Naiin Santana, de 37 años y reservista del Ejército nacional
Naiin Santana, de 37 años y reservista del Ejército nacionalCortesía
Historias

"Todo el tiempo hay que estar a la expectativa": Barranquillero que combatió en Ucrania

Después de casi nueve meses representando los colores azul y amarillo de la bandera de la nación europea, Naiin Santana Ramírez, de 37 años y reservista del Ejército Nacional, regresó recientemente a su tierra.

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  • Experiencia en la Guerra: Naiin Santana Ramírez, reservista del Ejército Nacional y exguardia del Inpec, relata su experiencia en Ucrania combatiendo contra la invasión rusa por más de nueve meses.

  • Motivación Económica: Santana se enlistó por la buena paga y su interés en el tema de las armas, buscando asegurar un futuro económico para su familia.

  • Pérdidas y Sobrevivencia: Durante su tiempo en Ucrania, lamenta la pérdida de compañeros y amigos, recordando los riesgos diarios y las balas que esquivó.

“Todo el tiempo hay que estar a la expectativa de los sobrevuelos de un dron, de que si viene un misil, de que si no sabes si te van a atacar. Siempre cuidándonos, ante todo…”.

Así recordó el reservista barranquillero del Ejército Nacional, Naiin Santana Ramírez, lo que se vive cada día en territorio ucraniano desde hace algo más de dos años, cuando Rusia decidió invadir esta nación por orden de Vladimir Putin.

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El hombre, de 37 años y quien además trabajó como guardia del Inpec, fue testigo de esas escaladas de guerra en suelo europeo por un lapso de nueve meses, después de enlistarse junto con otros compatriotas, como todos dicen, para asegurar un futuro económico para su entorno familiar.

“Ofrecían buena paga y en la sangre llevo el tema de las armas, que también me gusta mucho. Yo fui reservista. Casi toda mi vida la he pasado en el tema de lo que es la seguridad. Y nos hicieron un entrenamiento de aproximadamente de una o dos semanas en Ucrania. Fueron casi nueve meses en Ucrania combatiendo en la guerra. Bueno, días fuertes, desde que uno se despierta”, aseguró.

Recordó que a diario “Dios lo libró de la muerte”, en sentido de que esquivó algunos ataques por estar de descanso en la base militar o, por el contrario, cuando estaba en misión o en “posición”, hablando militarmente, las balas caían en la zona de descanso.

“De los compañeros que viajaron conmigo, que trabajaron conmigo en el programa, uno falleció, no tuvo la oportunidad de regresar. Y en las posiciones, los amigos de guerra, perdí a cuatro”, lamentó.

Agresión y ocupación

Amnistía Internacional, movimiento global que trabaja por la promoción y defensa de los derechos humanos, señala que las agresiones y la ocupación rusa en Ucrania datan desde 2014, cuando fueron enviadas tropas a ocupar la península de Crimea.

La población ucraniana sufrió los efectos de la guerra y las violaciones de derechos humanos sobre todo en las regiones de Donetsk y Luhansk. Entre 2014 y 2021, más de 10.000 civiles ucranianos murieron o resultaron heridos.

Barranquillero en la guerra

Además, cientos de miles de personas se vieron desplazadas del este de Ucrania después de que grupos armados respaldados por Rusia proclamaran como “Repúblicas Populares” a Donetsk y Luhansk.

Desde la ocupación en 2014 de la península de Crimea, Amnistía Internacional ha documentado numerosas atrocidades, incluidos el ataque deliberado contra población civil e infraestructuras civiles fundamentales, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, tortura, privación ilegítima de la libertad, traslado forzoso de civiles y abusos contra prisioneros de guerra.

Rescate de cuerpos

Sobre los soldados víctimas de la guerra, el barranquillero señaló que algunos cuerpos llegaron a rescatarse para “entregar las cenizas al sitio donde era la persona”.

“Tristemente, de tantos muertos que hay, no los pueden rescatar o quedan muy cerca a las posiciones rusas. Y les es imposible acercarse por el tema de artillería y el tema de drones. Es una guerra tecnológica prácticamente. Total, total. Es pura tecnología, drones tirándote morteros o soltándote morteros desde arriba, o un tanque disparándote misiles de a un kilómetro, dos kilómetros. Es mucha tecnología”, repitió.

Frente a la oportunidad de retornar, Naiin se niega. “Ya Dios me dio la oportunidad de regresar y regresé sin secuelas de nada. Y la verdad, yo personalmente no volvería”.

En lo personal, indicó que tocaría nuevamente las puertas en el programa de la UNP, en el que ya estuvo.

Hoy el reservista se encuentra en el seno de su hogar, fuera de esa lejana pesadilla, recibiendo el amor de su familia y, como él lo dice, pensando a ver cómo se ganará ahora el sustento.

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