estaba tirado bajo un árbol en la vereda Caña Boba y que no era un montaje sino una dolorosa realidad, muchas empresas ofrecieron ambulancias y el teléfono de Miguel casi colapsa de gente pidiendo información en todo el país.

El periodista Hamilton Daza fue el primero en hacer públicas las dramáticas fotografías y fue consultado de todo el país para indagar sobre la veracidad de las imágenes.

Todas las garantías en el hospital

Johnny fue llevado hasta el Hospital San Rafael en San Juan del Cesar, allí ingresó de urgencia, lo bañaron, limpiaron e iniciaron el trabajo de rehidratación.

Volvió a pedir agua y comida. A su lado permaneció siempre Miguel Quintero, pues no permitía que otra persona le pusiera la mano y con su salvador parecía todo diferente.

La noticia corrió como río desbordado en todas las direcciones hasta llegar a oídos de un hermano en Fonseca y una hermana en Valledupar.  Ayer tarde habían llegado al hospital para conocer la suerte de Johnny.

En poco tiempo su imagen de momia con impecable dentadura pasó a la de un ser que podía articular palabra, pedir agua y rechazar a muchos, menos a Miguel, el corregidor de Cañaverales, a quien le correspondió el trabajo de quitarle la poblada barba para convertirlo en un ser completamente diferente al que había encontrado en Caña Boba.

Al cierre del día, cuando ya caía el manto de la noche, Miguel dijo que se iba y el enfermo protestó, le pidieron que se hiciera una foto y Johnny lo permitió solo cuando la cámara estuvo en manos de Miguel, como agradeciendo con lealtad el hecho de haberlo regresado a la posibilidad de seguir viviendo.

‘No es justo’

La defensora del Pueblo, Soraya Escobar, no conocía a fondo el caso de Johnny Montero, pero en líneas generales indicó que no es justo que esto pase.

“La gente no se puede seguir muriendo en Colombia porque no le presten tratamientos de salud, si en La Guajira no hay centros de recuperación para enfermos mentales, las EPS tienen la obligación de contratar donde sea y remitir a los pacientes y deben ser los alcaldes y gobernadores los que hagan valer la ley en este sentido, ahora bien, si los pacientes no están asegurados, entonces las secretarías de salud deben ordenar los tratamientos con sus recursos, pero en ningún caso un ser humano no debe llegar a una condición de postración, de tal manera que es hora de que se le pidan cuentas a los que no cumplen con sus obligaciones”, dijo la delegada del Defensor Nacional.

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