La increíble historia de la perra Lola
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La veterinaria junto Laura Ricaurte, dueña de la Fundación Fondos Silvestres. Jesús Rico
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Redacción ALDIA

La increíble historia de la perra Lola

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Tres años después y gracias a Wasapea, Lola fue encontrada en el barrio Cevillar el pasado 9 de octubre por su dueña, Gina Otero.

Hace tres años José Otero vio correr por última vez a Lola, la mascota consentida de la casa. Ella, una weimaraner color chocolate de seductores ojos verdes, se perdió la mañana del 6 de noviembre de 2016, cuando por su naturaleza de cazadora se escapó de las manos de su dueña, Gina Otero, la hija de José.

Tristes y desolados, creyeron que nunca la iban a encontrar, pero un video les dio luz en su búsqueda canina. El pasado miércoles 9 de octubre, 1.066 días después de su desaparición en la carrera 50 con 84, en el norte de Barranquilla, Lola fue encontrada desnutrida, con su pelo reseco y sus bellos ojos verdes a punto de cerrarse y no enamorar más.  Gracias al reporte enviado por Lorena Segrera a la línea  Wasapea a EL HERALDO, Lola se reunió con su familia en la carrera 14 con calle 47 en la vía La Cordialidad, donde había llegado hacía 15 días.

Lorena, quien salía de la casa de sus suegros en el barrio San José y se disponía a irse de viaje junto a su familia, realizó un video como pudo, pues tenía a su bebe en brazos cuando tuvo su breve encuentro con Lola, quien esa mañana transitaba sola, cabizbaja, desnutrida y con un gran tumor en su costado izquierdo.

Totalmente cautivada y extrañada de que la canina estuviera en esas condiciones por su tipo de raza, Segrera hizo mover las redes sociales con su publicación hasta llegar a Laura Ricaurte, dueña de la Fundación Fondos Silvestres y,  coincidencialmente, prima de Gina Otero, ‘mamá’ de la extraviada Lola.

Asustadas y a la vez emocionadas por recuperar a la mascota, Gina, su madre y su prima se pusieron manos a la obra en reanudar la búsqueda. El primer paso fue contactar por llamada a Lorena, quien nuevamente preocupada y llena de culpa por no haber podido recoger a la perra, contó y describió al animalito. Gina y su familia no lo podían creer, pues las características mencionadas por Segrera aumentaban la esperanza de que esta vez sí fuera su Lola, pues en ocasiones anteriores la familia Otero Grisales fue víctima de engaños, burlas y robo por parte de personas insensibles que jugaban con su desesperación de que la perra apareciera. 

“Un día nos llamaron diciendo que la habían encontrado en un parque, fuimos hasta el barrio San Salvador, Laura y yo, y nos atracaron. Un señor nos dijo aquí está la perra, fuimos detrás de él junto al guardabosques y de repente nos dijo: denme su celular. Me empujó al piso y salió corriendo”, narró Gina Otero.

Luego de terminar la llamada, Gina se puso en contacto con una amiga que vive por el sector donde habían visto por última vez  a la canina y, sorpresivamente, su amiga también la vio. Al día siguiente, sin ninguna duda, Gina y su madre tomaron la camioneta y se dirigieron al barrio Cevillar para reencontrarse con su ‘negra’, como amorosamente le dicen.

Transcurrieron cuatro horas y Lola no aparecía. “Ya nos íbamos, pero el señor Germán nos dijo: no se vayan que ahí viene la Comadre y Lola, que siempre viene con ella”, contó Gina, quien además logró conocer durante esas cuatro horas a Germán Ortiz, Dubis Berdugo y Victor Villanueva, vecinos de la cuadra y quienes durante 15 días ayudaron a Lola a tener comida, agua y atención en una de sus patas que tenía infectada. Cada uno de ellos, como todo un grupo de trabajo, se encargan de que a Lola, la Comadre, el Negro, Trapito y todos aquellos perritos que lleguen a ese sector no se mueran de hambre, no los maltraten y puedan estar en mejores condiciones de como llegaron.

Germán, quien es domiciliario en un negocio de pollos asados, era el encargado desde el primer día en que llegó la perra al sector de darle su comida. “Ella llegó sedienta y yo primero le pasé la mano a ver si me tiraba a morder, no me hizo nada, así que yo comencé a sobarla y le eché agua y tenía bastante sed, metió la boca en el balde y estaba tomando bastante agua y después le eché concentrado, pasó toda la noche aquí y así se quedó aquí”.

Ortiz reunía los huesos de pollo que dejaban como desperdicio y los revolvía con concentrado, pues  también entendía que Lola es una perra de raza, así que sacaba de su propio dinero para poder tenerle a las 3 de la tarde su comida a Lola y a la Comadre, quienes llegaban juntas siempre. 

 Por otro lado está Dubis, una mujer comprometida con los animales, que a primera vista demuestra su carácter, aquel que no la desampara cuando se trata de algún animal, pues sin pena alguna dice que le toca pelear con los vecinos y la gente que pasa por la calle y sin motivo alguno les pegan o les tiran cosas.

Le enfurece y lo demuestra con sus manos que revolotean por el aire cuando de este tema se refiere. Caso contrario cuando describe cómo llegan los perros o gatos a su terraza, su dolor se vislumbra cuando sin poder parar de hablar narra cómo le toca curarlos, bañarlos y alimentarlos.

Mientras que Dubis y Germán se encargan de lo básico, Victor Villanueva  no espera la oportunidad de poder darles una atención más estética, ya que le encanta curar y luego transformar a sus hijos caninos con cambios de look y otorgarles nombres según el estilo del perro.

Lola por fin llegó a su cita diaria y esta vez al reencuentro con sus dueños, quienes de inmediato se aseguraron de que era ella, pues la ‘negra’ tiene su cola cortada, cicatrices en su cuerpo que la caracterizan,  nunca ha tenido hijos,  años atrás fue operada de un tumor, y para Gina Otero lo que más la deja segura es que cuando le pide la pata se la da, cuando le dice que se acueste ella se acuesta.

La perra fue trasladada  enseguida a la veterinaria Maskot, ubicada en el norte de la ciudad, donde fue recibida por la doctora Karina Pinto, y quien reportó que llegó con deshidratación, desorientada y con una miasis (enfermedad parasitaria) en la pata izquierda trasera, además mencionó que fue revisada, bañada y sedada para poder ser curada en la pata y tomar muestras de sangre para evaluar cómo están sus riñones e hígado. Lola fue dada de alta, con tratamiento y una operación que será programada para extraerle el tumor.

Por: Karen Niebles

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