Mató y desmembró a la tía para no pagarle una plata
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Así, enrollado en una alfombra y amarrado con cabuya, encontraron el cadáver de Aracelis del Socorro Amador de García.
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Andrés Gaitán García

Mató y desmembró a la tía para no pagarle una plata

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Jorge Eliécer Vélez Amador confesó el asesinato de su tía, Aracelis del Socorro Amador de García, de 70 años.

Una oportunidad para redimirse, empezar otra vez y llevar una vida honesta fue lo que Aracelis del Socorro Amador de García, 70 años, le ofreció a su sobrino Jorge Eliécer Vélez Amador, de 49 años, quien terminó asesinándola y desmembrando el cadáver en su propio apartamento, el 304 del edificio Lisboa, situado en la calle 94 No. 56-18, barrio Riomar, norte de Barranquilla.

El homicidio ocurrió el viernes pasado el mediodía y se descubrió a las 6:30 de la tarde, cuando un portero y el administrador del edificio entraron al apartamento para investigar por qué la señora no les había contestado el celular, ni el teléfono fijo, durante la tarde. 

Transcurridas seis horas, a las 12:30 de la madrugada de ayer, Jorge Eliécer fue capturado y le confesó a los investigadores que mató a su tía, la desmembró y alcanzó a llevarse las piernas y los brazos para una tienda del barrio El Recreo, ubicada en la calle 56 con carrera 42, en Barranquilla.

 

Jorge afirmó que le pidió el favor al tendero que le guardara una bolsa “con una carne que había comprado” en el congelador aprovechando que en el negocio lo conocen porque queda cerca de su casa y era el lugar donde habitualmente hace las compras ya que reside en un apartamento ubicado en la calle 57 con carrera 41. 

DE RUMBA TODOS LOS FINES DE SEMANA 
AL DÍA conoció una versión según la cual Jorge arrastra un pasado criminal  (como se puede ver con base en sus antecedentes judiciales) que le impedía conseguir trabajo y mantener su hogar conformado por su esposa, quien es abogada, y dos hijos. 

Su tía, Aracelis, le ofreció que la ayudara a prestar y a cobrar dinero al interés a cambio de una comisión. 

Dos veces a la semana el hombre llegaba al apartamento de su tía, ubicado en el exclusivo sector de Riomar, y le entregaba cuentas. Para los vecinos era habitual verlo ingresar a edificio en una camioneta Toyota Prado, de dos puertas, color blanco. 

Aracelis, natural de San Juan de Nepomuceno, era viuda y manejaba dinero porque hacía negocios, sobre todo con ganado, además sus hijos son profesionales y llevan una vida solvente, dicen en el edificio.  Los vecinos también contaron que la mujer consideraba a Jorge como un hijo y siempre hablaba bien de él. 

Esa imagen de tipo amable la compartían muchos residentes del lugar; sin embargo los porteros conocían su otra cara y lo recuerdan como una persona prepotente, déspota y grosero, que le gusta imponer su voluntad y “hacer lo que le daba la gana”. 

Una vecina le contó a este diario que hace un año más o menos la esposa de Jorge le confesó a Aracelis que tenía miedo de que su esposo le fuera a quedar mal con la plata de los cobros porque todos los fines de semana se perdía desde el viernes, regresaba el lunes y se gastaba cifras exorbitantes de dinero en trago, parranda y mujeres.  

Aracelis le contó a uno de sus hijos, quien llamó a Jorge al orden y el problema pareció solucionado. 

ACEPTÓ EL ASESINATO
En la tarde de ayer, ante un juez de control de garantías, Jorge Eliécer Vélez Amador aceptó haber asesinado a su tía Aracelis del Socorro Amador de García por “problemas económicos”. 

“Pido perdón a mis primos, a Dios, a mi familia, a la justicia, a todo el mundo, no sé que me pasó, me dejé llevar por problemas económicos que tenía, estoy muy arrepentido y me allano a los cargos”, manifestó el confeso homicida durante la audiencia. 

¿Cómo la mató? Con base en el relato de los vecinos y lo que se ha conocido de la confesión de Jorge se sabe que entre 10:00 y 10:30 de la mañana del viernes llegó al edificio Lisboa a entregarle cuentas a su tía.

A los porteros les pareció extraño que se parqueó en un lugar apartado y se molestó porque en el parqueadero había dos mecánicos arreglando el motor de un automóvil. 

Lo normal era que las visitas de Jorge fueran rápidas, pero la del viernes se prolongó hasta el mediodía, cuando empezó a llover fuerte. Una vecina escuchó en el apartamento 304 “como un movimiento de sillas y algo que caía al piso” pero no le puso cuidado porque pensó que se trataba de algún accidente doméstico sin importancia. 

Cuando escampó Jorge empezó a bajar y subir del apartamento y se molestó con los porteros porque los mecánicos no se habían ido. “Eche ¿esos manes cuándo es que se van a ir?” Le dijo a uno de los porteros antes de salir hacia un centro comercial al norte de la ciudad, donde, según los vecinos, compró un hacha pequeña, hojas de segueta y elementos de aseo, incluyendo unas bolsa de basura de color verde. 

Luego regresó al apartamento y le quitó los brazos y las piernas al cadáver de su tía. El tronco, con la cabeza intacta, lo envolvió en la alfombra de la sala y la amarró con una cabuya. Volvió a salir con las bolsas donde llevaba las extremidades y las prendas que había manchado con sangre,  subió todo en el ‘baúl’ de la Toyota y se fue. Eran aproximadamente las 5:30 de la tarde del v. 

POR UNA HUMEDAD
Mientras Jorge iba hasta el barrio El Recreo, dejaba las partes de su tía en la heladera de una tienda, dejaba las otras bolsas en una esquina y llegaba a su casa para bañarse, cambiarse y almorzar, los vecinos de Aracelis empezaron a llamarla para preguntarle por una humedad que tenía en un cuarto y que venía del apartamento de arriba. 

“Ella era la persona más servicial del edificio, buena gente, excelente mujer, siempre presta a colaborar con lo que fuera y siempre contestaba las llamadas, por eso nos extrañó tanto que no se hubiera sabido nada de ella durante toda la tarde y más con el problema que tenía con la humedad y habiendo llovido tan duro”, relató una vecina. 

Extrañados y asustados por el silencio de Aracelis y la actitud extraña de Jorge el administrador del edificio y un portero subieron al apartamento de Aracelis y encontraron que la puerta aparentemente estaba cerrada, pero en realidad estaba abierta,  ya que en la cerradura habían puesto un ‘taco de papel’.

Los hombres entendieron que algo raro había pasado, entraron temiendo lo peor y se encontraron de frente con la macabra escena. 

Como lo presentían Aracelis estaba muerta. Su cadáver estaba envuelto como una oruga en el tapete de la sala y junto a él había un martillo de hule, varias hojas de segueta, un hacha de mano, bolsas plásticas, limpiadores.

El ambiente estaba corrompido por un nauseabundo olor de sangre, fluidos y muerte que inundaba cada centímetro del apartamento. Sin perder tiempo llamaron a la Policía, que se presentó rápidamente. 

En un documento que el abogado de Aracelis había redactado para la inmobiliaria que arrendaba el apartamento de arriba, el de la humedad, los vecinos encontraron un número de celular, llamaron y les contestó la esposa de Jorge. Sin anestesia una de las residentes más veterana del edificio Lisboa le dijo: “tu marido mató a la tía y la picó, acá está la Policía, dile que venga y se entregue”. La mujer, al otro lado de la línea, no respondió y colgó. 

A las dos horas, Jorge y su mujer llegaron al edificio Lisboa. Al principio, cuentan los vecinos, el hombre negó ser el autor del homicidio y trató de echarles la culpa a los porteros y a los mecánicos que estaban reparando el motor del carro. 

Con el paso de las horas, la presión de los vecinos, las dudas de la esposa y las evidencias que iban aumentando fueron acabando con la confianza de Jorge y pasada la medianoche se quebró, confesó ser el autor del crimen y reveló donde había escondido las extremidades del cadáver. 

LA MATÓ PARA NO PAGARLE
El coronel Engelbert Grijalba, subcomandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, informó que Jorge Eliécer Vélez Amador tiene una anotación judicial por el delito de concierto para delinquir (06/04/2004) y otra por constreñimiento (01/09/13).

Además, en 2004 habría estado relacionado con el asesinato de un hombre en el barrio Boston por el que pagó nueve años de cárcel y quedó libre en 2013; y, de acuerdo con fuentes judiciales, en 1999 fue capturado en Medellín por porte ilegal de armas. 

Durante las audiencias preliminares, el fiscal Elkin Chiquillo Povea hizo el siguiente relato para imputarle el delito de homicidio agravado al confeso asesino.

“Entre las 10:00 de la mañana y 4:00 de la tarde probablemente el señor Amador mató a su tía tras propinarle lesiones que al parecer se cometieron con armas cortantes. El cadáver lo descubre un vigilante y el administrador cubierto en una alfombra con signos de desmembramiento. Usted llevó dichas extremidades hasta una tienda en el barrio El Recreo, y en un registro que se llevó en su vivienda, la Policía halló la vestimenta que usted usó en ese momento: camiseta oscura y jeans que, al parecer, tienen manchas de sangre humana. En el lugar se halló un mazo de hule y en su vehículo se halló una cuerda que fue usada para el hecho. Usted atentó contra su tía para no pagarle un dinero que debía, usted obró con premeditación y sabía que estaba matando a su tía”.

Al cierre de esta edición la Fiscalía solicitó medida de aseguramiento en centro carcelario en contra de Jorge Eliécer Vélez Amador y el Juez de Control de Garantías, avalando esta solicitud lo envió para la Penitenciaria Distrital El Bosque. 

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