Los tesoros que esconden cinco iglesias de Barranquilla
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Los ángeles de la cúpula de San Nicolás de Tolentino, la primera iglesia de Barranquilla, construida en el siglo XVII. | César Bolívar
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Redacción ALDIA

Los tesoros que esconden cinco iglesias de Barranquilla

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San Nicolás, San Roque, San José, Chiquinquirá y la iglesia del Carmen son los cinco templos más tradicionales de la ciudad.

La historia de Barranquilla se escribe desde los altares de sus iglesias, monumentos no solo al catolicismo y a la religión, sino también al arte y al crecimiento de una urbe portuaria como la capital del Atlántico. 

Joyas arquitectónicas, diseñadas por españoles y extranjeros, fueron dedicadas a los santos más emblemáticos de la ciudad.

Desde sus primeros días, como un pequeño caserío contiguo a Galapa, hasta su actualidad de urbe industrial y centro cultural del Caribe, Barranquilla ha tenido en iglesias como San Nicolás, San Roque y Chiquinquirá un bastión histórico y arquitectónico, capaz de deleitar a turistas y locales que las recorren durante esta Semana Santa. 

Las postales de arte románico, neogótico y clásico impactan a simple vista, pero también enamoran a profundidad. En sus adentros, las iglesias icónicas de Barranquilla esconden tesoros artísticos, más allá del abandono de algunas y del desgaste.

Para religiosos, ateos y amantes del arte, en la ciudad hay a dónde ir en esta Semana Santa. Visitar estos templos, pilares del desarrollo cultural de Barranquilla, es no solo rendirle homenaje al crecimiento pujante y a la memoria de sus habitantes, sino también perderse en un viaje en el tiempo, hacia la época de las barrancas de San Nicolás o de la construcción de las torres de San Roque.

Otras iglesias como la del Carmen, con sus coloridos vitrales, o San José, una de las más imponentes, conforman, junto a las antes mencionadas, un quinteto de estructuras sobrias, monumentos a la influencia cultural de la ciudad. Arquitectos españoles, en su mayoría, le dedicaron a Barranquilla el diseño de estas catedrales, edificios históricos y clave para adentrarse en la tradición de ‘La Arenosa’.

Los ángeles de San Nicolás de Tolentino

La iglesia de San Nicolás de Tolentino, la primera de la ciudad, fue construida en el siglo XVII, cuando Barranquilla todavía era una aldea de chozas. 

Hoy, patrono de la capital del Atlántico, este santo es quizás el más importante en el auge religioso de los barranquilleros. 

El templo tiene un estilo clásico, tradicional, enmarcado dentro del periodo republicano de Colombia. Está levantada en ladrillo y cuenta con altos ventanales.  

Como las grandes catedrales, tiene capillas laterales y su acceso principal mira hacia el río Magdalena. 

Las reliquias auténticas que tiene la iglesia de San Nicolás son un paño impregnado con la Sangre Prodigiosa, proveniente del cuerpo incorrupto del santo, usada para venerarlo en un relicario manual y un hueso que está incrustado en el interior del altar mayor de San Nicolás.

Durante los eventos del 9 de abril de 1949, cuando falleció Jorge Eliécer Gaitán, la iglesia fue quemada y tuvo que ser reconstruida. Ignacio Consuegra, arquitecto, manifestó que esta estructura es una “unión de retazos” ya que “no tiene un estilo definido”.

Incluso, indicó, sus dos cúpulas no son iguales, aun después de que fueron restauradas por el Distrito de Barranquilla.

La belleza perdida de la iglesia de San José

Para Pedro Pinto e Ignacio Consuegra, arquitectos barranquilleros, la iglesia de San José, construida en 1912, es “la más hermosa de Barranquilla”. 

Su estilo románico, muy clásico, coronado por los dos torreones con campanario que destacan de la estructura principal, un deleite para todos los transeúntes del sector. 

“Un templo como este no lo hay ni en Cartagena. Lo más impresionante son sus cúpulas, que son maravillosas”, indicó Consuegra.

El punto más destacado de esta iglesia, aparte de su arquitectura, es el viacrucis que está detrás de sus portones de madera. Además, el perfil que está sobre su cúpula es muy “hermoso”, indicaron los expertos.

Aunque, según manifiestan los vecinos y quienes transitan por la plaza de San José, está abandonada y hace “varios años que no abre sus puertas”. 

“No entendemos cómo una iglesia de esta importancia puede estar en el estado en el que está, tan abandonada”, dijo Pedro Pinto, arquitecto. 

Como él, Ignacio Consuegra también manifestó que “el abandono es notorio” y que “el barranquillero debe preocuparse más por apropiarse y de valorar lo suyo”.

Justo en frente, años atrás quedaba el Colegio San José, en donde se formaron grandes personajes de la historia colombiana como Gabriel García Márquez, bajo el tutelaje de los padres jesuitas.

Los torreones bajo el sol de San Roque, uno de los patronos de Barranquilla

Entre el comercio y los negocios del centro de Barranquilla se levanta un monumento cuya estructura parece de otra época, de una más brillante. 

El templo cuenta con tres estatuas en honor a San Roque, San José y la Santísima Concepción, ubicados justo detrás del altar. 

Inaugurada en 1857, luego de que una epidemia de cólera atacara a la población barranquillera, esta iglesia de estilo neogótico es una de las más tradicionales de Barranquilla. 

Durante la epidemia, la gente, angustiada, acudió a San Roque, el santo conocido por donar toda su fortuna a los más necesitados, implorando su protección con la promesa de erguir un templo en su nombre.

San Roque, de acuerdo con la Arquidiócesis de Barranquilla, una obra del arquitecto holandés Antonio Stoute, con estudios tan precisos que “incluían hasta la dirección en la que viajaba el viento y la resistencia del suelo”.

Sus torres, visibles desde varios puntos de la ciudad, apuntan al cielo de Barranquilla, desde donde lucen imponentes.

El padre Stanley María Matutis es un ícono de este templo. Él, que estuvo a cargo de la iglesia entre 1948 y 1996, buscó recuperar la dignidad humana de esta comunidad y mejorar su calidad de vida.

Dentro de la iglesia hay varias estatuas de ángeles y santos, que luego de la restauración durante la administración de Elsa Noguera lucen coloridos y brillantes. 

Sus cúpulas, altas e imponentes, adornan el techo de una estructura amplia y fresca. 

Aunque, a pesar de la belleza exterior de la estructura, algunos de los vitrales están rotos, la pintura de las paredes está desgastada; hay grietas en las paredes y la madera de varios asientos está agrietada. 

Además, sobre las paredillas del exterior hay vidrios para evitar que entren los ladrones, el suelo está manchado y los acabados con fisuras.

“San Roque es fuerte, resiliente. Lo más lindo de esta comunidad es su fortaleza, las ganas de siempre ser mejores”, dijo el hoy párroco de San Roque, Álex Rodríguez.

La imponente iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá

La iglesia de Chiquinquirá, ubicada en la calle 45 con carrera 30, impacta no solo por la estatua dedicada a esta virgen, sino también por sus dos torreones, con puntas en forma de cono y dos cruces en lo más alto. 

Este templo, construido en 1926, recibió al Papa Juan Pablo II, quien oró por la paz de Colombia a los pies del monumento a la virgen. Además, es una de las advocaciones con que el catolicismo venera a la Virgen María, considerada la santa patrona de Colombia.

Construida en 1925, esta estructura que honra a la Virgen del Rosario de Chiquinquirá es una mezcla de estilo románico y gótico, acompañado de una ornamentación jónica y corintia, junto a las molduras y vitrales coloridos. 

El vitral central, ubicado entre los dos torreones, muestra un rostro colorido de Jesús, quien mira concentrado al altar. 

Chiquinquirá destaca por su altura y por la combinación del dorado y el blanco en sus columnas, la base de las cúpulas que se levantan en lo más alto del templo.

Esta iglesia fue construida en cemento que llegaba en barriles desde Bélgica. Cada uno, según indican los documentos oficiales de esta iglesia, tenía un peso de 180 kilos.

Los colores vivos de los hipnóticos vitrales de Nuestra Señora del Carmen

La Iglesia El Carmen, en el barrio Boston, es otra de las más recordadas por los barranquilleros. De estilo románico, fue diseñada por un arquitecto español traído por los hermanos capuchinos a la capital del Atlántico. 

En sus vitrales coloridos están ilustrados varios santos como Santa Rita o la virgen del Carmen. Aunque, según manifestó el párroco Rubén Darío Cuervo, “no es que relaten una historia en particular como en otras iglesias”.

La particularidad de la iglesia El Carmen es que es un templo en cruz con una visibilidad de 180 grados, lo que permite a sus feligreses tener visión del altar desde cualquier punto de la estructura. 

Esto, sumado a los cuadros que retratan a la Virgen María madre del redentor y coronada, conforman dos de los puntos más destacados de este monumento religioso.

Su párroco invitó a los feligreses a las festividades de Semana Santa, pero también les pidió que “el turismo religioso sea por la fe y no por otras cuestiones”. 

“La Semana Santa no es para hacer turismo, que es lo que se acostumbra. Lo importante es la fe, así se visite un solo monumento durante esta temporada”, dijo el sacerdote.

Con información de: Salomón Asmar.

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