La vida de las víctimas de El Salado en Sincelejo
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Redacción ALDIA

La vida de las víctimas de El Salado en Sincelejo

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De prósperos cultivadores a coteros y vendedores en el Mercado

Desde hace 20 años cuando la violencia se recrudeció en los Montes de María, la zona que comparten los departamentos de Sucre y Bolívar, miles de sus pobladores decidieron salir de esos territorios para poner a salvo sus vidas, y en Sincelejo, la capital sucreña, encontraron, en ese momento, el refugio que necesitaban.

Algunos se arrimaron en las casas de familiares y otros tantos empezaron a invadir terrenos hasta lograr parar sus casas y refugiarse en ellas, pues no todos contaron con la suerte de recibir al menos una casa digna como reparación.

Una de esas tantas víctimas asentada en Sincelejo es Elber Salcedo Figueroa, quien llegó a esta ciudad hace 20 años cuando la masacre de El Salado, su pueblo natal, lo hizo migrar.

Tenía 25 años, pero ya era un hombre próspero en el campo porque tenía unas vaquitas, gallinas y cerdos y todo eso tuvo que dejar para huir por el monte con su esposa y con su hijo mayor que para ese entonces alcanzaba los 9 meses de nacido.

Recuerda, como si fuera ayer, que estuvo 5 días en el monte, huyendo de los violentos que para su fortuna no se lo encontraron y le permitieron seguir viviendo, aunque en medio de muchas dificultades.

Y no es para menos, desde que salió desplazado le ha tocado dedicarse al oficio de cotero en la plaza de Mercado de Sincelejo a la que llega  sagradamente a la 1:30 de la mañana procedente de su casa en el barrio La Victoria, en la zona sur.

“La vida aquí no ha sido fácil, pero lo importante es estar vivo”, anota este hombre que en ocasiones llega con las pilas puestas a descargar mercancía y no encuentra trabajo, “por lo que pierdo la madrugada”, dice mientras dialoga con este medio y sostiene en su cabeza un costal lleno de frutas que ya no le pesa porque se acostumbró a llevar cargas pesadas, entre esas la de ser desplazado de la violencia y no haber sido reparado como debió ser.

Asegura que si la violencia no hubiese llegado a El Salado entre el 16 y el 22 de febrero del año 2000 su vida fuera diferente, próspera.

Lo más duro que recuerda de la huida era el temor a encontrarse en el monte a los paramilitares, y ese miedo aún lo acompaña, tanto que entre sus planes no está retornar a El Salado y menos ahora que la situación de seguridad se ha vuelto a enrarecer.

Le recrimina al Estado la demora en la reparación, y asegura que la última vez que recibió ayuda humanitaria, que es alimentación, fue hace 10 años.

Y si Elber sostiene un costal en medio de la entrevista, Day Montes Tapia carga una jarra de jugo de naranja en su hombro derecho que sostiene con la mano de ese mismo lado.

También es desplazado de El Salado, salió por primera vez con sus 9 hermanos y sus padres en el año 2000 y retornaron dos veces más, pero la situación de seguridad y económica no era la  mejor y por eso decidieron quedarse en Sincelejo y aquí están, “aunque la forma de vida no es buena siempre nos estamos remediando”, asegura.

Tiene 38 años, llegó a la capital sucreña cuando apenas cumplía la mayoría de edad y desde entonces se ha dedicado a la venta de jugos naturales, en especial, cítricos.

“Llegué a esta ciudad a los tres días de la masacre, eso fue muy grande, no lo superamos, pero aquí estamos saliendo al paso”.

Al igual que su coterráneo salió por el monte dejando atrás el futuro que sus padres habían construido para ellos, sus 10 hijos, y aunque a estas dos víctimas de desplazamiento forzado no les asesinaron familiares, sí amigos y vecinos y eso para ellos también ha sido doloroso.

“Si los grupos armados no hubiesen llegado a El Salado mi forma de vivir fuera otra porque mis padres se dedicaban a la agricultura y la ganadería, a la siembra de tabaco”, asegura este hombre que reside con sus padres en el barrio Divino Niño, también en la zona sur.

Montes Tapia dice que el proceso de reparación de su familia no se cumplió, no tienen casa y la última vez que recibieron la ayuda humanitaria fue hace 4 años.

Es enfático al decir que ya no tiene ganas de regresar a El Salado porque las condiciones de seguridad se han desmejorado, por lo que reclama más pie de fuerza para esas familias que están en el territorio.

Day llega todos los días a las 4:00 de la mañana a la plaza de Mercado a vender 15 jarras de jugos, dependiendo las ventas puede finalizar su jornada entre la 1:00 y las 2:00 de la tarde.

La incursión paramilitar en El Salado duró una semana y dejó 66 muertos entre esos jóvenes que fueron torturados, decapitados y hasta violados.

Esta acción violenta no le ha sido ajena a Sucre, pues no solo los ‘paras’ hicieron desplazar a los ciudadanos y algunos se asentaron en este territorio, sino que también los alzados en armas para llegar a ese territorio tuvieron su paso por Canutalito, población sucreña de los Montes de María, donde también causaron daño a la población que reclama ser reconocida como víctima dado que a su juicio lo ocurrido en El Salado los opacó a ellos.

En la actualidad la la Unidad de Restitución de Tierras seccional Bolívar ha recibido 1.009 solicitudes de restitución en el corregimiento El Salado, de las cuales 960 fueron resueltas. Gracias a ello han sido restituidas 1.900 hectáreas de tierra que benefician a 93 familias víctimas de despojo y desplazamiento forzado en el año 2000.

Adicional a ello la Unidad de Restitución de Tierras ha invertido 2.290 millones de pesos en la implementación de proyectos productivos que le han permitido a los restituidos desarrollar actividades agropecuarias para la recuperación productiva de los predios y la generación sostenible de ingresos.

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