Poner un carro bien bacano, un rebusque del que viven muchas familias
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Saúl Puello Mojica lleva 22 años polarizando y trabajando con carros en esta cuadra. Decorado de un bus intermunicipal realizado por Dionisio García, ‘el propio Boni’.
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Andrés Gaitán García

Poner un carro bien bacano, un rebusque del que viven muchas familias

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Una mirada a la boyante economía informal que se mueve en la carrera 38 con calle 42

En una sola cuadra del Centro de Barranquilla, la carrera 38 con calle 42, más de un centenar de personas trabajan a diario para conseguir el sustento de sus familias. Algunos tienen la bendición de laborar formalmente en un almacén, pero la mayoría se rebusca en la calle con ingenio y ganas de salir adelante.  

En este sector se concentra gran parte de los almacenes que venden lujos para automotores, y es el sitio elegido por muchos para poner la ‘nave’ bien bacana a un precio accesible. 

Uno de los trabajadores más veteranos y conocidos del sector es Saúl Puello Mojica, quien lleva 22 años polarizando y trabajando con carros en esta cuadra. El ‘Pechi’, como le dice todo el mundo, aprendió el oficio de su familia y le ha servido para levantar un hogar y cuatro hijos. “Lo que más viene buscando la gente es el polarizado porque el sol es inclemente, un trabajo bien hecho, bien bacano, con buen papel ronda los $80 mil en un carro, y un poco más en las camionetas”, explica el ‘Pechi’.

Para este hombre la clave de un polarizado duradero es un buen papel y unas manos hábiles para hacer la instalación, y él se jacta de tener ambas. “Un buen trabajo dura unos tres años, garantizado”, afirma.  
Adicionalmente mientras el cliente realiza el polarizado no es raro que termine haciendo otros servicios y arreglos pequeños, por ejemplo cuadrar los botes para evitar el oxido, pulir las farolas y reparaciones eléctricas, como la alarma y reparar ese parlante que no suena. 

Todas estos arreglos pequeños suman plata, muchas veces simples $10 o $ 20 mil que van dinamizan la economía del sector, y lo convierten en un lugar movido, interesante, donde se ejercitan las artes del regateo y la astucia para conseguir un excelente servicio a precio razonable. 

En la cuadra todo el mundo se conoce. La dinámica de trabajo es sencilla e inamovible. La gente que está en la calle trabaja en llave con los empleados y dueños de los almacenes, quienes les surten la materia prima para ‘camellar’. 

“Es una relación benéfica para ambas partes, si el almacén tiene buenos productos se necesita buena gente en la calle instalando y trabajando para que lleguen los clientes”, señala José Jiménez, gerente de Rodamientos Luz B y Cia, uno de los locales más antiguos de la cuadra.  

De hecho la economía informal de la zona es tan rica que ha soportado la llegada de muchos venezolanos, quienes han encontrado en estas labores una fuente de sustento.

“Es una situación muy dura, porque la competencia baja mucho los precios, pero uno tiene que ayudar a los demás y darles la mano a nuestros hermanos venezolanos ahora que están en la mala”, sentencia Dionisio García, “el propio Boni”, quien se especializa en decorar buses. 

 

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