Experiencias paranormales de un mochilero en Cartagena
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El niño sin ojos es una de las leyendas cartageneras.
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Álvaro Palacio

Experiencias paranormales de un mochilero en Cartagena

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En un bar el fantasma de una mujer y su hijo sin ojos lo atormentaron.

Viajar es uno de los placeres preferidos de muchas personas, que en ocasiones con pocos pesos tienen la fortuna de conocer lugares hermosos, al estilo ‘mochileros’. De esta manera realizan sus travesías, experimentando así varias historias al quedarse en sitios inhóspitos y escalofriantes que ponen a pensar dos veces dónde pasar la noche.

A continuación presentamos un testimonio terrorífico de un antiguo ‘mochilero’ que era adicto a los viajes improvisados. Su historia se volvió muy popular entre los viajeros por quedarse en un sitio conocido como La Rojilla, situado en el barrio Ceballos en Cartagena, donde atestiguan que nadie duerme en ese lugar porque sería acostarse con los muertos.

“Me consideraba un viajero sin miedos y mujeriego, hasta que viví una terrible experiencia. Desde entonces no me quedo en cualquier sitio”, relata Astolfo Sánchez, quien confesó que hace 10 años viajaba a diferentes lugares para encontrase con mujeres casadas con las que tenía relaciones amorosas a escondidas de sus esposos.

Estas le costeaban los viajes a los lugares (comúnmente playas) para encontrase lejos de la vista de conocidos, pero que cierto viaje y experiencia macabra le hicieron que cambiara ese estilo de vida.

“Tuve una relación con una santandereana, habíamos acordado encontrarnos en Cartagena a las 6 de la tarde del sábado 30 de septiembre de 2008. Ella me pagaría todo para que al fin estuviéramos juntos. Recuerdo que me fui solo con mi mochila y el pasaje de ida. Cuando llegué a Cartagena la llamé desde un teléfono público y ella me dijo que no iría a nuestro encuentro porque su esposo había llegado de viaje de manera imprevista”.

Astolfo debió entonces pasar la noche en el ‘Corralito de piedra’, y no tuvo más remedio que empezar a pedir posada en los diferentes sitios de hospedajes, hasta que llegó a un prostíbulo bar en Ceballos, donde el dueño, un tipo negro, gordo y con un tabaco en la boca, accedió a dejarlo pasar la noche.

“Al escuchar mi historia sonrió y me dijo que me daría el último cuarto del prostíbulo que nadie utilizaba porque estaba descuidado ¡que estaba de suerte! pero era una oscura mentira”.

LA NOCHE EN EL EXTRAÑO CUARTO

Astolfo cuenta que sacó una sábana de su mochila que a la vez la utilizó como almohada y apagó el foco rojo del pequeño cuarto en obra negra, pero cuando se iban calmando los ruidos del prostíbulo por las solitarias horas de la noche, empezó a sentir unos ruidos escalofriantes.

“Sentía que algo corría del techo cayendo en mi cuarto como una bolita uñita, pasaba una y otra vez, encendía el foco y no veía nada”.

Astolfo cuenta que también sentía el sonido de unas pinzas metálicas en la esquina del cuarto, y que unos gritos de una mujer lo dejaron perplejo. “Empecé a escuchar gritos y quejidos en la puerta de una persona agonizando y otra que decía ‘¡Te lo mereces cerdo!’ Me arropé de pies a cabeza, me arrinconé y no pude dormir. A las 5 de la mañana salí del cuarto y me encontré al dueño pegado a la puerta, me ofreció quedarme otro día para averiguar lo ocurrido, pero salí volando”.

Finalmente unos buseteros le explicaron que en ese cuarto forzaron a una prostituta a hacerse un aborto con un embarazo demasiado avanzado, sacando el bebé a pedazo y un ojo de la criatura lo tiraron al techo, muriendo tanto la prostituta como el bebé. “A ese le llaman el cuarto de los muertos y son muchos los viajeros que como yo, también han experimentado el terrible susto de dormir allí”.

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