ESPECIAL | Familiares de la joven asesinada en Baranoa exigen resultados en las investigaciones
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Con este pequeño altar los familiares de Dayana rinden tributo a su memoria.| Al Día
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Andrés Gaitán García

ESPECIAL | Familiares de la joven asesinada en Baranoa exigen resultados en las investigaciones

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“Descansaré el día en que capturen al asesino de mi hija”.

Se cumplen hoy 33 días exactos del asesinato de Dayana Lucía Solano Sanjuán, la joven de 20 años cuyo cadáver fue encontrado en la parte posterior de un comedor colegial situado junto al Parque Espejo de Agua, en el municipio de Baranoa.

Hasta el momento las investigaciones no han producido resultados y los familiares de Dayana temen que el caso quede en la impunidad y engrose la abultada lista de homicidios sin resolver del departamento del Atlántico. María Lucía Sanjuán, madre de Dayana, habló con AL DÍA e hizo un dramático llamado a las autoridades para que se “muevan” y capturen al asesino. “Quien tenga hijos entiende que lo único que me daría descanso es saber quién la mató y por qué lo hizo”, afirmó.

La acongojada madre lleva un mes largo esperando que las autoridades le informen los resultados de las pruebas de ADN que le hicieron al tejido humano que extrajeron de las uñas de Dayana, quien con sus últimas fuerzas arañó a su asesino.

LAS ÚLTIMAS HORAS

El homicidio de Dayana ocurrió entre las 7:00 p.m y la medianoche la noche del lunes 26 de marzo. Se presume que la muchacha llegó al sector donde la encontraron muerta en compañía de un hombre quien trató de forzarla a tener relaciones íntimas y al ella negarse la golpeó y la ahorcó.

María recordó que la mañana del día de su desgracia, Dayana salió a pagar los recibos públicos de la casa donde habitaba con su familia, conformada por su mamá, su hermano de 17 años, una tía con sus hijos y un tío. Después regresó, y a las 3:30 de la tarde la llamó al celular y le informó que le habían dado una cita para que a las 6:30 de la mañana del otro día se hiciera una tomografía en Sabanalarga, ya que había estado sufriendo de migraña.

Luego tenía otra cita de dermatología. Antes de colgar Dayana le confirmó que a las 6:00 de la tarde iba a ir al grupo católico de oración al que asistía, porque había procesión y no se la quería perder. Esa fue la última charla que tuvieron madre e hija. A las 9:30 de la noche María llegó a su hogar en el barrio La Esperanza, cansada de haber trabajado durante todo el día en un taller de modistería que queda cerca de la casa.

Tras recuperarse un poco notó que Dayana no estaba, la empezó a llamar al celular y supo que algo andaba mal porque el aparato estaba apagado. De 10:00 pm hasta la medianoche María, el novio de su hija y los tíos, hicieron más de 100 llamadas al celular de Dayana. Hasta las 3:00 de la madrugada recorrieron el pueblo en moto buscándola sin obtener ningún resultado.

“A la medianoche prendieron el celular de mi hija y timbró como 15 minutos, pero desviaban la llamada. Esa no era mi hija, era el asesino que se quedó con el aparato”, sentencia María con ojos enrojecidos. El cadáver de Dayana fue encontrada cuando amaneció por un celador del parque. A los pocos minutos María fue informada del terrible suceso y desde entonces siente que “me arrancaron el alma”.

En la escena del crimen encontraron los lentes que usaba Dayana, pero su celular no apareció. Para la familia el aparato es otra fuente de información que puede servir para desenmascarar al criminal ya que la muchacha manejaba todas sus redes sociales por ahí.

María considera que las autoridades pueden solicitar información al operador del celular para establecer quiénes fueron las últimas personas con las que habló su hija antes de salir de su casa supuestamente con rumbo al grupo de oración. “La versión que hemos escuchado es que ella se fue chateando, como si estuviera cuadrando una cita”, aseguró María.

EL EXTRAÑO MOTOTAXISTA

María sabe ahora, tras haber dialogado con los compañeros de Dayana, que su hija nunca llegó al grupo. Cuentan los testigos que la muchacha cogió una moto en la esquina de su casa y esa fue la última vez que la vieron con vida. Otro detalle extraño es que Dayana no tenía la costumbre de coger motos desconocidas, siempre le pedía a su tío que le buscara a alguien de confianza, pero ese día el tío no estaba en la casa.

Además el mototaxista que la transportó no aparece, nadie sabe quién es y no se ha presentado ante las autoridades para rendir versión y colaborar, algo anormal ya que el homicidio ha generado honda conmoción en la sociedad baranoera. María también piensa que a las autoridades les ha faltado hacer un rastreo de las cámaras de seguridad del pueblo.

“Si mi hija no se fue para el grupo ese mototaxista tiene que haberla llevado al parque y debe haber registro en algún lado”, afirmó desesperada. Y tiene razón porque el seguimiento a las cámaras ha permitido resolver casos importantes y difíciles como el asesinato del joven abogado Alejandro Ruiz Noriega, de 24 años, ocurrido el 15 de junio de 2017 en el barrio Nogales, en el norte de Barranquilla.

Gracias a la revisión de las cámaras de seguridad las autoridades pudieron capturar a Juan Carlos Niño Marchena, alias ‘Mama perra’, de 31 años; y René Andrés Freyle Escobar, alias ‘René’, de 29, quienes actualmente están siendo judicializados por este homicidio.

TRES INTERROGATORIOS

Una fuente judicial le informó al periódico AL DÍA que tres hombres han rendido declaració por el asesinato de Dayana. El primero fue su novio al momento de su muerte, un joven del mismo barrio, quien se mostró prestó a colaborar en todo.

El segundo fue un exnovio de Dayana que tiene fama de problemático y hasta enero de este año la acosaba por redes y la seguía molestando.

“Es verdad, con ese muchacho hubo un problema porque no la dejaba en paz y nos tocó ir con el novio de Dayana a hablar con el papá y con él para que la dejara en paz”, reconoció María; y agregó que desde ese ‘parón’ su hija le dijo que el ex no la había molestado más. La tercera persona que rindió indagatoria fue otro joven del pueblo, llegado hace poco a vivir en Baranoa, de oficio mototaxista y quien, dicen, tenía varios arañazos en el cuello y era amigo de Dayana.

¡QUE COJAN AL ASESINO!

María recuerda a su hija como una joven muy alegre y tratable que prefería irse al grupo de oración que andar de fiesta. “Le gusta salir con sus amigas y cenar comida rápida por el lado de la plaza, era muy tranquila, de su casa, no tenía malicia”, manifestó.

Hace poco Dayana había terminado un curso de salud ocupacional y su meta era seguir formándose en esta área.

“Yo quiero que el asesino me diga por qué la mató y que le caiga todo el peso de la ley. Con la mano en el corazón les pido a las personas que llevan el caso de mi hija que piensen en sus mamás, en sus hermanas, en sus esposas e hijas y capturen al responsable”, sentenció María.

NO MÁS IMPUNIDAD

El clamor de María es el mismo que hicieron varios habitantes de Baranoa quien señalaron que no quieren que con Dayana ocurra lo mismo de Angie Paola Ortega Palma, la niña de 9 años cuyo cadáver fue encontrado en octubre de 2012 medio incinerado en un paraje de la finca Los Mangos, en el kilómetro 2 entre esa población y Polonuevo.

Angie Paola estaba desaparecida desde el 28 de mayo de ese mismo 2012, y fue muy duro para la sociedad atlanticense encontrar su cuerpo en semejantes condiciones. Hasta la fecha no se sabe a ciencia cierta quién mató a Angie Paola.

ASÍ ENCONTRARON EL CUERPO

La imagen es perturbadora: el cadáver de Dayana Lucía Solano Sanjuán estaba acostado en un andén de concreto, sus piernas quedan en un nivel más bajo que el resto el cuerpo.

Calza un par de tenis blanco. Vestía ‘ropa de salir’: una camiseta blanca con estampado de letras negras y un jean también negro, que tiene desabrochado y bajado hasta los muslos. A su lado, no tan cerca, se hallan sus gafas de marco grueso color morado.

Un tono similar tenía su cara, que además estaba hinchada, lo que la hace ver mayor, muy diferente a la muchacha bonita, sonriente y feliz con la vida que le conocían vecinos, familiares y amigos en Baranoa.

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