Vigilante informal sí está metido en asesinato de pelao y lo buscan
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La última foto que Juan Camilo Altamar Sánchez se tomó con sus amigos del barrio y del colegio, a los pocos minutos fue apuñalado y horas después murió en una el hospital Adelita de Char, en Soledad.
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Andrés Gaitán García

Vigilante informal sí está metido en asesinato de pelao y lo buscan

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Habitantes de Soledad 2.000 dicen vivir con temor por cuenta de las celadurías informales, que ya dejaron un muerto.

Una intensa búsqueda adelantan las autoridades para dar con el paradero de Elkin Cera López, un supuesto vigilante informal a quien le dictaron orden de captura por el homicidio del adolescente Juan Camilo Altamar Sánchez, de 16 años, asesinado de una puñalada la madrugada del sábado 14 de septiembre en la terraza de su casa, ubicada en la carrera 11C No. 47-74 del barrio Soledad 2.000, en Soledad.

Elkin Cera López, de acuerdo con una fuente judicial, apuñaló aquel día a Juan Camilo en la espalda, causándole una herida mortal, porque el joven y un grupo de amigos le pidieron que respetara y los dejara celebrar tranquilos ya que estaban en su casa, departiendo sanamente con la autorización de sus padres y familiares.

Los investigadores judiciales han determinado que la fiesta era en realidad una reunión de compañeros de colegio y amigos de la cuadra, quienes, bajo la supervisión de sus padres, sacaron un pequeño equipo de sonido a la terraza de la casa de Juan y se pusieron a ‘mamar gallo’ mientras se tomaban una botella de licor y algunas cervezas que compraron en la tienda de la esquina.

La excusa para que los ‘pelaos’ armaran ‘la mamadera de gallo’ fue que Juan había ganado las materias de biología y química, que él consideraba como las más difíciles del noveno grado que cursaba en el colegio María Montessori, ubicado en Soledad 2.000.

Aproximadamente a la 1:00 de la madrugada, después que los jóvenes armaron una ‘hora loca’, llegaron tres miembros de una vigilancia informal del barrio llamada S2 (sigla de Soledad 2.000) y, según la denuncia, actuaron de forma grosera, exigiendo que apagaran la música y se fueran para sus casas.

Incluso a uno de los ‘pelaos’, vecino de Juan, le gritaron que se largara del barrio, lo tildaron de ‘coleto’ y lo señalaron de ser un habitante de “las villas” que había llegado a dañar el barrio. El insulto desencadenó la reacción de Juan y sus amigos, quienes exigieron respeto y le dijeron a los vigilantes informales que mejor se fueran ellos porque la celebración era en la terraza de su casa, en su cuadra y todos eran conocidos. 

La respuesta llenó de ira a Elkin Cera López, quien sacó un filoso cuchillo y apuñaló a Juan en la espalada causándole una herida mortal que le afectó el pulmón derecho. El joven, mal herido, alcanzó a entrar a su casa y le contó a su mamá lo que había pasado, luego fue trasladado hasta la clínica Adelita de Char (en Soledad), paradójicamente, en una moto que manejaba el hermano de su asesino.

Tras chalar nuevamente con sus padres y contarles lo que había ocurrido y revelar el nombre de su asesino a las autoridades, Juan murió a las 8:00 de la mañana del sábado 14 de septiembre, es decir horas después del ataque. Las personas que lo llevaron hasta la clínica, allegados al asesino, mintieron al ingresarlo y dijeron que el joven estudiante era un ‘chirrete’ que habían encontrado apuñalado, drogado y tirado a un costado de la vía.

 A las pocas horas de la muerte de Juan, la Policía capturó al supuesto homicida Elkin Cera López. Sin embargo quedó libre por un tecnicismo y solo después de que familiares, allegados y amigos de la víctima fatal denunciaron el homicidio ante la opinión pública y los vecinos de Soledad 2.000 revelaran lo que en realidad era la ‘vigilancia S2’, se logró que la investigación fuera asignada a un nuevo fiscal y a nuevos investigadores.

Con un nuevo impulso, las autoridades lograron que un Juez de la República ordenara la captura Elkin Cera López, quien actualmente es prófugo de la justicia. “Lo vamos a capturar, es una de las metas que tenemos, le pedimos a la ciudadanía colaboración, cualquier dato que nos permita ubicar a esta persona por favor repórtenlo a la línea 123 y 112 de la Policía”, manifestó una fuente cercana al caso.

Sometidos en su propio barrio

En el transcurso de la investigación también se descubrió que el homicidio de Juan fue el colofón de una serie de abusos y arbitrariedades que presuntamente han cometido los miembros de la vigilancia S2  en el barrio Soledad 2.000.

En entrevistas con los vecinos y amigos de la víctima se ha revelado que vigilancia empezó como un intento de gente de la zona organizarse para brindar seguridad al barrio, pero con el paso del tiempo degeneró en una “microempresa criminal” ya que antes del asesinato prácticamente estaban exigiendo $3 mil semanales por casa para mantener lejos a los bandidos.

Pero los delincuentes no estaban tan lejos. Los vecinos le han contado a los investigadores que algunos vigilantes en realidad “mandar a atracar a la gente y luego los llamaban a pedirles dinero para regresarles las pertenencias”. Los supuestos vigilantes también se habrían involucrado en el hurto de autopartes a los carros que ‘duermen’ en la calle.

 Actualmente los miembros de la celaduría informal S2 dejaron de pasar por la cuadra donde vivía Juan y por cuatro cuadras a la redonda. Sin embargo, siguen operando en el resto del barrio y las dos personas que estaban con el señalado asesino: Elkin Cera López, siguen laborando, de acuerdo con las denuncias que los investigadores han recibido de la comunidad.

No pague y denuncie: Policía

Al respecto la Policía Metropolitana de Barranquilla recordó, a través de la Oficina de Prensa, que el pasado 3 de septiembre se desmanteló una banda, integrada por 7 personas, que extorsionaba a comerciantes y estaría relacionada con varios asesinatos.

 “Se hacían pasar por una empresa de vigilancia informal, a través de ese supuesto servicio llegaban a las personas, especialmente comerciantes y transportadores, y a través de presión, si estas personas no accedían a sus servicios eran presionados cometiéndose hurtos; les cobraban entre 10 mil y 50 mil pesos semanales”, explicó en su momento el coronel Engelbert Grijalba, subcomandante de Policía Barranquilla.

Asimismo, en agosto de este año se realizaron operativos, en toda la ciudad, para controlar las vigilancias informales y se identificaron cerca de 200 serenos, solo en Barranquilla.  También se atendieron denuncias como la que hizo la comunidad del barrio La Pradera sobre ser víctimas de extorsiones cobradas a través del servicio de vigilancia comunal que exigía el pago de $5 mil por casa.

“Hacemos un llamado a la comunidad a denunciar a las líneas 112 y 113 cualquier exigencia por parte de personas que se dedican a cuidar su cuadra o barrio a cambio de cualquier suma de dinero, puesto que de ninguna manera puede haber cobro por este servicio”, solicitó la Policía Metropolitana de Barranquilla. 

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