Psicosis y miedo en los vecinos del extinto CAI de Soledad 2000
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En el lugar donde estaba el CAI, en el barrio Soledad 2000, ahora hay una antena.
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Wilson Rodríguez

Psicosis y miedo en los vecinos del extinto CAI de Soledad 2000

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Dos años tras el atentado, la comunidad no ha recibido ayuda por los daños colaterales.

Atemorizados por la fuerte detonación del artefacto explosivo que el ELN lanzó el 28 de enero de 2018 contra el CAI de Soledad 2000, se encuentran aún los vecinos de la referida instalación policial. Muchos de ellos aún duermen con un ojo abierto y otro cerrado, pues las secuelas psicológicas del atentado terrorista —que dejó a cinco policías y dos civiles heridos— todavía no las han superado dos años después.

El atentado fue perpetrado, según versiones de testigos entregadas a la Policía, por cuatro hombres que se movilizaban en un taxi, quienes lanzaron el explosivo contra la fachada del CAI a las 4:00 de la madrugada, casi 24 horas después del ataque contra la estación del barrio San José. Otros aseguraron que el explosivo fue puesto por individuos que aprovecharon que los agentes del CAI habían bajado la guardia por lo ocurrido el día anterior en San José.

Psicosis prevalece. Han transcurrido cerca de 730 días y el 40% de la comunidad aledaña al Cai de Soledad 2000, que estaba situado en la carrera 11 con calle 64 del referido sector, no se ha podido recuperar del miedo y el pánico que les causó el atentado terrorista.

De acuerdo con Modesto José Arriola Payares, comerciante de 63 años, vecino del CAI , en el momento en que ocurrió el atentadoestaba durmiendo en su casa con su familia. La vivienda, ubicada a 200 metros de la instalación policial, se estremeció hasta en sus cimientos.

“No sabíamos qué había ocurrido. Un denso humo entró a la vivienda y creí que era un incendio. Salimos a la terraza y fue cuando supimos que le habían hecho un atentado al CAI”, precisó Arriola. Agregó que muchos miembros de la comunidad quedaron traumatizados por el bombazo y que, a veces, cuando escuchan la explosión de una llanta de un vehículo  o algo similar, se asustan.

“Casi el 40 % de los vecinos quedamos psicoseados”, subrayó el hombre, quien fue enfático al señalar que  la alcaldía de Soledad no brindó asistencia psicológica a la gente.

“Vinieron dos días y no regresaron más”, destacó.

Rechazaron traslado. Tras el atentado, lo poco que quedó en pie del CAI de fue demolido por las autoridades. El trabajo policial se trasladó a otro sector y en el lugar quedó una antena de una empresa de telefonía celular.

“Nunca estuvimos de acuerdo con que ese puesto policial fuera quitado. La inseguridad se ha disparado por ese motivo. Recuerdo que la secretaria de Gobierno de Soledad, en ese entonces Josefa Cassiani, nos prometió que no iban a quitar el CAI y nos incumplió”, aseguró.

“La criminalidad por aquí se ha incrementado en un 100 %. Dos años después del atentado las autoridades de Soledad nos olvidaron. Hoy estamos huérfanos de seguridad en este sector de Soledad 2000”, recalcó Arriola.

¿Un terremoto?. Ninfa Rodríguez de Robles, vecina del CAI, dice que la experiencia vivida por el atentado terrorista fue terrible para ella y su familia. Recuerda la sacudida que se llevaron mientras dormían cuando explotó.

“Todos gritábamos en pánico porque creíamos que había sido un terremoto y que la casa nos iba a caer encima. El humo entró por las ventanas  que quedaron destruidas, así como varias láminas del techo. Lo peor de todo fue que quedamos afectados de los nervios durante varios días, especialmente los niños”, dijo. 

Por su parte, Duvis Martínez Rodríguez, ama de casa y vecina del barrio, aseguró que la explosión la sacó de la cama

“Caí al piso y me puse a gritar porque la casa se llenó de humo. Aquí vivimos siete personas y hay niños. Pensé que nos habían lanzado un explosivo. El humo nos estaba asfixiando, sobre todo a los niños. Varios miembros de mi familia quedaron con una especie de psicosis. Estuve afectada varios días por el miedo, pero logré superarlo poco a poco”, sostuvo la mujer.

Ella, al igual que la mayoría de los habitantes del barrio, considera que la medida de quitar el CAI de este sector fue “pésima” porque eso incrementó la inseguridad.

Para Miriam Esther Camargo, cuya casa queda a escasos 200 metros del CAI, lo vivido ese día no tiene parangón.

“La puerta del patio voló por los aires, así como varias láminas del techo. La pared del patio se vino a tierra, y no tuve dinero para construir otra. Los vidrios de las ventanas de la sala quedaron vueltos añicos. Tampoco pude repararlos. La ayuda oficial fue muy poca. Vivo con ocho personas”, relató la mujer.

Asegura que cuando explotó la bomba salió de la casa y escuchó a la gente “diciendo que habían volado el CAI de la Policía”.

“Aún me asusto cuando escucho una explosión. Quedamos con mucho miedo, pero poco a poco nos hemos recuperado. Creo que deben construir un CAI lo más pronto posible en este barrio. Recuerdo que en esos días llegaron unos funcionarios de la Alcaldía de Soledad, pero no hicieron nada. Solo recogieron algunos nombres, se marcharon y se olvidaron de nosotros”, resaltó Miriam Esther Camargo, visiblemente molesta por el abandono oficial. 

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