“Habían tiburones, pero Dios nos dio la fuerza para sobrevivir”
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Redacción ALDIA

“Habían tiburones, pero Dios nos dio la fuerza para sobrevivir”

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Dos cienagueros fueron encontrados en una boya tras 36 horas de su naufragio.

Una verdadera odisea vivieron Josie Cantillo Camacho y su primo Luis Antonio Cantillo Ribón, dos curtidos pescadores cienagueros, que naufragaron cuando se dirigían al punto donde llevarían a cabo su faena, lo que los obligó a nadar por varias horas hasta una boya, en la que permanecieron hasta ser finalmente rescatados.

La historia de los primos Cantillo comenzó el sábado a las 9:30 de la noche, cuando emprendieron el rumbo desde el barrio Miramar en Ciénaga, hacia las costas del corregimiento de Tasajera (Puebloviejo).

“Íbamos sin contratiempos, todavía no era la medianoche y estábamos como a cinco millas de la costa, a una profundidad de unos 16 metros frente a Tasajera y cuando prendimos el motor sin darnos cuenta que tenía cambio, la lancha saltó y se volteó. Cuando caemos al agua un anzuelo me enganchó una mano y me halaba hacia el fondo, por que llevan unas pesas, pero como pude me lo quité y volví a la superficie”, comentó Cantillo Camacho, de 31 años.

Con Dios en sus mentes y la decisión férrea de sobrevivir, los dos pescadores se agarraron de sus remos y tratando de mantener la calma mientras flotaban a la deriva, intentando pensar en como superar esta situación.
“Primero acordamos tratar de nadar a la costa, pero la corriente la teníamos en contra, por lo que finalmente decidimos nadar hacia la boya que veíamos a lo lejos, pues la corriente nos favorecería en esa dirección. La luz del cono se veía lejos, pero la orilla se veía mucho más distante”, manifestó Cantillo Ribón, de 24 años.

Lucharon por sus vidas

Durante horas los primos nadaron en dirección al canal del puerto de la Drummond, llegando finalmente a la boya número cuatro, el domingo alrededor de las 11:00 de la mañana.

“Faltando un kilómetro para llegar estuvimos a punto de darnos por vencidos, ya teníamos calambres y mucha fatiga, además por ser una zona muy profunda, sabemos que hay tiburones, barracudas y otras especies que son peligrosas, pero gracias a Dios nos dimos ánimo y logramos llegar a la boya, sacando fuerzas de donde no teníamos”, reveló el menor de los pescadores.

A su lado pasó un buque de carga, al que les hicieron señales y le dieron gritos, pero no los vieron, al igual que ocurrió con los remolcadores que hacían las maniobras de la salida del puerto, hasta que los volvió a cubrir la noche; pero sin perder su fe en que Dios les iba a dejar volver a sus hogares, esperaron la ayuda en la solitaria boya.

“Cuando llega la noche del domingo decidimos dañar la luz del cono, pensando que de pronto tenía algún sensor, o se daban cuenta desde el puerto que se estaba apagada, para que al mandar una lancha a revisarla nos rescataran, pero eso tampoco funcionó”, reveló el mayor de los primos Cantillo.

Si la primera noche de su aventura tuvieron que nadar por casi medio día, la noche del domingo la lluvia cayó sobre ellos casi hasta el amanecer, pero así, temblando de frío, con quemaduras de aguamalas, sin comer nada, sin tomar más agua que la que les cayó del cielo y con el temor de ser atacados por un tiburón, el lunes vieron salir el sol nuevamente y sin dejar de animarse uno al otro, lucharon por seguir con vida.

El rescate

Mientras Josie y Luis Antonio vivían la experiencia más dura que han enfrentado, a pesar de ser la cuarta generación de pescadores en su familia y vivir de este oficio durante toda su vida, sus familiares iniciaron su búsqueda al ver que no llegaban la mañana del domingo, no obstante, salieron en dirección a Bocas de Ceniza, pues no imaginaron que se encontraban en la otra dirección.

Afortunadamente, pasadas las 11:00 de la mañana del lunes, una lancha tripulada por familiares de los náufragos los divisaron y enfilaron hacia la boya.

Sin perder tiempo, fueron llevados a la playa en el barrio Miramar y de allí trasladados hasta la unidad de urgencias de la Fundación Policlínica de Ciénaga, donde fueron valorados y atendidos, pues tenían un alto grado de deshidratación, quedando en observación por varias horas hasta ser dados de alta y así regresar a sus casas.

“Reencontrarnos con la familia fue muy fuerte, siempre agradecidos con Dios, hubo mucho llanto por que no pensaban que no iban a encontrar con vida, pero lo logramos y aquí estamos; eso es lo único que importa”, anotaron los primos Josie y Luis Antonio Cantillo.

Por: Gerardo Correa

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