Cuatro extranjeros bien ‘quilleros’
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Amanda Parra Decola

Cuatro extranjeros bien ‘quilleros’

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Sebastián Viera, el padre Cirilo, Pilin León y Mariano Spena se han convertido en ‘refuerzos’ foráneos que con sus aportes construyen ciudad.

Llegaron para quedarse. Las atajadas de Mario Sebastián Viera, el trabajo social del padre Cirilo (Cyrillus Swinne) desde la religión, la visibilización migratoria de Pilin León y el arte culinario de Mariano Spena hoy son parte activa en la construcción de ciudad.

Mario Sebastián Viera, arquero del Junior desde 2011, es de Uruguay; Cyrillus Swinne, sacerdote de la iglesia católica que ha trabajado por el suroccidente de Barranquilla desde 1977, llegó de Holanda; Pilin León, empresaria y presidente de ‘Venezolanos en Barranquilla’, es de Venezuela; Mariano Spena, chef y empresario, trajo su parrilla y sus pastas desde Argentina.

Todos coinciden en que se enamoraron profundamente de la metrópoli de brazos abiertos de la que ya no quieren partir.

Las alas que han puesto a volar al Junior

El 3 de enero de 2011 llegó a Barranquilla un ‘ángel’ que con sus alas ha hecho volar al Junior de Barranquilla y a su hinchada. Mario Sebastián Viera, nacido en Florida, Uruguay, es el capitán del equipo que logró ganarse el corazón de los barranquilleros desde el principio, no solo con sus jugadas desde la portería, sino también con sus goles.

“Cuando me propusieron lo primero que hice fue ver videos del equipo y de su hinchada. Yo venía de Grecia y allá estaba nevando, así que fue un gran impacto por el calor de aquí”, dijo a AL DÍA.

Viera se convirtió en un ícono representativo de la ciudad por los logros obtenidos con el cuadro barranquillero. Es el jugador con más partidos en la última década con el mismo club, el arquero con más goles de tiro libre en la primera división de Colombia, ha ganado tres ligas, dos Copas Colombia y dos Superligas, entre otros logros.

“Siento que mi mayor aporte ha sido mi fidelidad a una ciudad, a un equipo y el buen comportamiento como ciudadano. Hay que mostrar un buen ejemplo para los niños, para la juventud de aquí”.

Viera, además, se siente un ‘quillero’ más porque su esposa y tres de sus hijos son barranquilleros.

“Si de mí dependiera me quedaría viviendo acá, pero la vida del futbolista es un poco inestable. Hoy estamos, mañana no sabemos. Hoy en día estoy muy contento y hay una gran probabilidad de que me quede a vivir aquí”. Asegura que se siente “agradecido” por el cariño, ya que a él lo “quisieron desde el primer año”. “Eso es una parte vital del éxito que he tenido en estos 11 años”, reitera.

El chef argentino que se enamoró de Barranquilla

El argentino Mariano Antonio Spena se enamoró de Barranquilla y también de una barranquillera. El amor y la pasión fueron los que lo hicieron quedarse en La Arenosa. Según afirma, este es el lugar donde planea vivir “siempre”.

“Conocí a mi esposa por Latin Chat, nos fuimos a vivir a Buenos Aires y ella no se adaptó, así que nos vinimos a vivir acá. A mí me gustó Barranquilla porque era una ciudad muy tranquila y viniendo de una capital tan agitada me gustó la idea de asentarnos acá”, recordó.

Ese mismo sentir que lo hizo palpitar hace más de 10 años por la que hoy es su esposa es el que conserva y pone en práctica cada vez que elabora un plato para su restaurante. Se considera un apasionado y conocedor de la gastronomía y por eso es uno de los propietarios de Brisket, un lugar para degustar una buena parrilla argentina y más platos fusionados con otras cocinas.

Su vena emprendedora lo ha acompañado desde el principio y ejemplo de ello fue su labor como jefe de cocina en un comedor escolar, luego como chef de eventos en casa y también como profesor de cocina aquí en Barranquilla. Actualmente cuenta con 28 empleados y planea seguir creciendo como empresa con sus socios.

“Yo lo único que conocía de Barranquilla era su Carnaval y cuando llegué encontré gente muy amable. Este es un buen vividero. Así que planeo seguir creciendo y hacer crecer a otras personas aquí”.

La exreina que aboga por los migrantes

Carmen León Crespo, más conocida como Pilin León, es la reina que porta la corona de la solidaridad y defensa de los migrantes. En 1981 le llevó un triunfo a su país Venezuela, convirtiéndose en Miss Mundo. Su belleza la hizo merecedora del certamen, pero asimismo dueña de las cámaras a nivel internacional.

Ese ojo de la opinión pública ella lo utilizó para protestar desde la oposición al gobierno de Hugo Chávez, razón por la cual años más tarde tuvo que irse de su tierra. Colombia fue la casa que la acogió.

“Mi labor ha sido luchar y trabajar para lograr derrocar al régimen venezolano. Alzar la voz desde aquí, ya que me tuve que ir con mi esposo por las expresiones de odio por parte del gobierno. En esta ciudad empezamos a hacer actividades en las calles como plantones, cacerolazos,  y semaforazos’. Recopilamos demasiada información que enviamos a los diferentes medios de comunicación nacionales”, contó a AL DÍA.

A través de ‘Venezolanos en Barranquilla” realiza un trabajo social en pro de sus compatriotas, pero también de ayuda a los mismos barranquilleros. Según ella, su mayor aporte a la ciudad ha sido “la visibilización de la problemática de migración y la labor con las comunidades”. Más de 12 años de su vida los ha hecho en tierra barranquillera y pretende seguirlo haciendo. Su corazón también le pertenece a la ciudad que la acogió.

El padre holandés del Suroccidente

Cyrillus Swine recoge todas las definiciones de la palabra padre. Él, un sacerdote holandés de 75 años que lleva 44 de su vida en Barranquilla, ha logrado construir un castillo sobre el polvo con su vocación diocesana.

A través del trabajo social con las comunidades del suroccidente de la ciudad y con su liderazgo por medio de la palabra de Dios ha contribuido a la transformación social, en especial en el barrio La Paz, donde reside.

Allí fundó un hospital, un centro de atención para ancianos, una Casa de la Cultura, una biblioteca y fue uno de los gestores del parque Metropolitano, para llevarle recreación a esta zona vulnerable de la ciudad.

“El 20 de febrero de 1977 llegué por primera vez a Barranquilla. Aquí se ven reflejados los 44 años en los que he intentado trabajar en la comunidad. Ahora hay nuevas cosas para ofrecerle a la gente”.

Lo que inició siendo una escala antes de llegar a Lima, Perú, se convirtió en su casa. Su llegada a la capital del Atlántico se dio en medio del calor propio de Barranquilla y la alegría del Carnaval. 

“Yo he viajado mucho por el mundo, pero Barranquilla tiene una capacidad de acogida única. No importa de qué cultura, país o religión seas, el barranquillero siempre tiene las puertas y los brazos abiertos. A pesar de la pobreza y de los problemas, esta ciudad tiene algo especial que no tiene ninguna otra”, comentó.

El padre Cirilo, como todos le dicen, fue el líder de la parroquia San Pablo durante 26 años y ahora es el representante legal de la Comunidad Ministros de los Enfermos, más conocida como Religiosos Camilo.

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