ESPECIAL | La guerra que cambió al mundo
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Las fuerzas británicas emprendieron la ofensiva del Somme, la mayor batalla de la guerra, que causó 1,2 millones de víctimas.

ESPECIAL | La guerra que cambió al mundo

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Hoy se conmemora el centenario del fin del primer conflicto mundial que cobró la vida de 10 millones de soldados.

En 1914 estalló la guerra más mortífera ocurrida hasta ese entonces en Europa. Las razones de un conflicto bélico de esta magnitud hay que buscarlas en las rivalidades económicas y coloniales entre las grandes potencias, y en los conflictos y reivindicaciones nacionalistas en el seno del continente euroopeo. La Primera Guerra Mundial enfrentó a dos bloques de países: los aliados, que formaban la Triple Entente (Francia, Inglaterra y Rusia, a los que se unieron entre otros Bélgica, Italia, Portugal, Grecia, Serbia, Rumania y Japón); y las potencias centrales de la Tripe Alianza (el Imperio alemán y el Imperio austrohúngaro, apoyados por Bulgaria y Turquía). La guerra dejó 10 millones de soldados muertos y otros 21 millones resultaron heridos. También 13 millones de civiles perdieron la vida.

CAUSAS DE LA GRAN GUERRA

Diversos problemas afectaban en esa época a los principales países europeos a principios del siglo XX.

Algunos estaban extremadamente descontentos con el reparto de Asia y África, ocurrido a finales del siglo XIX. Alemania e Italia, por ejemplo, habían quedado fuera en el proceso neocolonial. Mientras tanto, Francia e Inglaterra podían explorar diversas colonias, ricas en materias primas y con un gran mercado consumidor. La insatisfacción de Italia y de Alemania, en este contexto, puede considerarse una de las causas de la Gran Guerra. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, los países europeos empezaron a invertir fuertemente en la fabricación de armamento. Los países estaban empeñados en una rápida carrera armamentista, ya como una manera de protegerse, o atacar, en el futuro próximo. Esta carrera bélica generaba un clima de aprehensión y miedo entre los países, donde uno intentaba armarse más que el otro.

EL COMIENZO

El 28 de junio de 1914 un estudiante bosnio asesinó al heredero del trono austo-húngaro, el príncipe Francisco Fernando y a su esposa; durante una visita a Sarajevo, capital de Bosnia. Este doble asesinato fue el pretexto para la explosión de la Guerra que duró hasta el 11 de noviembre de 1918, hoy hace 100 años.

Las investigaciones llevaron al criminal, un joven integrante de un grupo serbio llamado ‘Mano Negra’, contrario a la influencia de Austria-Hungría en la región de los Balcanes. El imperio austro-húngaro no aceptó las medidas tomadas por Serbia con respecto al crimen y, el 28 de julio de 1914, declaró la guerra a Serbia.

DESARROLLO DEL CONFLICTO

Al comienzo del estallido bélico, las fuerzas se equilibraban en número de soldados, pero eran diferentes en los equipos y los recursos que utilizaron. Por ejemplo: la Triple Entente no tenía cañones de largo alcance, pero dominaba los mares con el poderío inglés. Los tanques de guerra, los acorazados, los submarinos, los obuses de grueso calibre y la aviación, entre otras innovaciones tecnológicas de la época, constituyeron artefactos bélicos de gran poder de destrucción.

Protegidos por alambre de púas, los Ejércitos se enterraban en trincheras, donde el fango, el frío, las ratas y el tifus, mataron tanto como las ametralladoras y los cañones. Las batallas se desarrollaron principalmente en trincheras. Los soldados se quedaban a menudo centenares de días atrincherados, luchando por la conquista de pequeños pedazos de territorio. Este momento se llama Guerra de trincheras.

En 1917 Estados Unidos, que se había mantenido fuera de la guerra, aunque ayudaba con capital y venta de armas a los países de la Entente, principalmente a Inglaterra, entra en el conflicto. Declaró la guerra a Alemania por temor a su poderío imperialista e industrial. Ese mismo año Rusia salió del conflicto debido a la revolución rusa de 1917, que derrocó al zar e implementó el régimen socialista.

La entrada de Estados Unidos al lado de la Triple Entente marcó la victoria de esta, forzando a los países de la Alianza a firmar la rendición. Los derrotados tuvieron que firmar el Tratado de Versalles, que imponía a estos países fuertes restricciones y castigos. El Ejército alemán fue reducido, su industria bélica controlada, perdió la región del corredor polaco, tuvo que devolver a Francia la región de Alsacia Lorena, además de tener que pagar los daños de la guerra a los países vencedores.

El 11 de noviembre de 1918, el armisticio firmado en Rethondes por los ale manes sella la victoria de los Aliados. En Francia y Reino Unido, agotados por años de guerra, la muchedumbre muestra su alegría en las calles. Pero en países como Polonia, Turquía o Rusia, amenazados por la guerra civil, habrá que esperar años de sangrientos conflictos regionales para que termine realmente la Gran Guerra.

El presidente francés Emmanuel Macron recibirá hoy en París a 70 mandatarios para conmemorar el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial y participar en un foro internacional concebido como una demostración de fuerza del multilateralismo frente al repliegue nacionalista. Se espera que el mandatario ruso, Vladimir Putin, y su par turco, Recep Tayyip Erdogan, estén entre los presentes.

Del lado latinoamericano se ha anunciado la asistencia del presidente de Colombia, Iván Duque, y de su homologo costarricense, Carlos Alvarado. Macron realizó un periplo de seis días por los monumentos y campos de batalla de la guerra en el norte y este de Francia. El presidente galo visitó, acompañado de 20 jóvenes, el osario donde se enterraron los restos de 130.000 soldados franceses y alemanes.

En total, 300.000 soldados murieron entre febrero y diciembre de 1916 en la batalla de Verdún, que fue la más larga de la Primera Guerra Mundial, y la segunda más sangrienta tras la Batalla del Somme. En ella se enfrentaron los Ejércitos francés y alemán.

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